¿Y si te digo que puedes tirar hachas en Madrid?

Una visita a cualquiera de los tres locales de la sucursal El Hachazo suponen un viaje a la época de los vikingos y, por qué no, cierta sensación de aventura en el centro de una ciudad

A los sacerdotes del viajar, véase el piadoso individuo que escribe estas líneas, nos ocurre que al regresar a nuestra ciudad natal, algo no logra encajar del todo. Sí, disfrutamos de frescas y agradables cervezas en compañía de viejos amigos, casi hermanos; aprovechamos unos días de pausa para exprimir el placer que supone pasar tiempo de calidad con la familia. Pero cada viaje que cargamos en la mochila nos supone algo así como un nuevo chute para el yonqui de las aventuras, una nueva dosis de placer hilarante que nos empuja a continuar consumiendo esta adicción maravillosa que son los viajes a países que aquí consideran “complicados”. Recordamos con cierta nostalgia aquella vez que nos apuntaron con una ametralladora en Haití o cuando tuvimos que abrirnos paso a bofetones en un tren de Venarés. Cosas así, locuras, quizá, que terminan por convertirnos en adictos de las sensaciones nuevas.

A lo largo de los últimos años he buscado ese saborcillo de innovación en Madrid, mi ciudad natal. No hablo de los excelentes planes que se organizan casi a diario en la capital, muy divertidos sin lugar a dudas, ya sean eventos o interesantes exposiciones. Me refiero a una situación que cause sorpresa. Sí. Algo así. Despertarnos una mañana pensando que será un día más y acostarnos habiendo probado algo que ni sabíamos que existía.

Vamos a lanzar hachas

Por esta razón me desperté ayer y, al mirar el móvil, cuando vi que me proponían ir a tomar una cerveza por la tarde, dejé escapar un suspiro insoportable. Bajé con desidia entre los mensajes no leídos hasta llegar a uno que había escrito Chema por el grupo de antiguos compañeros del colegio: “A ver, chavales, ya sé que suena raro pero... quién se viene hoy A LANZAR HACHAS”. Así, literal con las mayúsculas, tan entusiasta. No pude negarme y a las ocho de la tarde estábamos cuatro amigos en El Hachazo de Cuatro Caminos, con una cerveza en una mano y el tomahawk en la otra. Lanzando a la diana.

Antes de nada será necesario hablar de la seguridad del plan, no queremos que nadie se preocupe. Los primeros quince minutos de la hora que se puede reservar a través de su página web (por un precio que ronda entre los 12 y 14 euros), tratan en exclusiva sobre una charla muy útil de seguridad. La distancia de lanzamiento frente a la diana, distancia con respecto al lanzador, cómo lanzar cada tipo de hacha, cómo retirarla de la diana sin dañarse con las astillas... Cada detalle que pueda poner en peligro la yema del dedo del jugador, está considerado por los organizadores antes de dejarte siquiera probar el primer lanzamiento. Esto es bueno, necesario. Y si ven que estás de cachondeo y puedes resultar un peligro para terceros, te largan a la calle sin remordimientos. Como debe ser.

Es evidente que no estamos hablando de jugar al croquet ni a los dardos, hablamos de lanzar hachas tan afiladas como el cuchillo de Cocodrilo Dundee a una diana de madera, por poder siempre puede ocurrir un accidente. Igual que si te tiraras en paracaídas, el paracaídas podría fallar. Pero aquí entra la decisión del jugador a la hora de probar suerte con las dianas, en lo que respecta al local se cumplen todas las medidas de seguridad posibles y nunca han tenido un problema con los jugadores. Así que no vayas a ser tú quien rompa la racha...

El lanzamiento

Para gustos los colores y aunque la medicina haya avanzado, todavía existen los daltónicos, así que puedo comprender que el tema de tirar hachas no sea una actividad para todos los gustos. Aun así lo recomiendo, aunque solo sea para probarlo una vez. Una amiga mía que todavía no parece haberse enterado de que vivimos en el siglo XXI, comentó al decirle yo el plan: “Bah. Eso son cosas de hombres”. Pero no. Para nada. Cuando tienes entre tus manos un hacha de leñador que ronda los sesenta centímetros y cuyo lanzamiento implica las dos manos, posas tu ojo en el centro de la diana y, ¡zasca!, aciertas de lleno junto al sonido embriagador de madera profanada, las cuestiones de género y las pamplinas del estilo no tienen cabida.

Esta es una actividad segura para toda persona mayor de edad y con ganas de probar algo nuevo. Y (que no me tachen los lectores de violento porque soy un tipo bastante relajado) es innegable que el lanzamiento de hacha aporta cierta ración de desahogo cuando uno acierta. Además de una excusa perfecta para que todo fanático de Vikings, El Señor de los Anillos o El último mohicano sienta en sus manos las sensaciones de uno de sus personajes.

Es posible practicar tu puntería con diferentes tipos de hachas. Hachas a dos manos y a una mano, gringa, bombera, minigringa y tomahawk. También cabe la posibilidad de probar suerte con una especie de batarang, parecido a los discos que lanza Batman en sus aventuras. Cualquiera es útil a la hora de castigar a la diana.

Dónde ir

El Hachazo es una franquicia, la primera de España en organizar el lanzamiento de hachas, que ya cuenta con tres sucursales en el país. La primera se abrió en la Calle Narciso Serra hace dos años y medio, siendo este el mejor local para los que ya conocen cómo funciona el juego. Cuenta con siete dianas y entre sus actividades cabe la de aprender a lanzar hachas freestyle. Enseñan hasta 40 estilos diferentes, ya sea de espaldas, de dos en dos, sentado en el suelo o haciendo casi cualquier virguería posible (siempre de forma segura).

En los últimos meses han abierto dos sucursales nuevas, una en la Carrer del Dr. Sumsi de Valencia y la segunda en la Calle de Hernani, también en Madrid. Si va a tratarse de la primera vez que pruebas este divertido juego, lo mejor será que acudas a una de estas dos para aprender el manejo del hacha poco a poco, sin prisas.

Mi estilo a la hora de escribir sobre viajes pasa por limitarme a explicar mi experiencia y dejar que el lector tome sus propias decisiones pero, en este caso, quiero tomarme la confianza de recomendar el tiro con hacha con todo el fervor posible (y eso que este artículo no está pagado). Estos últimos meses están siendo duros para todos, para todos nosotros por primera vez en mucho tiempo, tenemos miedo, estamos preocupados por un cúmulo de problemas que parecen no acabar. En El Hachazo recuperamos, de una forma u otra, la valentía, la seguridad en uno mismo y en el futuro, al apuntar a la diana y saber antes de que impacte que acertaremos en el centro. Sin dudarlo. Salimos del local con una sonrisa ancha y una mayor esperanza en nuestra capacidad a la hora de afrontar el mañana. Aunque solo sea porque nos sentimos un poco más vikingos, fieros, nacidos para ser temerarios. De los que no se acoquinan siquiera con la propia muerte.