Antequera, encrucijada de caminos

La ciudad malagueña toma relevancia cultural al acoger el Sitio de los Dólmenes, reconocido recientemente por la Unesco como Patrimonio Mundial de la Humanidad

Vista de el Torcal de Antequera. El paisaje kárstico más importante de Europa que también ya es Patrimonio Mundial de la Unesco
Vista de el Torcal de Antequera. El paisaje kárstico más importante de Europa que también ya es Patrimonio Mundial de la Unesco

La ciudad malagueña toma relevancia cultural al acoger el Sitio de los Dólmenes, reconocido recientemente por la Unesco como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

A la sombra de la Peña de los Enamorados encontramos un patrimonio irrepetible conformado por una leyenda herederada de Roma y al-Andalus y una monumentalidad propia del Renacimiento y el Barroco. Ubicada en el principal cruce de caminos de Andalucía y conocida por ello como «el corazón» de esta comunidad autónoma, la ciudad malagueña de Antequera ha sido y es paso obligado para los viajeros de todos los tiempos. Se aprecia en su magnífico conjunto monumental, fruto de su pasado histórico, que se plasma en más de medio centenar de edificios de la arquitectura religiosa y civil, fechados entre la Edad del Bronce y el siglo XVIII.

Frente a Antequera, hacia el norte, se extiende una llanura convertida en paso natural hacia las provincias de Sevilla, Córdoba y Granada. A sus espaldas, mirando al sur, se alzan las excentricidades geológicas de El Torcal, y a un lado, como una roca desprendida de la Cordillera Penibética, se levanta la Peña de los Enamorados, síntesis del más puro romanticismo andaluz. Hay ciudades que parecen tenerlo todo. Antequera es una de ellas.

De Roma y al-Andalus heredó su mito, y de los siglos en que florecieron el renacimiento y el barroco, la ciudad malagueña adquirió su semblante patrimonial. De la época romana, Antequera heredó la escultura en bronce del Efebo, expuesta en el Museo de la Ciudad de Antequera, dentro del palacio barroco de los Nájera. Tiempo después Antequera se hizo árabe. Aquellos siglos concedieron a la ciudad malagueña una singular importancia fronteriza. Situada en mitad de todo, Antequera fue principio y fin de reinos y campo de batalla y permanente disputa. La Alcazaba que preside la ciudad en lo alto de un dominador cerro fue erigida en el siglo XIII con el propósito de frenar las amenazadoras incursiones cristianas lideradas desde Castilla.

Conquistada finalmente a mediados del siglo XV, la ciudad se convirtió en avanzadilla para la definitiva conquista del reino de Granada. Sus habitantes supieron aprovechar la estratégica ubicación de la ciudad potenciando la agricultura y la ganadería y ubicando en ella un mercado que comerciaba con las capitales más importantes del sur. Décadas después de que los Reyes Católicos fundaran la Real Colegiata de Santa María la Mayor, Antequera comienza a vivir su tiempo dorado con la llegada de numerosas órdenes religiosas que toman asiento en las nuevas iglesias y conventos barrocos de la ciudad como los de San Zoilo, San Agustín, el Carmen, la Encarnación. Junto a estas construcciones religiosas también van apareciendo edificios civiles de importancia, tales como el Arco de los Gigantes, el Templete del Castillo del Papabellotas o la Casa del Cabildo de la Plaza Alta.

El siglo XVIII ve florecer palacios de extraordinaria factura, un urbanismo nuevo, escuelas artísticas, templos, monasterios y ermitas cuya arquitectura inspirará a las fundaciones americanas. En ese momento se levanta uno de los monumentos más emblemáticos del barroco antequerano: la Torre de la Colegiata de San Sebastián, donde destacan sus yeserías y retablos.

w arquitectura civil

Es cierto que la ciudad malagueña posee un mayor número de edificios religiosos que cualquier otra ciudad andaluza, pero no es menos verdad que su número se ve equilibrado con un gran catálogo de edificios civiles, palacios sobre todo, levantados durante el Barroco. El monumento religioso más importante de la ciudad es la Real Colegiata de Santa María la Mayor, el primer templo andaluz que se construyó bajo los influjos del Renacimiento. Se alza en la zona alta de la ciudad, al lado de la vieja alcazaba árabe, y se llega hasta ella por la llamada Puerta de los Gigantes. Entre el caserío blanco además destacan las iglesias del Carmen, de San Juan y San Pedro, de San Miguel y Santiago; y los conventos de Santa Clara y la Trinidad. Con tanto edificio religioso, cita importante es su Semana Santa y su «Correr la Vega», cuando las cofradías llevan los tronos con paso ligero hasta el inicio de una pendiente y, con el aviso de campana, inician una carrera muy emotiva portando a los tronos hasta donde se atisban los campos de la vega para bendecirlos.

Antequera posee además una de las arquitecturas civiles más valiosas de la Andalucía Media. Palacios en su mayor parte edificados entre los siglos XVII y XVIII por una rica oligarquía que hizo su fortuna del comercio interior y por la «carrera de Indias». El Palacio de los Nájera, ocupado en la actualidad por el Museo Municipal, es el prototipo de la casa señorial barroca en el que alardea su torre mirador con el arrogante vuelo de sus cornisas. La parte más antigua, fechada a principios del XVIII, corresponde a la planta baja.

Resulta muy difícil describir los muchos siglos de historia que contemplan dólmenes, colegiatas, iglesias, conventos, palacios, arcos, puertas, alcazaba, capillas, ermitas, casas señoriales, palacetes y hasta la propia trama urbana. Pero Antequera no es sólo sus atractivos monumentales, sino también los naturales, como el Sitio de los Dólmenes, reconocido recientemente por la Unesco como patrimonio mundial de la humanidad.

El AVE (que contará con una segunda estación en el casco urbano a final de año) ha situado Antequera entre los preferentes destinos turísticos del sur. Pocas ciudades de Andalucía están mejor comunicadas. De un lado, el tren de alta velocidad, y de otro una cruz de autovías que la unen en pocos minutos a las grandes capitales –la A-45 hace de nexo de unión de Córdoba con Málaga y la A-92 une Sevilla y Granada–. Por si fuera poco,se halla a escasa media hora del aeropuerto Málaga-Costa del Sol, uno de los principales aeropuertos europeos.

El auténtico mollete

Este tipo de pan árabe, de miga blanca y poco cocido, que se elabora de forma artesanal, se presta a múltiples acompañamientos como la mantequilla, el aceite, los chicharrones, las zurrapas de lomo, el paté, el embutido, etc., y sienta bien consumirlo a cualquier hora del día. Otro producto típico es la porra, que se elabora fundamentalmente con pan, aceite, ajos, tomates y pimientos, y otros primeros platos típicos como el ajoblanco, el pimentón, el gazpachuelo, las migas y algunas ensaladas, como la de cardos. Los mantecados, el angelorum y el bienmesabe forman un conjunto de inigualables dulces salidos de los tornos de los conventos.