Lanzarote y sus montañas de fuego

No es una isla cualquiera, prácticamente todas las montañas de su interior son volcanes. Volcanes dormidos que a principios del siglo XVIII recobraron vida, escupiendo toneladas de lava a través de toda la isla creando un paisaje similar al lunar

No es una isla cualquiera, prácticamente todas las montañas de su interior son volcanes. Volcanes dormidos que a principios del siglo XVIII recobraron vida, escupiendo toneladas de lava a través de toda la isla creando un paisaje similar al lunar

Lanzarote es conocida como La isla del Fuego, por el Parque Nacional de Timanfaya, situado al suroeste de la isla. Este Parque está bajo la protección de Reserva de la Biosfera de la Unesco y no es para menos, ya que el paisaje que ofrece más parece lunar que de la Tierra. Todo el terreno está formado por diferentes y abruptas texturas, que forman las extraordinarias rocas quebradizas y jameos (tubos de lava enfriados) que provocaron los volcanes con su erupción.

Antes del recorrido en autobús por el interior del parque, al que sólo se puede acceder de esta manera, para preservarlo del paso de tantos visitantes, recorremos diferentes zonas donde nos explican como a pocos centímetros de nuestros pies, el picón, que es una gravilla volcánica de colores rojizos y oscuros, sigue estando a unas temperaturas tan altas que basta con enterrar unas ramas secas para que salgan ardiendo en pocos segundos.

Otro espectáculo que gusta mucho a los visitantes son los «géiser», pequeños agujeros formados en el suelo, por donde se echa un vaso de agua y en pocos segundos sale un altísimo chorro de vapor. Esto se debe al magma residual que se encuentra a poca profundidad y a una temperatura de más de 200 grados.

Las llanuras desérticas salpicadas por esculturas de roca y tierra de distintos colores oscuros, algunas teñidas de verde por el liquen que las cubre, junto a alguna que otra planta que resiste a la dureza del terreno, crean junto a los más de veinte volcanes, un paisaje sobrecogedor que se grabará en nuestra memoria para siempre.

No es de extrañar que el clima seco de la isla, con muy pocas lluvias anuales, provocara una difícil adaptación para los isleños. Pero como siempre, el ingenio y la experiencia, hicieron que se crearan métodos de supervivencia para superar las inclemencias del tiempo.

Los aljibes fueron y siguen siendo el método más utilizado para captar la mayor cantidad de agua posible cuando llueve. También, los tejados de las casas, los patios, incluso las colinas de las montañas, se encuentran modificados para poder almacenar todo el agua posible. Aún así, con esas limitaciones de agua, Lanzarote ha sabido cultivar sus productos, y la viña ha llegado a ser uno de los cultivos más importantes, aunque no resulta sencillo su producción, pues aproximadamente un tercio de la superficie de la isla quedó sepultada por la lava y ceniza volcánica, quedando tapada la tierra fértil, a varios metros de profundidad, obligando a los agricultores a desarrollar una técnica muy interesante para poder cultivar las vides.

Salimos del Parque Nacional y hacemos una parada en «Los Hervideros». Son formaciones rocosas a la orilla del mar, creados a partir de la lucha del agua con la lava, diseñando galerías por donde se cuela el agua cuando el mar está bravo, saliendo en forma de géiser por los agujeros rocosos. Con el Parque Nacional de Timanfaya de fondo, es un lugar digno de visitarlo y disfrutarlo.

Muy cerca se encuentra El Golfo, antiguo pueblo de pescadores con un ambiente muy tranquilo, en el que se puede degustar un excelente marisco. Damos un paseo por la playa de arena negra y nos acercamos a observar una curiosa laguna de aguas verdes, llamada el Charco de los Clicos, donde la marea ha separado una parte del agua de la playa, formando una laguna que, gracias a las algas, mantiene un color verde muy llamativo, que resalta con los tonos oscuros del terreno volcánico.

La mañana ha sido muy intensa y necesitamos coger fuerzas y qué mejor visitar la casa museo Monumento al Campesino, donde nos explican un poco las técnicas de la fabricación con arcilla, los utensilios de la agricultura utilizados desde hace años y es además el lugar donde nos hablan del hombre que hizo que Lanzarote sea lo que hoy es, una isla cuidada, donde la naturaleza y la arquitectura conviven creando una estampa perfecta. Ese hombre es César Manrique.

Después nos dirigimos a una de sus primeras construcciones, los Jameos del Agua. Están situados al norte de la isla, y son un tubo volcánico por donde la lava del Volcán de la Corona, avanzó por debajo de la tierra fundiendo la roca, creando uno de los jameos más largos del mundo, con más de seis kilómetros de longitud. Los Jameos del Agua es el primer Centro de Arte, Cultura y Turismo creado por César Manrique, y refleja uno de sus principios creativos: la armonía entre la naturaleza y la creación artística.

Como podemos, ver Lanzarote cuenta con numerosas actividades culturales y naturales que nos dejan un muy buen sabor de boca, pero esto no es todo, como la isla cuenta con una temperatura media de 21 grados todo el año, invita a sus visitantes a pasar una estancia perfecta, con paseos por playas maravillosas y paisajes de enseño que parecen de otro mundo.

La Graciosa

Esta pequeña y tranquila isla presume de ser uno de los pocos lugares que no tiene asfalto en sus carreteras. Cuenta con paradisíacas playas a las que se llega en barco desde el norte de Lanzarote en unos 20 minutos y en ella viven aproximadamente seiscientos habitantes.