Vinos que hablan por sí solos

La bodega Barcolobo se encuentra en Finca La Rinconada, un rincón del Duero situado en el corazón de la Reserva Natural «Riberas de Castronuño-Vega del Duero»

Barcolobo es un oasis en la meseta castellana, rodeado por el Duero por un lado y por el monte de encinas por el otro. Abajo, Amelia Rincón y Fernando Isidro Rincón
Barcolobo es un oasis en la meseta castellana, rodeado por el Duero por un lado y por el monte de encinas por el otro. Abajo, Amelia Rincón y Fernando Isidro Rincón

La bodega Barcolobo se encuentra en Finca La Rinconada, un rincón del Duero situado en el corazón de la Reserva Natural «Riberas de Castronuño-Vega del Duero».

Los viñedos y la bodega de Barcolobo se encuentran en Finca La Rinconada, un rincón del Duero en forma de hoz, al que debe su nombre. Un pintoresco paraje natural enclavado en el corazón de la Reserva Natural «Riberas de Castronuño – Vega del Duero», único espacio natural protegido de la provincia de Valladolid, hábitat excepcional para especies como la garza imperial, ciervos, jabalíes, aguiluchos y un sinfín de animales. Este entorno privilegiado, con una fauna y flora de extraordinaria singularidad, imprimen a sus vinos un carácter diferencial.

La familia Isidro Rincón compró la finca en el año 1971 y, aunque desde un primer momento la pretensión fue recuperar la tradición vitícola de este lugar (donde hubo viñas de Malvasía en origen), no fue hasta los inicios de este siglo cuando plantaron los viñedos tras escoger las parcelas más idóneas, optando por variedades tintas que se adaptaran de manera óptima a los suelos de las parcelas seleccionadas, la mitad las plantaron de Tempranillo y el resto de Syrah y Cabernet Sauvignon. Para albergar las instalaciones de la bodega procedieron a rehabilitar un antiguo almacén de grano que había en la finca.

Podemos decir que Barcolobo es un oasis en la meseta castellana, rodeados por el Duero por un lado y por el monte de encinas por el otro, con vinos diferentes, que pretenden transmitir el extraordinario paraje que les rodea.

Espacio natural protegido

Los viñedos están caracterizados por suelos arenosos y pedregosos y ocupan una extensión de tan solo 20 hectáreas, una cifra que les permite tener una producción muy controlada de cara a conseguir la mejor calidad de las uvas. El trabajo en la viña es respetuoso con la planta y el medio ambiente, practicando una viticultura sostenible, como no podía ser de otro modo al encontrarse el viñedo en un espacio natural protegido.

Entre otras cuestiones, en la bodega usan cubierta vegetal para favorecer la biodiversidad de los suelos, llevan a cabo prácticas basadas en la agricultura biodinámica, especialmente en vendimia y en los procesos de vinificación, y reducen al máximo la utilización de productos fitosanitarios. Las producciones de uva son muy bajas, no llegan a los 3.000 kilos por hectárea de media, primando siempre calidad sobre cantidad.

Todos los procesos de elaboración los realizan con el máximo mimo y cuidado, ya que la recolección la realizan manualmente en cajas de 15 kg, la maceración y la fermentación se realiza en pequeños depósitos de 5.000 y 10.000 litros, mientras que la crianza de los vinos se hace en barricas seleccionadas de roble francés que se catan periódicamente para detectar su evolución.

Las personas

Aunque la familia Isidro Rincón mantiene un discreto segundo plano para que sea el lugar y los vinos los que hablen, encontramos muchos pequeños detalles que nos dan una idea precisa de que se trata de un proyecto familiar muy cuidado. Por ejemplo, en todas las etiquetas y en su logo aparecen las letras MVR, iniciales del nombre de la matriarca de la familia, María Victoria.

De los hermanos, Fernando es la cabeza más visible del proyecto. Junto al enólogo Ramiro Carbajo es el que ha definido la línea y la filosofía de los vinos. Un enamorado del vino y su cultura que aprovecha sus viajes para catar vinos allá donde vaya. Sabe lo que quiere conseguir con Barcolobo: armonía y equilibrio.

Para conseguirlo cuentan con la gran experiencia y el saber hacer de Ramiro Carbajo, un enólogo curtido que trabajó anteriormente para bodegas de la talla de Pago de Carraovejas, Bodegas Museum y Bodegas Jacques & François Lurton.