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La purga del jefe Trapero

El Mayor de los Mossos ha puesto en marcha una auténtica «caza de brujas» para descubrir a los agentes y funcionarios que colaboran con las Fuerzas de Seguridad del Estado para desmontar la consulta ilegal. «Vivimos en absoluta psicosis», admiten algunos miembros de la Policía catalana.

  • El jefe de los Mossos, Josep Lluis Trapero,llega la semana pasada a la fiscalía del TSJC para declarar
    El jefe de los Mossos, Josep Lluis Trapero,llega la semana pasada a la fiscalía del TSJC para declarar
Pilar Ferrer. 

Tiempo de lectura 5 min.

25 de septiembre de 2017. 16:21h

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El conflicto entre los distintos mandos encargados de controlar la seguridad en las calles de Cataluña está cada vez más encendido y agrieta la unidad en los Mossos de Esquadra. Según fuentes de la Policía Autonómica, un sector se ha enfrentado con su propio jefe, el Mayor José Luis Trapero, a quien acusan de inacción ante los disturbios radicales y denuncian «el lenguaje bélico» de La Generalitat. «Trapero ha caído en una trampa y se está dejando manipular». Así opinan algunos agentes del Cuerpo que colaboran discretamente, a espaldas de sus superiores, con la Policía Nacional y Guardia Civil para desmontar la maquinaria del referéndum ilegal. Las mismas fuentes recuerdan el reciente asedio de manifestantes exaltados a la Benemérita, dónde los Mossos no evitaron destrozos y quema de vehículos, en un actitud claramente tardía, lo que aumenta las dudas sobre la lealtad de Trapero ante lo que el gobierno de la Nación denomina actos «tumultuarios». El malestar en medios de la policía catalana es enorme.

El juez que ordenó la operación tuvo que llamar directamente al Mayor Trapero para exigirle garantizar el orden público durante las detenciones en la Consejería de Economía, algo que no sucedió. «La secretaria judicial tuvo que escapar por la azotea», explica un miembro del operativo jurídico. La conversación entre el magistrado y Trapero fue muy tensa, lo que provocó una reunión en el despacho del Fiscal Superior de Cataluña, José María Romero de Tejada, con todos los mandos de las Fuerzas de Seguridad destinados en tierras catalanas. Según algunos asistentes, el fiscal apeló a una mayor coordinación bajo el número tres de Interior, el teniente coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, a lo que Trapero se negó y exigió instrucciones por escrito. Los acontecimientos se precipitaron y fue entonces cuando el ministro Juan Ignacio Zoido envió la misiva al consejero de La Generalitat, Joaquín Forn, comunicando la llegada de más efectivos policiales para reforzar la labor de los Mossos.

Dentro de la Policía Autonómica subyace gran malestar contra Trapero y ponen bajo lupa su actuación que califican de «pasiva». Aunque el Mayor comunicó a los mandos las órdenes de la Fiscalía General del Estado, muchos agentes dicen que sus instrucciones a los cargos intermedios iban en sentido contrario. «Se nos quiere politizar cuando somos cien por cien solo policías», advierten. Convencidos de que la escalada de tensión subirá conforme se aproxima la fecha del 1-0, son partidarios de aglutinar a todos los cuerpos de seguridad en una dirección. «Nos están poniendo en un brete», opinan los más críticos de los Mossos, muchos de ellos procedentes de la Policía Nacional y Guardia Civil, netamente profesionales, alejados de cualquier ideología soberanista y opuestos a ese lenguaje «belicista» de Puigdemont y altos cargos de La Generalitat.

Las fuentes consultadas reconocen que algunos agentes autonómicos y muchos funcionarios están colaborando «a hurtadillas» con las Fuerzas de Seguridad del Estado para desmontar el clandestino entramado electoral de la consulta. Ello ha provocado que José Luis Trapero ponga en marcha una auténtica «caza de brujas» dentro del Cuerpo, que se inició a raíz de aflorar asuntos de corrupción sobre Convergencia. Añaden que la tensión se elevó al máximo al salir a la luz la implicación de Carles Puigdemont en asuntos turbios de gestión del agua cuando era Alcalde de Gerona, así como en el operativo electoral que tenían los hombres de confianza del vicepresidente del Govern, Oriol Junqueras, en la Consejería de Economía, posteriormente detenidos. «Vivimos en absoluta psicosis», admiten algunos funcionarios y agentes destinados en La Generalitat, que se sienten claramente vigilados.

Así las cosas, el enfrentamiento entre política y seguridad es un hecho flagrante. Aunque desde La Moncloa mantienen una calculada prudencia y matizan cada palabra, en La Generalitat se radicalizan por momentos. La actitud de su presidente, Carles Puigdemont, es cada día más desafiante, el consejero de Interior Joaquín Forn controla directamente al Mayor Trapero, y un cargo institucional como la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, arenga a las masas callejeras como una activista de la CUP antisistema. «Esto no es la independencia de Cataluña, es la revolución», aseguran dirigentes políticos y empresariales. Para ellos, no hay duda de que el escenario soberanista está dando paso a un frente popular: «Ahora marca la agenda quienes no quieren ni orden, ni estado, sólo anarquía».

La desazón es enorme entre veteranos convergentes. «Que un partido burgués como Convergencia haya caído en esto es de juzgado de guardia», lamenta un antiguo dirigente de CiU. «Estamos bajo la causa revolucionaria de unos extremistas», insisten otros. La impresión de que Puigdemont llevará su desafío hasta el final es unánime, rehén de las CUP y del ala dura que le reclama la proclamación de la DUI (Declaración Unilateral de Independencia) trasel 1-0. Las consecuencias de la sedición y el desacato son imprevisibles, por lo que es imprescindible mantener el orden público. Una exigencia democrática, en la que la pasividad o inacción de los Mossos no pueden ser un lastre. En este sentido, la actitud de José Luis Trapero es esencial. «Un policía jamás puede ser desleal al Estado de Derecho», proclaman varios de sus subordinados, conscientes de la posición de sus superiores.

El hombre que dirige los 17.000 policías autonómicos está en difícil situación, entre las órdenes radicales de sus jefes políticos, y las emitidas por los jueces y la fiscalía. Ascendido bajo el mando de quien fuera consejero democristiano de Interior, Ramón Espadaler, quienes ahora le tratan dicen que «se le ha agriado el carácter». Aunque él niega afinidades soberanistas, sus detractores recuerdan la famosa foto veraniega en Cadaqués, en casa de Pilar Rahola, junto a Joan Laporta y Carles Puigdemont, degustando un paella con sombrero de paja, camisa hawaiana y guitarra en mano. Desde entonces, el Mayor de los Mossos tiene aversión a los focos mediáticos, aunque actualmente los acontecimientos le sitúan en el ojo del huracán.

¿Qué pasará si se sacan urnas a la calle el próximo 1-0? José Luis Trapero, que un día se definió como «un pura sangre catalán», tiene el deber y la obligación de acatar la ley frente a quienes se saltan la ley.

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