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El cerco telefónico del «caso Diana» está en 15 números

El informe realizado por la Guardia Civil sobre el recorrido que siguió el móvil de la joven hasta que fue lanzado al mar la madrugada del 22 de agosto desvela un listado de usuarios que pudieron estar con la desaparecida en esos momentos.

  • La joven desapareció hace 97 días en A Pobra do Caramiñal. La única evidencia física hallada hasta ahora es su móvil
    La joven desapareció hace 97 días en A Pobra do Caramiñal. La única evidencia física hallada hasta ahora es su móvil
J. M. Zuloaga. 

Tiempo de lectura 5 min.

27 de noviembre de 2016. 23:41h

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J. M. Zuloaga.  27/11/2016

El cerco telefónico sobre la persona o personas que pueden estar relacionados, desde hace más de tres meses, con la desaparición de Diana Quer, se estrecha cada vez más. Ya son quince teléfonos en total, aunque los realmente «señalados», muchos menos. Lo que ocurre es que, pasados 97 días de la desaparición de la joven, no se quiere dejar ningún «hilo suelto».

Según han revelado a LA RAZÓN fuentes de la investigación, el informe que realizó la Unidad Central Operativa (UCO) sobre el trayecto– el geoposicionamiento, que recorrió el móvil de la joven desaparecida hasta que fue lanzado al mar, a las 4:15 de la madrugada del 22 de agosto pasado–, ha servido de base para ulteriores comprobaciones. Los agentes de la Benemérita van paso a paso estableciendo las coincidencias y ya existen varios números, un total de 15, en los que se centra la investigación. Una de las dificultades con las que se han encontrado los guardias es que no todos pertenecen a la misma compañía y su comportamiento en los postes con los que establecen las conexiones es diferente en cada caso.

Con los que pertenecen a la compañía Movistar, la misma que utilizaba el iPhone de Diana, no ha habido ningún problema, porque el comportamiento de los «teléfonos coincidentes» es idéntico. Esos números ya forman parte de la lista de 15 cuyos movimientos posteriores a las 4:15 de la madrugada se investigan sin complicaciones, al menos mientras los automóviles en los que viajaban los que los llevaban estuvieran sobre la autovía AG-11 en sentido de vuelta hacia A Pobra de Caramiñal o en dirección contraria, hacia Padrón.

No ocurre lo mismo con los de otras compañías, como Vodafone, Orange, etcétera, cuyo sistema de conexión es diferente y ofrece más dificultades de posicionamientos. Sin embargo, se ha avanzado mucho, hasta el punto de que se puede afirmar que el cerco se estrecha cada vez más y, al final, se dará con teléfono clave que conducirá a aclarar la desaparición de la joven madrileña.

Todas estas gestiones no excluyen, tal y como adelantó este periódico, que las sospechas de los investigadores se centren en unos individuos concretos. Pero para poder presentar el caso ante el juez, que, además, tiene decretado el secreto de las actuaciones, se requieren todas las evidencias posibles.

Estos estudios de carácter técnico no implican que se hayan descartado por completo los testimonios de algunas personas que han querido colaborar con la Guardia Civil y que han aportado algunas pistas que todavía se mantienen vivas. Aunque es cierto que en la mayoría de las ocasiones, tras la correspondiente comprobación, se vio que, en principio, no ofrecían datos determinantes.

Los investigadores, tal y como adelantó LA RAZÓN, trabajan con la hipótesis de que los que conducían a Diana Quer pudieron, una vez lanzado el mar el móvil de la joven, a las 4:15 de la mañana, desde el Viaducto de la Vía de Arousa, en la autovía AG-11 –el lugar considerado como «zona crítica» por parte de la Guardia Civil–, utilizar para sus desplazamientos carreteras comarcales y, llegado el caso, caminos rurales. Esto aporta, salvo en el caso de la compañía Movistar, nuevas dificultades para el posicionamiento de los otros «teléfonos coincidentes». Trataban por todos los medios de evitar los controles de la Guardia Civil que, al estar algunas poblaciones en fiestas, como era el caso de A Pobra de Caramiñal, se hacen más numerosos con el fin de comprobar que quienes están al volante reúnen las condiciones documentales y de salud necesarias.

Los testigos accidentales cerca de esas rutas, muy poco frecuentadas de madrugada, pueden aportar datos sobre modelos de coches, número de personas que iban a bordo, etcétera, que resultan fundamentales para la investigación.

Si las aportaciones de esos testigos se ven corroboradas por la detección de los «teléfonos coincidentes» en la zona señalada, el asunto se podría convertir en objetivo preferente. Lo que parece claro es que desde el citado Viaducto, el coche en el que iba Diana se dirigió directamente hacia otro punto y que no se trataba de ir a «tomar una copa» a otro lugar, donde se les hubiera visto.

Por ejemplo, si se hubiera producido un hecho accidental ya se sabría a estas alturas. LA RAZÓN se ha puesto en contacto con las farmacias que estaban de guardia en la zona la madrugada del 22 de agosto y ninguna registró nada fuera de lo normal, salvo quizás algo más de trabajo al celebrarse fiestas en distintas poblaciones. Con todo, ningún joven se presentó en estos establecimientos aquel día y a aquella hora por alguna urgencia. Si hubieran ido a una clínica, la comunicación a la Guardia Civil ante lo que se podía presentar como un accidente hubiera sido automática. Existe una discoteca con la que ha sido imposible establecer contacto.

La Benemérita, en un caso tan mediático como el de la desaparición de Diana Quer, está desplegando todo su potencial para la obtención de pistas, tanto en lo que se pueden considerar «fuentes inanimadas», que incluyen archivos o bancos de datos de organismos públicos y privados; boletines, publicaciones y documentos e, incluso, lo que se inserta en los medios de comunicación, sin que tenga que estar relacionado directamente con la desaparición de Diana. Todo ello se realiza de acuerdo con la legislación vigente, en especial la de protección de datos, y, en su caso, previa autorización de la autoridad judicial. Las redes sociales se han convertido en una fuente inagotable de noticias y de imágenes que suelen ser de gran utilidad para los investigadores.

Por otro lado, están las que se denominan «fuentes vivas», con las que la labor de valoración de los agentes –el «quién dice las cosas»– resulta fundamental. En algunas ocasiones, que con seguridad se habrán dado en estos tres meses desde que se produjo la desaparición, se producen aportaciones anónimas de personas que no quieren ser identificadas y que suelen obrar con un cierto temor y nerviosismo.

El tiempo transcurrido y la complejidad de las pesquisas, que ha cobrado unos niveles mediáticos que nadie esperaba, provoca que algunas personas reaccionen con incredulidad ante este tipo de noticias, sobre todo por la cantidad de novedades que, un día sí y el otro también, difunden algunos medios informativos.

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