Música

«A propósito de Ilewyn Davis»:Un nuevo héroe entre nosotros

Dirección y guión: Joel y Ethan Coen. Intérpretes: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Justin Timberlake. EE UU, 2013. Duración: 105 minutos. Comedia dramática.

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Érase una vez un gato triste y azul. Esquivo, fantasmal, juguetón, se escapaba por una puerta y entraba por una ventana, a kilómetros de distancia. Un Houdini felino, que los Coen utilizan como un capricho del destino, como el Ojo que Todo lo Ve del arranque de «Quemar después de leer», como encarnación maulladora de los caprichos del azar, como fluido linimento entre coincidencias y pequeños desastres, y, aquí está la novedad, como ronroneante espejo de nuestro sísifico artista del hambre –independiente, arisco, egoísta, pero deseoso de mimos– y también como manifestación de su vínculo emocional con el mundo. En una carta publicada en el «Village Voice», Terri Thal, ex mujer de Dave van Ronk, el cantante folk en el que los Coen se han inspirado vagamente para engendrar a Llewyn Davis, protestaba porque los directores de «Sangre fácil» se habían tomado muchas libertades a la hora de recrear la escena folk de principios de los sesenta, y porque a ninguno de los personajes del filme, a su juicio hostiles y despreciables, les gustaba la música. Es lógico que alguien que espere una aproximación realista al tema pueda sentirse decepcionado, aunque sorprende que una película que arranca con una canción, filmada en respetuoso tiempo real e interpretada con desgarrador sentimiento por un espléndido Oscar Isaac, despierte esa reacción en Thal. Sobre todo porque, a pesar del acostumbrado cinismo con que los Coen construyen su mundo de ficción, muestran un afecto devastador por su maltratado, tragicómico héroe. Menos exigente que «Un tipo serio», más transparente en su órfico descenso a los infiernos que «Barton Fink», modélica en sus cambios de tono y en los equilibrios de su estructura episódica, con un desarrollo impecable de los secundarios con que se tropieza Davis y con un imprevisible trabajo sobre el tiempo narrativo, «A propósito de Llewyn Davis» se pliega sobre sí misma como un gato que, en círculos, persigue su cola. Ergo nos deja con las ganas de saber si Llewyn Davis podrá librarse algún día de ser Llewyn Davis.