«¡A la porra!»

“Aunque el caso aún está pendiente de recurso en el Tribunal Supremo, los ERE han pasado a la cola de los boletines informativos y de las ediciones”

La secretaria general del PSOE-A, Susana Díaz, en el Parlamento, donde esta semana protagonizó un choque con VoxMaría José López Europa Press

Aquello del «fondo de reptiles» no le sonaba a nadie entonces, ni tampoco «los intrusos» ni nada de aquel léxico que luego fue tan familiar para todos. La trama de los ERE con sus múltiples tentáculos nacía para quedarse como la peor fotografía de la gestión del PSOE en la Junta de Andalucía. Desde aquella punta del hilo hasta la sentencia de la pieza política, de la que se acaba de cumplir un año, con la muerte de Francisco Javier Guerrero como último capítulo. Una coctelera maléfica de «dinero repartido» cuyos responsables políticos, con nombres y apellidos, protagonizaron las primeras de los diarios durante años. Cada andaluz parecía tener la clave para explicar, entender, justificar e incluso defender una madeja de irregularidades que aún está por resolver en los tribunales. Todo parece que mermó en el momento en el que los ex presidentes Chaves y Griñán, junto al resto de altos cargos, fueron condenados. Aunque el caso aún está pendiente de recurso en el Tribunal Supremo, los ERE han pasado a la cola de los boletines informativos y de las ediciones. De portada a un pobre y escaso breve, así es la vida. Durante años, Susana Díaz sirvió de saco de boxeo de la oposición bajo el argumento de ser la heredera de esa trama durante largas sesiones en el Parlamento. Sin poder, con el partido haciendo aguas y con la sombra de Pedro Sánchez sobre su cogote, la líder socialista se lanzó esta semana al juego fácil de llamar herederos del franquismo a los miembros de Vox. En muchas ocasiones, las herencias pueden ser peligrosas, ella lo sabe bien, y aunque ahora ya no tenga el foco mediático por tragedias como la Covid-19, el PSOE andaluz cargará con el lamentable honor de que su gestión de gobierno esté salpicada por la corrupción y el «cortijerismo» de los ERE por mucho que las caras hayan cambiado. Mandar a la porra a la familia a veces no es tan fácil.