Cine

Las vidas de Joaquín Arbide

“Dejó atrás teatro, cine y periodismo para dedicarse casi en cuerpo y alma a escribir”

Joaquín Arbide
Joaquín Arbide FOTO: La Razón La Razón

Como él mismo se encarga de explicar en su propia y completa web, Joaquín Arbide tendría que haber nacido en Cádiz, pero las difíciles circunstancias de posguerra obligaron a su madre a viajar a un pueblecito de la provincia de Badajoz «donde, además de tener un hermano médico, tenía para comer». Según su DNI tiene 80 años, al menos hasta dentro de pocos días; no obstante, a poco que alguien se adentre en la intensa biografía de este hombre inclasificable y singular llegaría a la conclusión que ha vivido muchos más o bien ha sumado varias vidas.

Días después de nacer, su familia regresó a Cádiz pero por poco tiempo: al cabo de unos meses emprendieron viaje hacia Tetuán, donde Arbide vivió hasta los 16 años y dio sus primeros pasos en el periodismo, el teatro y el cine, disciplinas a las que se entregaría con fruición durante casi toda su vida. Esta feliz etapa vital concluyó cuando el protectorado español en Marruecos llegó a su fin a finales de los años 50, momento en el que Arbide se instaló en Sevilla, donde vive desde entonces.

Aunque su sueño era dirigir, no pudo matricularse en la Escuela Oficial de Cine, como hicieron jóvenes de su generación convertidos en excelentes directores, y optó por integrarse en el Teatro Español Universitario, TEU, en la que asumió tanto el rol de interpretar como el de dirigir. Premio Nacional de Teatro en 1972 por las campañas teatrales realizadas en zonas de difícil accesibilidad, Joaquín Arbide ha visto surgir numerosos actores y profesionales hoy populares y reconocidos, así como a quienes estuvieron al frente del Centro Andaluz de Teatro. Todo ésto y las 125 obras representadas a lo largo de dos décadas en más de dos mil representaciones hacen que resulte imposible disociar su nombre del teatro en España.

En cuanto a los medios de comunicación, ha dejado su impronta en diversos periódicos («Sevilla» y «Pueblo», por ejemplo, donde publicó críticas de teatro y de cine), radio («La Voz del Guadalquivir») y televisión, como realizador de varias series documentales e infantiles para Canal Sur y de programas informativos así como debates para la emisora local Giralda Televisión.

No pudo dedicarse de modo profesional al cine pero sí dirigió varios cortometrajes de ficción, experimentales y documentales, entre los que destacan «El disc-jockey», premiado en festivales de cine a mediados de los 70, y «La Esmeralda, historia de una vida», que dirigió en 1981 y que, cuatro décadas después, sigue conservando su valía.

En su última etapa, iniciada hace dos décadas, Arbide dejó atrás teatro, cine y periodismo para dedicarse casi en cuerpo y alma a escribir. De nuevo su ilimitada capacidad creativa le ha hecho poseedor de una vasta obra que supera las dos decenas de libros en similar periodo de tiempo.

Su más reciente obra es un libro de creación colectiva, «Gracias y desgracias de Sevilla», para el que ha contado con cerca de treinta autores, entre periodistas, profesores universitarios, historiadores y destacados nombres de la cultura. Pese a todo este bagaje hay algo que falta en sus muchas vidas, algo que no depende de él: un merecido reconocimiento por su contribución al periodismo y la cultura, que Joaquín Arbide sigue viviendo con pasión y sin desfallecer.