La ujier del congreso

“Ella, esa humilde servidora pública, y no sus jefes, es la que a día de hoy representa a la mayoría de españoles”

Imagen de una ujier
Imagen de una ujierF. Pastello

Seguro que la han visto muchas veces en la tele, muchísimas. Pero siempre pasa desapercibida porque está en segundo plano tras las personas que gobiernan este país, o al menos lo intentan. O lo fingen o lo sueñan. A pesar de la mascarilla que le tapa casi toda la cara, sus ojos y su cuerpo delatan una expresión general de fatiga: la mirada cansada en busca de un apoyo para evitar el derrumbe de los párpados, los brazos cruzados por no saber ya dónde ponerlos, de pie con el cuerpo inclinado como un árbol al que los años doblan poco a poco. La cámara coge a la ujier en una esquina de uno de los pasillos de acceso, justo detrás de la esquina de butacas donde el presidente Sánchez, de pie, suelta otra de su soflamas con esa voz de Elliot, el niño cursi de “E.T”., de la que suele echar mano. Pero podría ser cualquier otro parlamentario. Ella mira como si estuviera escuchando a aquel toxicómano que merodeaba a primera hora de la mañana por Atocha y soltaba un rollo interminable a viajeros desprevenidos sobre que necesitaba cinco euros para volver a su pueblo en Asturias. Nunca debió de conseguirlos porque seguía allí día tras día. Qué tendrá la heroína que machaca el cuerpo y la mente pero deja un pelazo. Este que pedía en la estación y todos los famosos adictos al caballo tienen o tenían un melenón: Antonio Vega, Stephen King, Jim Morrison.

Después de oír tantas veces a tantos políticos diferentes le debe de impresionar poco el presidente o el líder de la oposición o el “salvaje” Rufián. A lo mejor piensa en que la palabra ujier viene del latín y en origen significaba portero, pero en castellano hasta hace poco hacía referencia al sirviente que vigilaba la habitación del rey. Igual es lectora de Trapiello y recuerda la delirante entrevista de Alsina a Pepu. O se acuerda de que hoy se cumplen diez años del 15M, aquella explosión de desencanto que atrajo a gentes de todo tipo y que empezó tan mal que acabó en Podemos. Claro, los plenos son públicos, pero la ujier también estará por los pasillos y atenderá a los diputados en sus despachos o salas donde se reúnen. A lo mejor alguna vez oyó a alguno avisar de que lo de Iglesias y Redondo en el CNI era ilegal.

Quizás alguno de los diputados que parecen más simpáticos no le dan los buenos días o las gracias cuando le abre la puerta o uno de los más desagradables es el más educado. Es posible que haya algunos que la llamen ujiera aunque esa palabra no exista. Puede ser que tenga trato con la ministra Calviño y por eso le sorprenda el “error” aquel en el documento enviado a Bruselas de eliminar la declaración conjunta de la renta. Si le pasa como a mí, lo del público en los estadios de fútbol le debe de importar poco, igual que el final de la coleta. Es posible también que no piense en nada de esto porque ya no puede más. Porque ella, que les ve, les escucha y les roza todos los días, tiene la mirada cansada y una pose de pura pereza. En el 15M cantaban aquello de “no nos representan”. Ella, esa humilde servidora pública, y no sus jefes, es la que a día de hoy representa a la mayoría de españoles. Qué pereza todo.