La ciencia lo confirma: la comida caliente hace que pases menos calor en verano

Igual que el picante, ayuda al organismo a termorregularse, aunque lo realmente importante en épocas de calor es la hidratación que aportan líquidos y sólidos con una gran cantidad de agua, como frutas y verduras

  • El calor hace que una mala alimentación desequilibre más fácilmente el metabolismo
    El calor hace que una mala alimentación desequilibre más fácilmente el metabolismo

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19 de julio de 2019. 10:23h

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Pedro del Corral 19/7/2019

La alimentación es importante en todas las épocas del año, pero más aún en verano. Y tiene explicación científica: el calor hace que una mala alimentación, tanto por exceso de calorías como por falta de hidratación, desequilibre más fácilmente el metabolismo y esto tenga efectos más inmediatos, como dolor de cabeza, mareos, debilidad muscular o boca seca. Así lo constatan científicos de la Fundación Gadea como José María Ordovás, uno de los expertos más destacados a nivel mundial en aspectos relacionados con las interacciones gen-dieta y las enfermedades cardiovasculares, que ha desmontado algunos mitos.

Comida caliente para refrescarse

La temperatura de los alimentos y bebidas afecta a las ganas que tenemos de ingerirlos, pero, aunque parezca lógico pensar que cuanto más frío, mejor, no es así. “La comida y bebida fría provocan un efecto de alivio inicial, pero no dura mucho”, advierte Ordovás. “La digestión de los alimentos genera un aumento de la temperatura corporal que, combinado con el rápido enfriamiento originado por los alimentos y/o bebidas frías, hace que aumente la temperatura... Así que uno puede acabar peor que ha empezado”, explica. Por ello, aunque alimentos como las sopas calientes tengan efectos inmediatos menos satisfactorios, son más beneficiosas a largo plazo: “Cuando uno come alimentos calientes, nuestro organismo lo percibe y transmite señales al cerebro para enfriarnos”. Lo mismo ocurre con la comida picante: induce el sudor y, por lo tanto, el enfriamiento del cuerpo. De hecho, en culturas como la coreana esto se sigue a rajatabla, el lema allí es “combatir fuego con fuego”, pero aquí pocos son capaces de “renunciar al placer inmediato de comer un buen gazpacho en verano”.

Los sólidos también ayudan a hidratarse

Aunque cada persona es diferente, tanto genéticamente como en sus niveles de actividad, en verano hay que hidratarse más porque perdemos más líquidos a través del sudor que nuestro cuerpo genera automáticamente para enfriarse. Pero no solo los líquidos proporcionan hidratación. Por supuesto, “agua, bebidas no azucaradas, te o café” son recomendables -las alcohólicas, como la cerveza, en menor medida por su capacidad diurética- pero “no nos olvidemos de que los alimentos sólidos también contribuyen a la hidratación, especialmente algunas frutas y verduras, como las fresas, el pepino, los calabacines, el apio, la lechuga, el melón o la sandía”, especifica el experto.

Que sudes más no significa que quemes más calorías

El gasto calórico no es mayor porque sea verano y haga calor, “como siempre, depende de la actividad individual”. De hecho, según Ordovás, “el gasto calórico normal suele disminuir durante el verano”, aunque hay que tener en cuenta que el calor sí disminuye el apetito, porque “el cuerpo trata de regular la temperatura reduciendo las funciones que generan calor, como la digestión de los alimentos”.

No todo es un mito: el riesgo de intoxicación alimentaria sí aumenta

Las enfermedades transmitidas por los alimentos aumentan durante el verano por una doble razón: “Las bacterias se multiplican más rápido en temperaturas más cálidas, y preparar alimentos al aire libre dificulta su manipulación segura”, aclara Ordovás. Por ello, no conviene bajar la guardia en verano, ni en casa ni fuera de ella.

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