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¿Es posible conseguir un tabaco menos nocivo?

LA RAZÓN accede al «Cubo» de Philip Morris, el centro de innovación que la tabacalera tiene en Suiza, donde 430 científicos buscan la fórmula de un cigarrillo menos tóxico, pero que siga gustando a los fumadores. Sus estudios no son suficientes para los expertos

  • Los empleados evalúan diferentes procesos
    Los empleados evalúan diferentes procesos
Neuchâtel (Suiza).

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20 de enero de 2017. 01:24h

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Neuchâtel (Suiza). 22/1/2017

El «Cubo» en el que 430 científicos intentan crear un cigarrillo menos tóxico. Sólo entrar en el edificio que el gigante tabacalero Philip Morris International (PMI) ha construido a orillas del lago suizo de Neuchâtel –del que recibe el nombre la ciudad– deslumbra a cualquiera. Sus trabajadores no tienen que pasar un «común» torno. No. El acceso a este centro de investigación exige una identificación facial para que la máquina abra sus puertas y permita entrar en el área restringida.

No dejan claro si es por presión social o por iniciativa propia de la empresa pero, desde hace una década, han invertido 3.000 millones de dólares para dar con un producto que combine dos aspectos clave: la reducción del daño y que sea satisfactorio para los fumadores. «Intentamos lanzar estos productos en el pasado, pero ahora es el momento. Tenemos la tecnología y la demanda», asegura a este diario Ruth Dempsey, directora de Productos Riesgo Reducido (PRR) de PMI. Ella, como experta en toxicología, es la responsable de demostrar por qué IQOS, el producto que acaban de lanzar al mercado español, es tan revolucionario. La clave, según ellos, está en el proceso de consumo. El IQOS no quema el cigarrillo, sino que lo calienta. Cuando un fumador se enciende un pitillo, el tabaco y el resto de componentes alcanzan los 800 grados, mientras que el nuevo aparato no permite que el «piti» supere los 350 grados. De acuerdo con sus propios estudios, éste es el aspecto clave para la aparición de enfermedades como el cáncer o el EPOC. Es más, en los datos que muestran aseveran que la toxicidad que genera el aerosol –que no humo– del nuevo producto se reduce sustancialmente. «De las 58 sustancias nocivas que hemos analizados que se desprenden del humo, hemos visto que se reducen, de media, entre un 90 y un 95 por ciento con IQOS», apunta Dempsey. Pero el número de sustancias analizadas no representa la totalidad de partículas tóxicas o nocivas que puede supera el centenar, aunque el humo emana cerca de 7.000 diferentes. «Al calentar y no quemar es cierto que se puede reducir la toxicidad, lo que no significa que este producto no siga siendo tóxico. El aerosol que desprende siguen presentes un buen número de cancerígenos. En definitiva, sigue siendo dañino», aporta Carlos Jiménez, neumólogo y director de investigación del tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).

A pesar de todo, el estudio clínico que han realizado en Suiza no deja de sorprender, ya que también apuntan a que las reducciones a la exposición de las sustancias más dañinas se aproximan a los niveles observados en los fumadores que dejan la adicción. El principal problema de este estudio es que sólo se ha realizado sobre 160 individuos y con una exposición de 90 días. Así lo cree también José María Recalde, médico y consultor de la industria farmacéutica que hace unos meses también visitó El Cubo: «El número de pacientes que han tenido en cuenta no permite hacer asociaciones significativas. El estudio, aunque plantea una perspectiva positiva, es demasiado reducido». Es cierto que los análisis clínicos y toxicológicos que han realizado se han llevado a cabo a partir de las indicaciones que marca la comunidad científica y que desde PMI animan a científicos de todo el mundo a recoger sus datos y replicar los estudios para comprobar que son ciertos. «Entendemos que muchos desconfían de nuestra ciencia. No les pedimos que nos crean, sino que la verifiquen», afirma el propio CEO de PMI, André Calantzopoulos. El siguiente paso para demostrar sus hallazgos es un ensayo clínico en el que participan más de un millar de pacientes y con el que quieren comprobar cómo IQOS afecta a los pulmones o al sistema cardiovascular.

Los productos de riesgo reducido son una apuesta directa de la compañía. «Buscan el éxito económico, pero no quita que intenten innovar. Saben que su imagen es cada vez más negativa y la venta se está restringiendo mucho», añade Recalde.

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