La revolución del CAR-T: el tratamiento del futuro contra el cáncer

Esta terapia funciona en tumores de pulmón, riñón, linfoma de Hodgkin o melanoma

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Madrid.

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05 de febrero de 2019. 17:38h

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D. Fuertes.  Madrid. 5/2/2019

Durante años los científicos han buscado soluciones para erradicar el cáncer en sus más diversas formas. La cirugía, la quimioterapia o la radioterapia han mejorado la vida de muchas personas pero aún hay quien rechaza o desarrolla resistencia al tratamiento. Por eso hay que seguir investigando en la lucha contra el cáncer. Y, como parte de esa innovación, la inmunoterapia ha ganado protagonismo en las últimas décadas.

Se utiliza el sistema inmunológico del cuerpo para desarrollar terapias, aprovechando el potencial del sistema inmunitario del paciente y combatir así su propia enfermedad. La modificación genética de las células de los pacientes es un método que abre un amplio abanico de posibilidades para luchar contra esta enfermedad. Que aprovecha el sistema inmunitario –el ejército de células, tejidos, proteínas y órganos que defiende al cuerpo y lo mantiene sano– para combatir el cáncer de manera más eficaz.

Se están realizando pruebas con inhibidores de «checkpoint», que bloquean el mecanismo que usan las células cancerosas para desactivar el sistema inmune; anticuerpos bi específicos, que por un lado atacan al tumor y, por otro, estimulan al sistema inmunológico; y las células CAR-T, que son linfocitos modificados genéticamente para que ataquen directamente al tumor y no incida en otras dianas.

Los inhibidores de «checkpoint» funcionan en tumores de pulmón, riñón, en el linfoma de Hodgkin o el melanoma. Por su parte, las terapias CAR-T han demostrado una alta eficacia en algunos cánceres de la sangre como la leucemia linfoblástica aguda, el linfoma y el mieloma múltiple.

Actualmente existen numerosos inhibidores de «chekpoint» y anticuerpos bi específicos pero, por ahora, sólo hay dos tipos de terapias CAR-T aprobadas por las autoridades sanitarias en el mundo. También hay otros en forma de ensayo clínico, y algunos centros universitarios que están diseñando sus propias CAR-T. En España, de momento, únicamente hay una terapia aprobada y se está a la espera de aprobación de una segunda.

Esta terapia consiste en extraer sangre del paciente y, en un laboratorio, separar los linfocitos T (un tipo de glóbulos blancos que ayudan a destruir antígenos o sustancias extrañas) y modificarlos genéticamente para que reproduzcan unas proteínas llamadas CAR. Éstas son las que ayudarán a reconocer ciertas sustancias de las membranas de las células cancerosas. Una vez dentro del organismo, las CAR-T se multiplican, detectan fácilmente los antígenos específicos de las células tumorales y, si todo va bien, las destruyen.

Esta terapia ofrece perspectivas optimistas, de momento a largo plazo, pues pacientes cuyo pronóstico era de sólo unos meses de vida y que han conseguido prolongarla hasta más allá de 24 meses. Todos estos métodos suponen el inicio de las terapias personalizadas, aunque de momento no sustituyen a tratamientos previos como la quimioterapia o la radioterapia. Se trata de vías complementarias para atacar a la enfermedad cuando otros son insuficientes.

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