El aguanís de Raúl, el gol de las pellas

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01 de diciembre de 2018. 13:13h

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José Aguado 1/12/2018

Habíamos cumplido 20 años y el día después de la final de la Champions de mayo un profesor de apellido catalán nos puso en examen. Nos dio igual, porque ya lo he dicho, teníamos 20 años. La mañana del 1 de diciembre nos fuimos a un bar a ver la final de la Intercontinental para admirar a Raúl, tan joven como nosotros, tan atrevido, recibir el pase de Seedorf, oír que llegaba un defensa rival y hacerle pasar de largo; estar a punto de rematar, pero esperar a que llegase otro contrario y hacer que también que pasase de largo. Era como nosotros: teníamos que estar en clase en aquel edificio gris, enorme y con columnas en medio de la clase, pero pasamos de largo. Estábamos en un bar, empezando la salida del viernes ya de mañana, sin más objetivo que alargar ese momento y pedir otro pincho de tortilla.

Queríamos ser periodistas y contar que Raúl se iba a comer el mundo y que el Madrid volvía a ganar Champions y Copas Intercontinentales, como hacía 30 años atrás, cuando nuestros padres eran niños. Nosotros habíamos crecido de decepción en decepción en Europa: la Quinta nos dio alegrías en la Liga y luego nos dejó derrotados y malditos con el PSV y luego el Milán de Sacchi y ese 5-0 en San Siro con aquel gol lejano de Ancelotti. La historia es circular casi siempre, sólo que a veces cambia de significado. Europa y los mundialitos eran historias antiguas y lejanas, éxitos improbables. Lo sabíamos mientras jugábamos las Ligas de fútbol en la Universidad, en horas, por cierto, también de clases.

Los móviles sólo servían para llamar y mandar mensajes e internet era una cosa aún extraña, para mandar correos. Estudiábamos lo que era un tipómetro (una especie de regla para maquetar las páginas de los periódicos) y aún los vendían en las papelerías. Era como si estuviese comenzando algo nuevo y distinto y aún no éramos conscientes y no teníamos ni idea de hacia dónde iba.

Han pasado veinte años: Raúl dejó pasar al segundo defensa y después remató a un lado del portero, imposible para él. No fue el mejor partido del siete del Madrid, pero fue elegido el mejor, porque no podía ser de otra manera. Ahora Raúl entrena a los cadetes, nadie usa los móviles para llamar y no tengo ni idea de si los y las jóvenes de hoy siguen utilizando la palabra pellas cuando no van a clase.

El aguanís, el mejor gol de Raúl

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