Lenguas propias, muertos propios

Como ya comenté la semana pasada, el debate acerca de la catalanidad, lo catalán, lo propio y lo impropio se exacerba a medida que se acerca la Diada del Once de Septiembre. Ciudadanos y Partido Popular ya han manifestado que no irán a los actos institucionales organizados en Barcelona, ya que el Govern ha optado por un formato partidista y marcadamente independentista. Y es que lo que debería haber sido un día festivo de todos los catalanes ya se concibió como una jornada de reivindicación de libertades perdidas, de anhelo de independencia y de reivindicación de muertos propios durante la Guerra de Sucesión. Basado todo ello en peregrinas interpretaciones históricas, cuando no en inventos directamente, todo ello con el afán de excluir a los no nacionalistas en este día.

Lo mismo pasa con la lengua vehicular en las escuelas. El manifiesto del grupo Koiné, donde se afirma sin ambages que la lengua catalana es la endógena de Cataluña y el castellano la lengua de dominación y coerción desde 1714 demuestran esa voluntad de separación absoluta donde lo castellano es lo extranjero y lo catalán lo propio. Ese concepto, el de lengua propia, no el de lengua materna o habitual, sino de propiedad o de propietarios ya denota el marco mental: es mi lengua, me pertenece y a ti no. En oposición a la lengua castellana, considerada pues, impropia.

Con los muertos pasa lo mismo, y es aún más ridículo si cabe. Hay muertos propios y muertos impropios. Los de la Guerra de Sucesión, bando austracista, subsección defensores de la tierra, son propios, muy propios. Los de la Guerra de la Independencia, apenas cien años después son completamente impropios y condenados al olvido. No se puede reivindicar a estos defensores de la tierra, ya que en este caso, lo hacían por la religión (católica) la patria (española) y el rey (Borbónico). Y de los carlistas mejor no hablo, que haberlos los hay y los dejo para otra ocasión. Así que lo de distinguir entre oligarquías, clases populares, ancianos regímenes y ópticas contemporáneas para analizar hechos históricos mejor lo dejamos para tesis doctorales que no se lee nadie.

Aquí, la única tesis válida es la de la lengua propia y los muertos propios. Estos últimos tienen la ventaja de que no opinan, así que se les puede utilizar a placer. El próximo día once, en mi ciudad, Lleida, abundarán los ramos de flores a los finados propios de 1707. A los de un siglo después no les caerá ni un clavel, por impropios.

Y a los que tenemos el castellano como lengua materna, tampoco nos dedicarán flores. Y es que somos unos impropios de cuidado.