Bofetada de realidad

La Razón
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«Hoy hemos recorrido 18 kilómetros a pie, una etapa del Camino de Santiago», me dice una joven. Cracovia interrumpe el servicio de tranvías y autobuses durante las horas de los grandes encuentros de la JMJ. La ida y vuelta a casa se hacen caminando. Alguno se queja. Otros ven esta ruta con cierta heroicidad. Y a mí se me pasa por la cabeza que quizá hemos tenido a la actual generación de jóvenes entre algodones. Puede dar la sensación de que han nacido con determinadas comodidades que no dan valor a aquello que tienen. La JMJ no es la mili. Pero sí funciona en algunos momentos como un baño de realidad. Para desinstalarse. Ahí está el viacrucis. El parque Blonia acoge las catorce estaciones que narran el camino al Calvario de Jesús para traer a Polonia a los crucificados del 29 de julio de 2016. Enfermos. Presos. Discapacitados. Sintecho.

Por delante de los ojos de los chavales de la JMJ desfilan los 30.000 refugiados de Oriente Medio. Muchos de ellos con su misma edad. Y seguramente, hasta hace poco con las mismas expectativas. Pero la guerra, la persecución y el terrorismo lo rompieron todo. «¿Dónde está Dios si en el mundo existe el mal?», se pregunta el Papa sobre todas las atrocidades que se producen. «Existen preguntas para las que no hay respuestas humanas. Sólo podemos mirar a Jesús y preguntarle a Él. Su respuesta es: Dios está en ellos, sufre en ellos», medita.

El Papa da su bendición con un encargo: «¿Cómo quieres volver esta tarde a casa? El mundo te observa. A cada uno os toca responder al desafío de esta pregunta». El vía crucis ha terminado. Toca rematar otra etapa de este particular Camino de Santiago en polaco. No oigo quejas ni veo héroes. Sólo jóvenes que han dejado de mirarse a sí mismos. No más selfies por hoy, porque en el objetivo de la cámara del móvil están otros. Para ponerse a los pies de su cruz. Una bofetada de realidad. La de Auschwitz ayer. La de los refugiados sirios hoy.