Comparando Pasiones

Verso comparativo entre “la pasión de Cristo y la de la pandemia”

SEMANA SANTA
Una mujer enciende velas en una ventana de la localidad burgalesa de Sotillo de la Ribera, en la que se debería haber celebrado la procesión de "La Carrera" y su singular encendido de hogueras alimentadas con viejos cestos de mimbre de vendimiar. Aranda y algunas localidades de la Ribera del Duero han recurrido a la imaginación para celebrar la Semana Santa de 2020 a pesar de la suspensión obligada de los actos multitudinarios debido a la lucha contra el COVID-19. Tambores, cornetas y cánticos desde las ventanas y balcones, velas en lugar de hogueras, cualquier recurso es válido con tal de que permita a los vecinos sentir de alguna manera el espíritu de estas fechas especiales. EFE/Paco SantamaríaPaco SantamaríaEFE

Otra vez, miles de veces

Me he dirigido a Ti

Durante el año te rezo,

O canto el himno que aprendí

Y si voy a visitarte

Vuelvo a mi casa feliz.

Nos hemos acostumbrado

A verte en las procesiones,

Hoy por fin me he decidido,

Quiero comparar pasiones.

A ti CRISTO DEL AMPARO

Me dirijo confiado,

Y te cuento las diferencias

En la pasión que he notado.

Un viernes, hora de “nona”

Que son las tres de la tarde

Y allá en lo alto de un monte

Mientras que la tarde cae,

Un centurión, sus soldados

Tres discípulos, tu madre

Y unos curiosos de lejos

Esperan el desenlace.

Hoy médico, enfermeras,

Luchando en los hospitales

Intentan codo con codo

Remediar lo irremediable.

Y miles de “cirineos”

Voluntarios que no dudan

Luchar a brazo partido

Si pueden servir de ayuda

pescando un día con los tuyos

Rendido sentiste sueño

Y la tempestad bramaba

Y a todos llenos de miedo

Y te clamaban gritando:

“Sálvanos que perecemos”

SEÑOR en ti confiamos

Y aunque a veces dudemos,

Si estás dormido despierta,

Que hay más de quince mil muertos

Y la turba silenciosa

Que mira desde lo lejos

Dice: Señor ¿hasta cuándo?

Señor, que se acabe esto.

Truenos, rayos y otros signos

Oscuridad en la tierra

Ahora reclusión, silencio,

Y sigue esta sorda guerra.

Se escuchó una voz potente

Clamó un sencillo mensaje:

“Madre, ahí tienes a tu hijo”.

“Hijo ahí tienes a tu madre”.

Y se la entregas confiado

Al discípulo que amabas.

Muchos en los hospitales

No oirán esas palabras.

Y luego un grito el postrero

Que estremece a los soldados.

“Padre mío, Padre mío,

¿ Por qué me ha abandonado.”?

Y ladeando la cabeza.

“Ya todo está consumado”

Tu entierro humilde y callado

Pedro, Juan, José, María,

Y alguno o fiel o curioso

También te acompañaría

aquí no hay “Aritmateas”

Que te donen un sudario

Y formarán dos personas

El séquito funerario.

Un féretro con un número

O un humilde envoltorio

Ni más pésames ni duelos

Ni misas ni velatorios.

Señor lo que he comparado

De tu pasión y la nuestra,

Seguro que no es exacto,

Pero nos sirve de muestra.

Me quedo con las palabras

Que desde la cruz lanzaste:

“Tu Padre perdónales,

Porque no saben lo que hacen”.