El desabastecimiento de drogas provocado por el confinamiento dispara el cultivo de marihuana en Castilla y León

En tres meses la Guardia Civil y la Policía han desmantelado más de una veintena de plantaciones en la Comunidad

El estado de alarma y el confinamiento también han influido de manera determinante en el narcotráfico, hasta el punto de producirse un desabastecimiento en los principales mercados de droga de Castilla y León, dada la imposibilidad de los narcos de realizar viajes para su adquisición. Sólo la marihuana, por ser una sustancia que en mayor o menor medida se cultiva en toda la Comunidad, ha permanecido al margen de esta situación y no ha visto encarecer su precio como el resto de estupefacientes.

Esta situación de desabastecimiento, según fuentes policiales consultadas por Ical, también es una de las razones de la proliferación de las plantaciones de cannabis en la Comunidad en los últimos meses. Sólo desde el mes de junio,  se ha desmantelado en Castilla y León más de una veintena de explotaciones, la mayoría en operaciones dirigidas por la Guardia Civil, pero en las que también ha intervenido la Policía Nacional como el dispositivo que culminó a finales de agosto en Cabezón de Pisuerga (Valladolid), donde se descubrió en una nave un vivero de cannabis con más de un millar de plantas, así como siete kilos de cogollos.

Por el número de plantas, el hallazgo más importante tuvo lugar a mediados de junio en Las Merindades (Burgos), donde tras un incendió en una vivienda la Guardia Civil encontró casi 1.400 plantas en diferentes fases de crecimiento, así como todo el material necesario para su cultivo ‘indoor’.

También fue importante la operación desarrollada en El Espinar (Segovia), donde en un dispositivo, que también se desarrolló en Madrid y Toledo, fueron detenidas siete personas y aprehendidas 1.267 plantas de cannabis y 13 kilos de cogollos listos para su distribución.

Mientras, los narcos a gran escala han trasladado en los últimos años sus cultivos ‘indoor’ de viviendas a naves industriales o invernaderos, donde además de potentes sistemas de ventilación llegan a instalar filtros de carbono para tratar de evitar los fuertes olores que desprende este cultivo, mientras que entre los ‘pequeños cultivadores’ vale casi todo.

En la provincia de Ávila, donde en lo que va de año se han incautado más de 1.500 plantas de marihuana y se ha detenido a 42 personas por su cultivo, la Guardia Civil desmanteló este mes de agosto una plantación en una casa ocupada de Sotillo de la Adrada.

Además, algunas de las plantaciones se realizan en el exterior aprovechando zonas de difícil acceso o de poco tránsito. Es el caso de la encontrada en una isleta del Duero entre Rebollo y Centenera de Andaluz (Soria), donde la Guardia Civil encontró 24 plantas de marihuana, o las halladas en fincas rústicas próximas a la capital zamorana y que fueron descubiertas gracias a un helicóptero de la Guardia Civil.

La producción de cannabis, la droga ilegal más consumida en España y en la UE, es una realidad que ha puesto en alerta a la propia Europol, que prevé un incremento de estas plantaciones. La principal razón de esta proliferación es la alta rentabilidad que se está logrando con las denominadas plantaciones ‘indoor’, con las que se llegan a conseguir hasta cuatro cosechas y que está provocando que cada vez sean más los narcos asentados en la Comunidad se pasen a este cultivo.

Rentabilidad

Según explican fuentes del Cuerpo Nacional de Policía a Ical, en una explotación con un millar de plantas y de la que se obtengan tres cosechas anuales, los ingresos pueden superar los 350.000 euros, teniendo en cuenta que en cada cosecha se pueden lograr unos 80 kilos de cogollos, cuyo precio ronda los 1.500 euros el kilos, dependiendo de la calidad y del contenido de THC -tetrahidrocannabinol-, principal constituyente psicoactivo del cannabis. Después, el precio de la marihuana en la venta al menudeo se sitúa entre los cinco y los seis euros el gramo.

Esta rentabilidad, unida a la posibilidad de controlar todo el proceso, desde el propio cultivo hasta la distribución, y a una menor responsabilidad penal, ha llevado a que algunos históricos narcos de la Comunidad abandonen el tráfico de la cocaína y otras sustancias para centrarse en la producción y distribución del cannabis.

La prolifieración de este tipo de plantaciones tiene su reflejo en el número de plantas de marihuana incautadas por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que en Castilla y León se ha multiplicado por cuatro desde el año 2014, al pasar de las 3.564 a las 13.465 decomisadas el pasado año. Es un incremento superior a la media nacional, donde la cantidad de plantas se ha triplicado en este periodo y en 2018 se rozaron las 800.000.