Los psicólogos advierten de las secuelas de la soledad no deseada

Piden mayor presencia en la ejecución del Plan Estratégico de la Junta y jornadas divulgativas para informar, concienciar y alertar a la sociedad sobre las consecuencias de este problema

El decano del Copcyl, Jaime Gutiérrez
El decano del Copcyl, Jaime Gutiérrez

Uno de cada cuatro castellanos y leoneses mayores de 65 años vive solo, lo que se traduce en 145.400 personas en la Comunidad. Y estudios recientes apuntan a que la mitad de las personas sienten algún tipo de soledad o están en riesgo de aislamiento social, incluso en los casos en los que viven acompañados. Se trata, por tanto, de un problema psicológico y emocional que afecta de forma importante a Castilla y León, una de las comunidades más envejecidas y con la población más dispersa de España.

Ante estos datos, el Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla y León (Copcyl) advierte de las secuelas de la soledad no deseada y pide mayor presencia de los profesionales de la psicología en la ejecución del ‘Plan Estratégico contra la Soledad no deseada y el aislamiento social 2022/2027′ que elabora la Junta de Castilla y León.

Al respecto, los psicólogos apuntan que el sentimiento de abandono es una cuestión emocional y que por ello debe tratarse desde la Psicología. “La soledad no deseada es un fenómeno emocional, y como tal debe ser abordado por profesionales en esta materia que son quienes están capacitados para tratar las secuelas psíquicas y físicas que acarrean este problema y que, en los casos más graves, puede terminar en suicidio”, señala Jaime Gutiérrez, presidente de Copcyl, quien alerta de que estos días festivos se está acrecentando ese sentimiento de soledad al juntarse la Navidad con la fatiga pandémica. Por ello, insiste en que “ahora más que nunca” hay que hacer un seguimiento desde Atención Primaria y los servicios sociales para prevenir estos casos.

La llegada de unas fechas singulares como las Navideñas acentúa el sentimiento de soledad en una época de tradicional reunión y acercamiento. “Como es un momento de encuentros familiares, las personas que viven solas o que no tienen ese vínculo emocional a nivel familiar es cuando más perciben y más sienten la soledad no deseada”, explica, por su parte, la psicóloga del COPCYL especializada en envejecimiento Ana Belén Sánchez.

El sentimiento de desesperanza y el desaliento que provoca en algunas personas vivir solas preocupa a los expertos del Copcyl, desde donde muestran su mayor inquietud en la dimensión emocional de la soledad, extendida más allá de quienes habitan sin compañía.

“La soledad es un fenómeno psicológico que sobreviene cuando la persona no ha logrado las relaciones interpersonales íntimas o estrechas que desea y como tal precisa de la presencia de profesionales de la Psicología en su diagnóstico e intervención”, explica Sánchez, quien subraya que esta realidad está más extendida de lo que los ciudadanos creen y afecta todos los grupos de edad y circunstancias.

Alegaciones

En las alegaciones presentadas al plan estratégico de la Junta, el Copcyl pide una mayor presencia de profesionales de la salud mental en el diagnóstico y tratamiento de la soledad, y proponen intervenir en la soledad emocional de las personas mayores a través del ‘Programa de Intervención Psicológica en la Soledad Emocional’, elaborado por el grupo de trabajo de Envejecimiento del COPCYL y que lleva años en marcha con resultados muy positivos. “La integración de profesionales en los servicios sociales permitiría intervenir desde los componentes afectivos, cognitivos y de conducta, lo que facilitaría herramientas y estrategias para afrontar la soledad emocional”, señalan desde la institución.

Otras propuestas presentadas a la Junta pasan por la realización de jornadas divulgativas para informar, concienciar y alertar a la sociedad sobre las consecuencias de este problema, el desarrollo de actuaciones formativas para profesionales y agentes intervinientes en el plan estratégico, la contribución de los psicólogos como expertos en el ámbito de la investigación y buenas prácticas, así como la intervención en la soledad emocional de familias cuidadoras y en personas con discapacidad.

Freno a la vida social

“Es importantísimo de cara a la sociedad detectar a personas en soledad, no dejar que estén solas”, sostiene Sánchez. Para los casos en los que la presencia física es complicada, bien por distancia o por prevención, la psicóloga anima a utilizar los recursos que brindan las nuevas tecnologías para tratar de mitigar esa ausencia, como realizar una llamada de teléfono o una videoconferencia durante la cena de Navidad. En cualquier caso, además del llamamiento hacia la sociedad para detectar estos

casos de soledad no deseada, la experta recomienda a quienes se sientan solos que sean activos. “Que no esperen a tener la llamada, sino que cojan el teléfono y sean ellos los que llamen a sus personas de confianza, familiares, amigos o vecinos”.

El mayor aislamiento para favorecer la prevención de los contagios en el marco de la pandemia ha hecho llegar la soledad a personas que antes no la percibían de la misma forma. “Al haber puesto freno a las actividades de envejecimiento activo, aquellos que vivían solos, y vivían bien solos, han visto truncado su día a día”, comenta Sánchez. Advierte de que “incluso ha aparecido la soledad emocional no solamente entre las personas que viven solas, sino que algunas se sienten solas a pesar de vivir en familia o en pareja”. Por esa razón, insiste en que lo más importante no es prestar atención únicamente a las personas que viven solas, sino también a todas aquellas que se sienten así.

Uno de los motivos de preocupación y necesidad de tratar correctamente estos casos radica en la evidencia científica de que la soledad influye en la salud psicológica, ya que predice síntomas depresivos, agrava los problemas de sueño, aumenta el riesgo de padecer alzhéimer y acrecienta los problemas de salud mental, que pueden derivar en consultas suicidas. Además, incide en la salud física, ya que puede empeorar el funcionamiento vascular, aumentar la presión sistólica, disminuir la respuesta anti-inflamatoria, elevar las alteraciones del sistema inmune, acentuar la obesidad o amplificar el declive motor.