El Niño de Elche y Los Picoletos llevan a Valladolid “Nudillos Rotos”

Se trata de un proyecto sonoro, de performance e instalaciones que indaga sobre formas de disidencia en el contexto urbano de la cultura flamenca y queer-punk

Presentación del proyecto "Nudillos Rotos" que se puede ver en Valladolid
Presentación del proyecto "Nudillos Rotos" que se puede ver en Valladolid FOTO: Ayto. Valladolid

La concejala de Cultura y Turismo, Ana Redondo, ha presentado en el Museo Patio Herreriano el proyecto ‘Nudillos Rotos’ acompañada por el director del Teatro Calderón, José María Viteri; Dante Litvak y Fabro Tranchida, componentes de Los Picoletos; y el director del Museo Patio Herreriano, Javier Hontoria.

‘Nudillos rotos’ es un proyecto sonoro, de performance e instalaciones que indaga sobre formas de disidencia en el contexto urbano de la cultura flamenca y queer-punk. Él mismo es un entrecruzamiento entre la poética performativa de El Niño de Elche y la acción performática e instalativa del dúo Los Picoletos (Dante Litvak y Fabro Tranchida).

La investigación de los creadores de este proyecto se centra en la figura del lumpen urbano. Es decir, en los canis, quinquis, punks, flamencos y queers que atraviesan los bajos fondos de las urbes. Esos jóvenes del mal vivir de los que nace al fin y al cabo la cultura punk, el flamenco y otras fórmulas.

Presentación del proyecto "Nudillos Rotos" que se puede ver en Valladolid
Presentación del proyecto "Nudillos Rotos" que se puede ver en Valladolid FOTO: Ayto. Valladolid

Desde un campo de acción que incluye la creación de instalaciones que emulan un deshecho barrio irreligioso —de tumbas con ínfulas de rampas de skate, acumulaciones de objetos personales, archivos anacrónicos y retratos de jóvenes porteños y españoles— los autores se han propuesto indagar sobre lo queer-punk y lo flamenco como experiencias que comparten un origen común: el de la estigmatización de ser movimientos que surgen de las periferias y que obtienen su nombre desde una apelación despectiva.

A su vez, el escenario en donde transcurre la performance (y que podrá verse en la video-instalación) que es el de una lonja fabril en el barrio de Liniers, en la ciudad de Buenos Aires, cuenta con una carga simbólica especial al tratarse del taller en donde trabajaba el abuelo de Fabro y en donde aún trabaja su padre. Elementos que hacen a las memorias barriales ligadas al futbol y a la infancia local, a una vieja radio AM de Tangos ya olvidados y a los lamentos sobre la mesa de un cafetín se cuelan en lo que en definitiva no es más que una declaración de amor al barrio, a sus padres y a esas horas que no pasan.