Nuestra fiesta

A diferencia del 11 de septiembre, no ha sido necesario retorcer la historia

Quique GarcíaEFE

Sant Jordi era, es y será nuestra Fiesta, la gran aportación catalana a la cultura universal. Era porque así lo hicimos, es porque pese a las circunstancias nadie se resignará a no celebrarlo y será porque esa dimensión universal lo es ya para siempre.

Por eso es nuestra Fiesta, mucho más que el 11 de septiembre, donde fue necesario retorcer la historia para convertir una guerra dinástica en una supuesta invasión colonial y darle aire de unanimidad a una disputa en la que como tantas otras veces, los catalanes hicimos algo tan español como enfrentarnos entre nosotros.

Este será un Sant Jordi diferente sin apenas calles con esos puestos de rosas y libros que convierten a Barcelona por un día en la capital del mundo. Paradójicamente diferente porque también hay más tiempo para leer en estos días de confinamiento.

No hay placer mental como pasar las páginas de un libro, una por una esperando un desenlace o una conclusión que tienes en tus manos y sabes que no tienes derecho a llegar a ella si no es hoja a hoja, y al final te queda por un lado la sensación del objetivo cumplido y por el otro el regusto amargo de la despedida de unos personajes con los que quizás no vuelvas a convivir jamas.

Leer es placer y esfuerzo, ver una serie de televisión puede ser placer pero sin esfuerzo, y todos sabemos que se disfruta más lo que algo nos cuesta.

Este Sant Jordi será el de las Ramblas de nuestros recuerdos, el de las flores de nuestra memoria, el de la imaginación en cómo será el año que viene. Y para los que hemos vivido la inolvidable experiencia de firmar libros en alguna ocasión en las casetas, un ejercicio de añoranza.

Este Sant Jordi tenemos que celebrarlo leyendo, en homenaje a nuestros viejos, inseparables e inmortales amigos los libros.