Crónica del primer día de clase: lección de “normalidad”

El curso arranca con 253 docentes y 210 alumnos aislados, de los que 63 profesores y 23 niños son positivos. Sólo dos de los 5.455 centros educativos catalanes no abren por covid

Al fin llegó el gran día. Muchas dudas, nervios e incertidumbre, pero también muchas ganas de volver a la normalidad. Mientras la mayoría de los alumnos de esta escuela privada de Barcelona desciende de los autocares escolares, en los que deben ir en todo momento con mascarilla y ocupar siempre el mismo asiento -a ser posible el contiguo al de los hermanos o bien compañeros del grupo de convivencia-, los estudiantes que llegan en vehículo privado se apean en la puerta principal de la escuela para acceder de forma escalonada al recinto. Unos pocos son acompañados por sus padres hasta la puerta principal del edificio de Primaria, que solo pueden franquear los alumnos y el personal del centro.

Mascarilla de repuesto y cantimplora

En realidad, la escuela arrancó el pasado jueves 9, pero para Ana y María -nombres ficticios a petición de los padres-, hoy ha sido su primer día porque tuvieron que guardar cuarentena hasta el viernes después de haber estado en contacto estrecho con un positivo y pese a haber dado negativo en las pruebas PCR. Así pues, en las mochilas, lo de cada año: algunos libros, el material escolar, la bata del colegio y el desayuno, pero además en esta ocasión hay equipaje inédito. Una bolsa de tela con dos mascarillas de repuesto, gel hidroalcohólico y una botella o cantimplora de agua que podrán ir rellenando a lo largo del día, ya que las fuentes de la escuela están fuera de servicio, son las novedades de este curso.

Educación física: 2º de Primaria se cambia en el aula y 5º va en chándal desde casa

María, la hermana pequeña, que este año hace 2º de Primaria, lleva también la bolsa de educación física con la ropa pertinente, ya que, llegado el momento, en su propia aula, se vestirá adecuadamente para realizar deporte, pero la mayor, Ana, que inicia 5º de Primaria ha tenido que salir de casa con la ropa deportiva puesta y con ella permanecerá todo el día, ya que por el momento no se hará uso de los vestuarios, puesto que es casi imposible que se puede garantizar la correcta desinfección de estos espacios entre clase y clase. Así, ante la imposibilidad de usar las duchas tras la actividad física, unas toallitas húmedas deberán ser suficiente para asearse tras la sesión.

Clases divididas para bajar las ratios a menos de 20 alumnos por clase

Anécdotas al margen, el día empieza como en cursos anteriores. “¿Mamá, dónde está mi clase?”, una pregunta recurrente año tras año, pero que además en esta ocasión se suma a la inseguridad que genera en las niñas los obligados cambios que se han tenido que llevar a cabo en la configuración de las clases. La pequeña comparte aula con compañeros de cursos anteriores, pero no con todos ellos. Al ser necesario reducir la ratio para crear grupos burbujas de en torno a una veintena de alumnos, ha habido que dividir la clase original formada por 34 alumnos en dos grupos, con la mala fortuna que a ella le ha tocado en un grupo diferente al de sus mejores amigos desde los tres años. Se trata solo de un pequeño contratiempo, porque está claro que no tardará mucho en hacer nuevos grandes amigos, pero si a eso añadimos la inquietud e inseguridad que genera en ella el no conocer a su nueva tutora, a la que ni siquiera pone cara por el momento, ya que se trata de una nueva incorporación a la plantilla de la escuela, el nivel de incertidumbre e inseguridad alcanza niveles hasta ahora inéditos.

Pero ella no es la única que va a tener que hacer frente estos días a emociones difíciles de gestionar como las relativas a los miedos, inseguridades o incertidumbres que genera lo desconocido, muy generalizadas estos días entre el alumnado, ya que la necesidad de reducir el número de contactos que a diario puede establecer el niño en la escuela ha obligado, no solo a disminuir los alumnos por clase y, por lo tanto, a contratar nuevos profesores e incluso a reconvertir en tutores a profesionales del centro que hasta el momento no habían desarrollado esta labor, sino que también ha hecho necesario cambiar hábitos y rutinas.

El tutor impartirá más asignaturas

Ahora, excepto en materias muy técnicas y específicas como idiomas, educación física, informática o dibujo, un mismo tutor impartirá numerosas y variadas materias como matemáticas, lengua castellana y catalán o conocimiento del medio, de manera que ya se acabó el vaivén de profesores según la asignatura, así como las idas y venidas de alumnos por los pasillos para ir de una clase a otra. En los patios, se han reorganizado los espacios y los horarios para que no coincidan diferentes grupos de convivencia en una misma zona, llegando incluso a acordonar espacios para reducir la posibilidad de contagio, y en el comedor ha sido necesario establecer un riguroso horario de comidas por cursos y asignar a cada alumno un lugar fijo para evitar así ampliar el número de contactos diarios.

Tres horarios para recoger a los alumnos

Algo más complicado ha sido reorganizar la salida de la escuela al final de la jornada, porque si bien la llegada por la mañana ya es de por sí más escalonada, por la tarde la recogida era en un único horario. Ahora, solo en Primaria se han establecido tres horarios diferentes de recogida del alumnado según el curso, entre los cuales hay 5 minutos de diferencia, y además se han habilitado tres patios de la escuela como lugares de recogida entre los que se distribuirá a los alumnos que no hacen uso del servicio de autocar para evitar aglomeraciones. Solo un padre o responsable por niño podrá acceder al recinto y deberá intentar no entrar en contacto con otras personas.

Con todas estas medidas, más otras como la ventilación permanente de aulas, la limpieza continuada de espacios comunes, servicios y clases, el lavado de manos periódico... la escuela se presenta como el lugar más seguro, allí donde es menos probable que se produzca el contagio de los menores, que por ahora y a la espera de que una posible disminución del número de infectados diarios en Cataluña permita más flexibilidad, a partir de primero de Primaria deberán llevar mascarilla durante todo el día, incluso dentro de un mismo grupo de convivencia y en espacios al aire libre.

Sólo dos de los 5.455 centros educativos no abren por covid

De los casi 5.500 centros educativos catalanes que este lunes han vuelto a clase, sólo dos no han abierto por la covid: la escuela Joan Juncadella de Sant Vicenç dels Horts (Barcelona) y la escuela Ridolaina de Martinet de Cerdanya.

La dirección de la escuela Joan Juncadella de Sant Vicenç dels Horts (Barcelona), que abrirá el próximo día 17, pidió el pasado 4 de septiembre retrasar el inicio de curso porque buena parte de la plantilla está en cuarentena preventiva debido a un positivo de COVID entre el profesorado.

Una profesora se incorporó a principios de septiembre a su puesto de trabajo en el centro escolar sin ninguna sospecha sobre su estado de salud y tras haber participado en uno de los cribados masivos que se hizo en su municipio de residencia, cuyo resultado fue positivo de COVID-19.

En el caso de la escuela Ridolaina de Martinet i Montellà (Lleida) ha sido una sorpresa que no abriera. Un docente dio positivo e informó ayer al centro que tuvo que posponer el regreso a las aulas. Los cinco profesores de la escuela, que tiene 42 alumnos, se sometieron a pruebas PCR en el marco de un cribado en Puigcerdà y uno de ellos dio positivo, por lo que el resto de profesores están todos confinados como contactos estrechos.

Los colegios se cerrarán por cuarentena si hay dos o más casos de COVID en un mismo edificio y así lo determinan las autoridades epidemiológicas, y permanecerán abiertos hasta que acaben el curso escolar, incluso en situación de confinamiento, para acoger a los hijos menores de 12 años de los trabajadores esenciales y para seguir ofreciendo el servicio de comedor a los alumnos más vulnerables