La eficacia de la terapia con perros en el tratamiento del síndrome alcohólico fetal

Los niños con SAF que participan en la terapia asistida con animales impuslada por Vall d’Hebron presentan una mejora general del trastorno

El síndrome alcohólico fetal (SAF), que se origina a partir de daños en el desarrollo del sistema nervioso central por la ingesta de alcohol durante el embarazo, está infradiagnosticado y es poco conocida. No tiene cura y su tratamiento se focaliza en abordar farmacológicamente el trastorno psicológico que en el 90% de los casos va asociado al síndrome.

Así pues, los daños cerebrales no se pueden revertir, de manera que en un alto porcentaje, los niños y adolescente que sufren SAF no llegan a ser autónomos en la edad adulta. Y hay que poner de relieve que pese, a ser una patología poca conocida, en Estados Unnidos afecta a entre un 2% y un 5% de niños en edad escolar.

Las manifestaciones del sindrome alcohólico fetal pueden se físicas, como microcefalia, retraso en el crecimiento o malformaciones cardiovasculares, y conductuales y cognitivas. Éstas últimas son más frecuentes y se concretan en hiperactividad, impulsividad, dificultades en el aprendizaje, discapacidad intelectual, problemas en relación al pensamiento abstracto, dificultades de comunicación... «En general son personas muy influenciables, que tienen problemas con el control del dinero y del tiempo y que les cuesta relacionarse», comenta a modo de ejemplo Nuria Gómez, psiquiatra y responsable del Programa del síndrome alcohólico fetal del Servicio de Psiquiatría de Vall d’Hebron. Este programa de valoración multidisciplinar y tratamiento del SAF se puso en marcha hace 5 años, cuando «el boom de las adopciones internacionales provocó un aumento de la prevalencia», recuerda Gómez, quien sin embargo apunta que «no es necesario un consumo desmesurado de alcohol durante la gestión para provocar daños en el desarrollo del sistema nervioso central del feto, sino que un consumo social también puede tener estas consecuencias».

En este contexto, hace dos años, ante la necesidad de ofrecer nuevas herramientas para el tratamiento de estos menores y tras comprobar la eficacia de la terapia asistida con animales en pacientes con autismo, Vall d’Hebron, en colaboración con el Centro de Terapias Asistidas con Canes (CTAC) y con la financiación de la Fundación Probitas, puso en marcha la terapia asistida con perros para tratar el síndrome alcohólico fetal. «Como son chicos que tienen habilidades comunicativas deficitarias, creímos que al no tener que hablar con el perro y dado que éste no les juzga, conectarían con el animal y sería más fácil trabajar con ellos ciertos objetivos a través del juego», explica Gómez. Vall d’Hebron fue entonces el primer centro del mundo en usar la terapia con animales para el SAF y ahora, dos años después, un estudio confirma su eficacia.

«Durante los dos últimos años, 17 pacientes de entre 6 y 18 años han combinado la terapia con animales con la farmacológica, mientras que otros 16 más solo han realizado el tratamiento farmacológico y, al comparar los resultados de uno y otro grupo, es evidente que aquéllos que han participado en la terapia asistida con perros han mostrado una mayor mejoría a nivel de conductas de oposición y desafío, en habilidades sociales y los padres además refieren también una mejoría en la impresión de gravedad del trastorno», señala la psicóloga, quien comenta que la terapia con animales consistió en seis sesiones individuales con dos perros del CTAC y su técnica, así como con la psicóloga del equipo, durante las cuales se trabajaron objetivos concretos relacionados con la inquietud motora, las habilidades sociales y la comunicación, el control de impulsos... a través de la interacción y el juego con el perro, y media docena más en grupos de dos o tres niños para hacer especial hincapié en el trabajo de las habilidades sociales.

«Es un estudio pequeño pero es el primero que se realiza en el mundo para evaluar la eficacia de la terapia asistida con perros en los menores que sufren SAF y los resultados son positivos», constata Nuria Gómez.