Angustia vecinal en Barcelona ante los supermercados fantasma

Una protesta en el barrio de Les Corts pone de relieve la difícil convivencia entre vecinos y los nuevos modelos de negocio

Interior de un supermercado fantasma
Interior de un supermercado fantasma FOTO: Dija

Una protesta vecinal la semana pasada en el barrio de Les Corts ha puesto de manifiesto la silenciosa pero inexorable entrada en la ciudad de nuevos modelos de negocio. Quizás todavía resulte demasiado precipitado analizar el mundo resultante de la pandemia, pero alguna de sus consecuencias son ya muy palpables en lo que respecta a pequeñas rutinas como, por ejemplo, hacer la compra. No de esa compra grande cada una, dos o tres semanas, si no de los pequeños picos que a menudo se nos olvidan. Alguien ha detectado esa nueva necesidad y, como no podía ser de otra manera, ha creado una aplicación al respecto, que ha derivado en la proliferación de los supermercados fantasmas. Espacios cerrados al público salvo para un enjambre de motoristas y ciclistas ávidos de llevarnos esos picos a casa a cambio de pagar un poco más. Como decía aquel, el intermediario siempre sube el precio.

Pues bien, uno de estos supermercados debía ubicarse en el número 54 del pasaje de Chile, en el barrio de Les Corts a cargo de la empresa turca Getir. Pese a que por estos lares es todavía una semidesconocida, basta echar un ojo a la Premier League para ver su nombre estampado en la camiseta del Tottenham. El proyecto de supermercado, sin embargo, provocó una protesta vecinal que obligó al Ayuntamiento a tomar cartas en el asunto. Los vecinos temían que la tranquilidad derivada de una calle peatonal quedase empañada por el constante ir y venir de repartidores. «El Ayuntamiento se está gastando mucho dinero a pacificar entornos escolares y aquí hay un espacio que ya está pacificado, están permitiendo que haya un incremento desmesurado del tráfico», explican desde la Asociación de Vecinos de San Ramón.

Tras la mediación del Ayuntamiento, Getir se comprometía a transformar el local en un espacio de formación interna para el personal de la compañía. A través de un comunicado, la multinacional especializada en la entrega ultrarrápida de compra, ha asegurado que el local no tendrá actividad como tienda: “Estará abierto para el uso privado de forma integrada con el horario habitual del resto de negocios de la zona”. De este modo, se comprometen y aseguran que no supondrá ninguna interferencia en esta zona con prioridad peatonal. Esta era una de las principales preocupaciones de los vecinos, porque temían que el supermercado con reparto a domicilio a través de repartidores provocara un incremento exponencial del tráfico.

Getir es la primera empresa de entrega ultrarrápida de compra en todo el mundo. La firma turca llegó a España tras adquirir el pasado mes de julio la startup barcelonesa Blok. Arrancaba así en nuestro país con un total de 19 almacenes, 13 de ellos en Madrid y seis en Barcelona. Aunque faltaría por añadir los locales que tienen otras empresas como Glovo, Dija o la propia Amazon.

El funcionamiento de estas empresas es sencillo, pero su reclamo consiste en entregar la compra online en apenas 10 minutos. Getir, de momento, ya ha instalado seis supermercados fantasma en la capital catalana. Sus locales están dividido en dos espacios. Por un lado, en la entrada se sitúan los vehículos y la zona de espera de los repartidores. Y, al fondo del local, un espacio que recuerda a un supermercado tradicional, con estanterías en las que se expone el producto. La entrega a domicilio se realiza en pocos minutos, tanto de día como de noche. La aplicación calcula un tiempo estimado en función de la ubicación que, sin embargo, puede superar los 10 minutos prometidos. La empresa cuenta con un equipo de repartidores equipados con bicicletas y motos eléctricas. Los vehículos disponen de cofres para que los repartidores lleven los pedidos a la espalda.

¿Y la regulación? Por el momento, escasa o ninguna. Si bien es cierto que algunos partidos del arco municipal, como el PP o Junts, ya han anunciado su intención de llevar este asunto a comisión, los supermercados, como las cocinas fantasma, han cogido a los ayuntamientos con el pie cambiado ya que no tienen licencias específicas. En el caso de las cocinas fantasma el Ayuntamiento ya ha movido ficha ante la posibilidad de montar 40 cocinas industriales en un local, como ya ha ocurrido en Sant Martí y Les Corts. Cabe esperar que, en esta ocasión, no ocurra como con otros negocios de nuevo cuño, léase Airbnb, en el que la regulación llegó cuando el fenómeno estaba tan extendido que era prácticamente imposible ponerle el cascabel.