Teresa Pàmies: «A los españoles no les interesa que la España que se fue regrese de rodillas»

Un libro recupera algunas de las más destacadas cartas que escribió la autora de “Testament a Praga” a lo largo de su vida

Una imagen de Teresa Pàmies en su mesa de trabajo
Una imagen de Teresa Pàmies en su mesa de trabajo FOTO: Ajuntament de Barcelona

La conmemoración en 2019 del centenario del nacimiento de la escritora Teresa Pàmies permitió que regresaran a las librerías algunos de los principales títulos de una autora que nunca dejó de estar comprometida con las causas más justas. Como uno de los frutos de esa celebración, la Institució de les Lletres Catalanes y el Departament de Cultura acaban de publicar un pequeño gran volumen que nos rescata la voz de Pàmies desde una perspectiva íntima, la de sus cartas, una selección de las que redactó entre 1938 y 2002. Eso es lo que encontramos en «M’agrada escriure. M’agrada rabiosament», preparado por Montserrat Bacardí y con prólogo del escritor Sergi Pàmies, hijo de la autora de «Testament a Praga». Son un total de 32 cartas escritas desde Chicago, París o Barcelona, ya sean en catalán, castellano o inglés, a la familia. a escritores –como Tomàs Garcés, Rosa Leveroni o Maurici Serrahima– o a instituciones, editoriales o a la misma censura.

Las misivas aquí reunidas son, como apunta Sergi Pàmies, las que hacen referencia a la vertiente «más protocolaria», pero también «la más batalladora» cuando se dirige a los editores que no siempre cumplían con sus obligaciones contractuales, pero que también puede ser muy sentimental cuando se dirige a su hijo Tomàs o a sus amigos del exilio.

Para Teresa Pàmies, tal y como señala Bacardí en su estudio introductorio, la correspondencia «era el único medio de comunicación entre las personas queridas». Por eso se cree que debió redactar centenares a familiares, amigos, compañeros, pero también para gestionar trámites legales y administrativos, además de para sus actividades políticas y literarias.

Un buen ejemplo de la manera de actuar de Teresa Pàmies y la defensa de su obra y sus ideas la encontramos en una iluminadora carta del 22 de mayo de 1974. Está dirigida a quien era director general de cultura popular Ricardo de la Cierva, posteriormente ministro de Cultura en uno de los gobiernos de Suárez, además de historiador afín a los postulados franquistas. «Acaba de comunicarme la Editorial Martínez Roca de esta ciudad que, por segunda vez, ha sido desaconsejada desde Madrid la publicación de un manuscrito del que soy autora, titulado “La España que se fue” (expediente 133/74). Digo “por segunda vez” porque hace dos años conoció la misma suerte con el título “La España que errante”». Estamos en la recta final de la dictadura y Franco sigue todavía vivo. Por eso, resulta conmovedora la fuerza de la palabra de Pàmies al dirigirse a De la Cierva para quejarse de la prohibición a su obra con referencias a la inmigración laboral, pero también a aquellos que habían muerto en el exilio, como el poeta León Felipe o quien fuera alcalde de Sabadell, Josep Moix.

Sabía la escritora que se movía en un terreno peligrosos en aquel momento, por lo que «procuré evitar toda evocación susceptible de remover heridas de aquella Guerra Civil o atizar rencores que tan funestas consecuencias podrían tener para nuestro futuro, el de todos, el de los que perdimos la guerra y el de quienes la ganamos».

En la misma carta, Teresa Pàmies recupera unas palabras que unas semanas antes había pronunciado Ricardo de la Cierva durante una entrevista a la revista «Triunfo». En ella, el ilustre funcionario reconocía que era el momento de desbloquear tanto fondos testimoniales como documentales para poder conocer menor el pasado reciente. Se refería, según decía «Triunfo» a «el conocimiento de unos hechos que pueden tener un valor preventivo y político; es decir, no solamente como referencia al pasado que describen, sino con respecto al futuro».

Teres Pàmies ya había coincidido con Ricardo de la Cierva en Barcelona, durante la velada literaria en la que la escritora ganó uno de los premios Mundo con su libro «Quan érem capitans». «Pese a la cordialidad de nuestro breve encuentro, no me pareció elegante ni oportuno plantearle mis problemas con la Dirección General», escribe en la misiva.

Pàmies se presentaba como «una de las españolas del éxodo que, durante años y años, llamó a las puertas de los consulados de mi país hasta obtener el pasaporte español que me permitiera volver y quedarme. Aquí estoy. Por lo que hasta ahora me han publicado le consta que no he vuelto con ánimo revanchista».

Con una visión democratizadora, probablemente pensando que el final de la dictadura estaba cerca y que si venía un nuevo régimen se debía contar con todos, los que se quedaron y los que se fueron, Teresa Pàmies añade «a la convivencia dinámica y creadora de los españoles no le interesa que la España que se fue regrese de rodillas o muda».