Abrir los capilares después de desbloquear la arteria mejora el pronóstico de los pacientes de ictus

Un estudio demuestra que la administración de un tratamiento fibrinolítico después de la intervención para atrapar el trombo aumenta un 20% la tasa de independencia del paciente

El ictus es la  primera causa de daño cerebral adquirido que afecta a población cada vez más joven
El ictus es la primera causa de daño cerebral adquirido que afecta a población cada vez más joven FOTO: Centro de Neurología avanzada (CNA)

Un estudio, coordinado por investigadores del Hospital Clínic-IDIBAPS, ha demostrado que una combinación de tratamientos mejora el pronóstico de los pacientes con ictus isquémico y ello supone un cambio de paradigma en lo que se refiere a la práctica clínica en este ámbito.

El ictus isquémico, que se produce por la obstrucción de un vaso sanguíneo cerebral que provoca que el área cerebral afectada no reciba sangre ni nutrientes, representa el 80% de todos los ictus y provoca 6 millones de muertes al año en el mundo entero, siendo así la segunda causa de muerte y la primera causa médica de discapacidad a nivel mundial. Se estima que, debido al envejecimiento de la población, una de cada seis personas sufrirá un ictus a la largo de su vida, de manera que resulta imprescindible hallar nuevas vías de tratamiento que permitan mejorar los resultados, tanto en lo que se refiere a la mortalidad como a las secuelas. Y es que hasta día de hoy, con los tratamientos convencionales, solo el 27% de los casos en los que es posible eliminar el trombo, el paciente va a poder recuperarse, ser independiente y hacer vida con normalidad. El resto, sufrirá secuelas incapacitantes.

“En 2015 hubo una revolución en el campo del ictus, ya que en una serie de cinco estudios se demostró que con unos dispositivos se podía sacar los trombos o partículas que obstruyen la circulación de las grandes arterias. En el 85% de los casos, gracias a esta técnica, que se conoce como trombectomía mecánica y que consiste en la introducción de un catéter por la arteria femoral a través del cual se hace avanzar un stent hasta la arteria obstruida con el objetivo de capturar, entre las mallas del stent, el trombo y extraerlo después de la circulación, no solo se logra eliminar la obstrucción, sino que además la circulación regresa al cerebro con un 100% de capacidad, algo que se puede comprobar gracias a la imagen que ofrece la angiografía, una técnica radioscópica que permite ver la circulación en detalle”, explica el doctor Ángel Chamorro, jefe de la Unidad de Enfermedades Vasculares Cerebrales del Clínic-IDIBAPS, quien al respecto señala que “desde entonces, éste es el estándar óptimo de tratamiento para los pacientes que tienen un ictus en el que se produce la oclusión de una arteria importante”.

Sin embargo, durante estos siete últimos años, se ha visto que un número significativo de pacientes no se recupera del todo tras sufrir un ictus tres meses después de la extracción del trombo mediante esta técnica. De hecho, trascurrido este tiempo, solo el 27% son independientes y pueden volver a hacer su vida con plena normalidad. Ante esta evidencia, la idea prevalente a nivel médico era que ello se debía a que, pese a que se había logrado hacer recircular la sangre, la zona del cerebro afectada ya no era recuperable, sin embargo, los investigadores del Hospital Clínic-IDIBAPS pusieron en duda esta teoría, tomando como referente estudios previos en animales que demostraban que tras un ictus, cuando se lograba abrir la gran arteria, aquellas mucho más pequeñas, los capilares, los cuales no se pueden ver a través de las técnicas de imagen disponibles, como la arteriografía o angiografía, continuaban taponados.

En cualquier caso, tomando por cierta la hipótesis de los investigadores por la cual era necesario desbloquear también esos capilares para garantizar una mejor recuperación del paciente, el problema que se presentaba entonces era que resulta imposible entrar en estos capilares con los dispositivos mecánicos con los que se extraen los trombos en las grandes arterias, de manera que había que recurrir a otro método, como es el uso de fármacos capaces de triturar ese trombo, y esos fármacos son los que ya se estaban administrando a los pacientes antes de practicar la trombectomía mecánica cuando el trombo se localizaba en una arteria gruesa.

Se confirma la hipótesis

En esta línea, los investigadores pusieron en marcha el estudio CHOICE para verificar que, administrando estos fármacos fibrinolíticos tras desbloquear la arteria principal mediante una trombectomía mecánica, se lograba eliminar el trombo también en los capilares, desbloqueándolos, abriéndolos y mejorando así los resultados médicos. Al respecto, el doctor Arturo Renú, neurólogo del Clínic-IDIBAPS y coordinador del ensayo, asegura que “los resultados de este estudio van a cambiar la práctica clínica a nivel mundial y, lo más importante, van a cambiar la vida de los pacientes que sufren un ictus”.

Y es que el ensayo, que ha contado con dos grupos de pacientes, uno de los cuales recibía un placebo tras la trombectomía mecánica y al otro se le administraba el fármaco trombolítico, ha demostrado que el uso del fármaco para abrir los capilares tras desbloquear la arteria principal favorece de forma significativa la recuperación total del paciente. “Tres meses después del tratamiento, el porcentaje de pacientes que son totalmente independientes, sin ningún tipo de secuela, en el grupo al que se ha tratado con el fármaco es del 59%, mientras que en el grupo en el que éste no se ha administrado ese porcentaje es del 40%”, indica Chamorro o, dicho de otra “la tasa de independencia que tenemos en personas a las que, tras sufrir un ictus, les abrimos la arteria por completo es del 40%, mientras que, si abrimos también los capilares, es tasa aumenta casi un 20%”.

María Barranco es una de esas pacientes que participaron en el ensayo y puede acreditar los beneficios de esta nueva práctica clínica en el campo del ictus. “El 22 de enero de 2021 sufrí un ictus mientras me encontraba realizando una videollamada. Inmediatamente me llevaron al Hospital Clinic, lo que permitió hacer una intervención inmediata, algo que fue clave porque se trataba de un ictus muy grave”, comenta María, quien es plenamente consciente que, tras ser sometida a una trombectomía y recibir el tratamiento fibrinolítico, “pasé de estar en una situación muy grave, cercana a la muerte, a llevar ahora una vida normalizada, aunque con pequeñas secuelas que, con trabajo y rehabilitación, espero superar para quedarme como estaba antes del ictus”

En cualquier caso, el jefe de la Unidad de Enfermedades Vasculares Cerebrales y coordinador del estudio advierte que, pese a que “este estudio, publicado en la revista JAMA, marca un antes y un después en el tratamiento del ictus, tendremos que revalidarlo, ya que, debido a la pandemia, la empresa francesa que nos fabricaba el fármaco y el placebo no pudo suplir el placebo, ya que estaban fabricando fármaco activo, de manera que 28 de febrero de 2021 era la fecha de caducidad del placebo del que disponíamos para el estudio y, por lo tanto, a partir de esa fecha, tuvimos que cerrar el ensayo, con solo 121 de los 200 pacientes que necesitábamos”. Así pues, “parece razonable hacer CHOICE2 para alejar cualquier duda que pueda tener el científico más escéptico”.

De todos modos, pese a que es necesario validar los resultados del ensayo -financiado con dinero recaudado en la Marató de TV3 de 2016- para que éste tratamiento se incluya en las guías de práctica clínica, el uso del fármaco tras desbloquear la arteria principal ya es algo que se puede hacer a nivel clínico, puesto que éste es un fármaco que ya está disponible en la farmacia hospitalaria, puede ser prescrito y se ha demostrado su plena seguridad, ya que la tasa de hemorragia entre los pacientes que han participado en el ensayo y recibieron el fármaco es nula.