Clara Obligado o cómo sacar buena literatura de la naturaleza

La autora argentina publica en Páginas de Espuma el ensayo «Todo lo que crece»

La escritora argentina Clara Obligado
La escritora argentina Clara Obligado FOTO: Quique García EFE

La naturaleza es el material de trabajo literario del nuevo libro de la escritora argentina Clara Obligado. «Todo lo que crece», publicado por Páginas de Espuma, es una reflexión sobre el medioambiente y la escritura desde la perspectiva de quien fue alumna de Jorge Luis Borges.

La escritora, que la pasada semana estuvo en Barcelona, para presentar su obra, definió su «ensayito», como a ella le gusta calificarlo, como una obra «que cierra y completa ideas». «Todo lo que crece» nació durante el confinamiento, mientras la autora permanecía en un pequeño pueblo de la Sierra de Gredos llamado Robledillo de la Vega, de apenas 300 habitantes. «Lo escribí mirando las montañas, viendo pasar las estaciones y la pandemia», aseguró la autora de títulos como «La hija de Marx» o «Una casa lejos de casa».

Obligado arranca su trabajo poniendo la mirada en el Génesis, en el momento en el que tiene lugar el primer castigo que fue de corte botánico: la expulsión de lo que era el paraíso, es decir, de un jardín. Es a partir de ese punto que la escritora inicia un recorrido por la naturaleza, pero entretejida de pensamiento y literatura, ensayo y memorias. «Somos caperucitas. Soñamos con atravesar el bosque. Somos el mono, ese ser primigenio», reconoció.

Preguntada por sus referentes, por los nombres que ha tenido en cuenta para poder escribir su ensayo, a Obligado le gusta citar a dos escritoras. «Hay un pensamiento masculino que va de lo abstracto a lo abstracto, pero también hay un pensamiento femenino, al estilo María Zambrano o Natalia Ginzburg, que parte de lo cotidiano para llegar a lo más abstracto», dijo.

¿Borges puede ser otro referente? «No era nada exigente con sus alumnos. Tenía la capacidad de que al salir de la facultad te hacía sentir importante. He heredado esa precisión por la lengua. Ahora, por desgracia, no hay ese entusiasmo chiflado que había con Borges. Él te enseñaba a pensar, pero no es sagrado porque no hay nada sagrado. En todo caso, puedo decir que Borges me enseñó a no ser sofisticada», reconoció quien iba a las clases del autor de «El Aleph» en la Universidad de Buenos Aires.

Pero la clave para ponerse a escribir «Todo lo que crece» fue la conversación que mantuvo con otro escritor. Fue tomando un café con Federico Falco, que en aquellos momentos trabajaba en un libro sobre plantar un huerto y que acabó convirtiéndose en la novela «Los llanos». Clara Obligado recordó que «me dijo que no sabía a dónde iba, pero que estaba apuntando ideas de forma un poco desordenada, relacionándolas con la escritura, y pensé que yo tenía, desde hacía bastante tiempo, un fichero al que llamé “Jardín”, donde iba apuntando recuerdos personales ligados al campo, a la naturaleza en general». Cuando volvió al ordenador y abrió el archivo con lo que tenía escrito hasta ese momento, la narradora y ensayista pensó que toda su vida tenía «un hilo suave que la unía y que estaba relacionado con la posibilidad, o imposibilidad, de pensar en nuestro entorno, de intentar comprenderlo».

Clara Obligado nos invita a pensar con inteligencia en la naturaleza, aunque matizando que «su función no es darnos lecciones». Algo de todo eso tiene mucho que ver con los que vivió durante su infancia argentina en la Pampa «donde conocí manadas de avestruces. Allí no había silencio, algo que sí ocurre ahora cuando la visitas. Por eso, cuando llegué aquí, en 1976, me marcó mucho el silencio de los bosques». Rememorando ese pasado lo visualiza de una manera mágica porque «he vivido en el Jardín del Edén que era el campo en Argentina. Es una lástima cómo está ahora. Por ejemplo, mi padre tenía una zona que no había sido arada nunca. Por eso puedo decir que aquello era como el Jardín del Edén».

La autora de «Todo lo que crece» se define como una «optimista militante» a la que le gusta mirar adelante. «Estoy en ese punto». Tal vez por todo eso las páginas de su ensayo concluyen con la imagen de una mujer enseñando a su nieto la naturaleza. Una invitación a mirar y pensar.