Salud

El Hospital del Mar abre camino a la oferta de talleres de yoga para pacientes en el contexto hospitalario

En un par de semanas, pondrá en marcha esta actividad, dirigida a enfermos oncológicos, para ayudar a mejorar su estado emocional y físico, siguiendo así el ejemplo de los grandes centros de referencia a nivel mundial e introduciendo esta práctica en España, donde los hospitales aún no están abiertos a esta opción

Imagen de archivo de una taller impartido por Mireia Coma-Cros para enfermos de cáncer
Imagen de archivo de una taller impartido por Mireia Coma-Cros para enfermos de cáncerMireia Coma-Crosfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@4fafd5d4

En los últimos años, el yoga ha ido consolidándose, como una práctica complementaria al tratamiento médico con una gran eficacia demostrada en lo que se refiere a la promoción del bienestar, tanto físico como mental, de diferentes perfiles de pacientes, pero sobre todo de aquellos crónicos o con enfermedad oncológica.

De hecho, de los 50 mejores hospitales del mundo, el 75% ofrece o, como mínimo, recomienda el yoga, algo que es especialmente habitual en Estados Unidos, aunque en España es poco o nada frecuente. En este contexto, resulta muy novedoso que, a partir del 14 de febrero, el Hospital del Mar tenga previsto ofrecer a sus pacientes oncológicos talleres gratuitos de yoga, los cuales se impartirán en sus propias instalaciones y estarán financiados durante un año por la Fundación “la Caixa” a través de CaixaBank y la Fundación Amics de l’Hospital del Mar.

Sobre esta iniciativa, que se enmarca en el Programa ‘Un Respiro al Cáncer’ con el que el hospital ofrece apoyo a los pacientes más allá de lo relativo a la atención médica, el jefe del Servicio de Oncología Médica del centro, el doctor Joan Albanell, señala que “el yoga contribuye a cambiar la parte mental y física de los pacientes” y, en este sentido, hace referencia a “tres niveles de evidencia acerca de los beneficios de esta práctica entre los pacientes oncológicos: el de la experiencia de los pacientes que ya lo practican y que dicen que ha mejorado su estado de ánimo, su seguridad y los síntomas de la enfermedad, a la vez que ha reducido el cansancio; la evidencia científica, que apunta que contribuye a disminuir el estrés, la depresión y el dolor e, incluso, hay algunos estudios que indican que la práctica del yoga podría mejorar el sistema inmunológico; y las recomendaciones de las diferentes Sociedades, como la Americana de Oncología Médica, que es un referente”.

Al respecto, Mireia Coma-Cros, autora del libro Yoga para alejarnos del dolor y profesora de yoga con gran trayectoria en el campo del yoga terapéutico y formación en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center, donde hace más de dos décadas que se ofrece el yoga a los pacientes, explica que “lo realmente importante de esta práctica no son las posiciones en sí, sino que éstas son un medio para promover el equilibrio del organismo, serenar la mente y potenciar la homeostasis, que es el proceso que hace el organismo para llevar el cuerpo al equilibrio”.

En esta línea, entre los principales beneficios que el yoga puede aportar a los pacientes oncológicos destaca la autorregulación física, emocional, cognitiva y conductual. Sería lo que Harvard define como la identificación de patrones nocivos para sustituirlos por iniciativas más positivas. “Cuando los pacientes ven que tienen capacidad de regularse por por sí mismos desarrollan el sentido de agencia, es decir, de saber que pueden influir positivamente en su situación y ello les empodera y les da confianza y les permite pasar de una posición pasiva a una activa”, explica Coma-Cros, que será la encargada de impartir los talleres.

Además, “el yoga tiene los mismos beneficios que el ejercicio físico, con la ventaja que éste puede adaptarse a la condición física de la persona”. Por lo tanto, éste ayuda a flexibilizar las articulaciones, a fortalecer los músculos, a ampliar el rango de movimiento, a mejorar el equilibrio... En esta misma línea, “el yoga contribuye a reducir el dolor, ya que éste es un fenómeno multifactorial en el que interviene la dimensión física, pero también la mental”, comenta la profesora, para a continuación recordar que “esta práctica consiste en llevar a cabo posiciones y movimientos, en regular la respiración, en la relajación profunda y la meditación y la combinación de todo ello hace que tenga este efecto de reducción de la sensación de dolor”, así como también el estrés.

“Nuestro sistema nervioso se divide en dos subsistemas: el simpático, que es el de la lucha y la huida, y el parasimpático, que se asocia a la relajación. Los pacientes oncológicos, frecuentemente, se encuentran en una situación de estrés, de manera que el sistema simpático está siempre activado, mientras que el parasimpático se encuentra casi totalmente inhibido, así que el estrés les produce desgaste, empeorando así las variables físicas y psicológicas del paciente”, explica Coma-Gros, quien al respecto indica que “el yoga tiene la capacidad de favorecer el sistema parasimpático, fomentando así que afloren las emociones positivas y que el paciente acepte la situación que está viviendo, lo cual proporciona paz y calma”.

En definitiva, esta práctica “ayuda a reducir los pensamientos negativos, a debilitarlos y situarlos en un segundo plano y eso te da distancia, la cual te permite salir del estado de piloto automático y dejar de dar vueltas a lo mismo para poder ver opciones más positivas y eso es lo mismo que sucede con el dolor crónico”, apunta.

El yoga es, pues, una eficaz herramienta para garantizar el bienestar de los pacientes y mejorar su estado anímico, siempre y cuando éste se adapte a su condición física, y, si bien son muchas las personas con enfermedad oncológica que, por iniciativa propia, ya recurren a esta práctica para mejorar su situación, en España ésta apenas se ofrece en el contexto hospitalario y, para Coma-Cros, “es necesario que ello se produzca, porque, de esta manera siempre habrá un consentimiento del médico y no se realiza esta actividad al margen del oncólogo y, además, cuando el yoga se ofrece en el contexto del sistema sanitario, supone una importante reducción de costes para el mismo”. “La prevención mediante la promoción de hábitos saludables, la práctica de ejercicio físico, la reducción del dolor, la mejora del estado anímico... todo esto que aporta el yoga se traduce en un menor consumo de los recursos del sistema sanitario por parte del paciente”.

En cualquier caso, tal y como pone de relieve Coma-Cros, para que estas sesiones, que tendrán una periodicidad semanal y una duración de hora y media, resulten efectivas y beneficiosas para el paciente oncológico, deben adaptarse a este público tan especifico. “Trabajamos con posturas y movimientos muy suaves, que, a su vez, pueden adaptarse a las limitaciones particulares de cada individuo, razón por la cual las sesiones están pensadas para unas 12 personas, ya que con un grupo reducido es más fácil atender a las necesidades de cada uno”, asegura la profesora, para finalmente concluir que el objetivo principal de este taller es “promover la práctica del yoga en casa”. “La idea es dar a los pacientes las herramientas para que puedan gestionar mejor la complejidad de su proceso oncológico y las puedan aplicar en casa”