Sociedad

¿Por qué querría hacer cacas cúbicas?

El uómbat es un animal raro incluso para vivir en Australia. Sus heces son cúbicas y el motivo ha traído de cabeza a investigadores durante varias décadas.

Excrementos de uómbat
Excrementos de uómbatBjørn Christian Tørrissen

La ciencia ha avanzado muchísimo en los últimos años. Ahora tenemos respuestas para cosas que ni siquiera sabíamos que podíamos preguntarnos. Hemos encontrado agua líquida en otros mundos, podemos editar el genoma a voluntad y la teoría cuántica de campos nos habla de la naturaleza de la materia misma. Contemplando esta obra, es normal que mucha gente crea que ya está todo descubierto, pero se equivocan. Hay mucho que ni siquiera sabemos que desconocemos, hay preguntas profundas que siguen sin respuesta y por supuesto, hay cuestiones ridículas que tampoco hemos conseguido contestar. A la ciencia le interesan todas ellas, tanto descubrir cómo se originó la vida como entender por qué hay un animal que hace heces cúbicas.

Efectivamente, no has leído mal. El uómbat (Vombatidae) es un marsupial con la extraña costumbre de darle una forma cúbica a sus deposiciones. Algo tan absurdamente trivial como eso ha tenido a los expertos bastante confundidos durante años y aunque ahora parece que está claro cómo lo consigue, queda entender qué beneficio saca de esto el pobre animal.

Un intestino especial

El uómbat es un marsupial, como el canguro o el koala, de hecho es pariente de estos, aunque que bastante lejano. Se estima que los antepasados del uómbat se separaron del resto de marsupiales hace unos 40 millones de años. Durante bastante tiempo se pensaba que los ancestros de este animal habían sido marsupiales del tamaño de un hipopótamo, los Diprotodon, pero ahora se cree que estaban bastante menos emparentados de lo que parecía. No obstante, el uómbat no necesita recurrir a parientes suyos para destacar, es un animal extraño por méritos propios.

Madriguera de un uómbat en el valle de Belvoir (Tasmania)
Madriguera de un uómbat en el valle de Belvoir (Tasmania) Anna Hackett

Por un lado, tiene un metabolismo extremadamente bajo, lo cual le permite alimentarse íntegramente de plantas, difíciles de aprovechar, y a la vez, derrochar energía cavando galerías de hasta 30 metros de largo en las que introducir su cuerpo de un metro y 30 kilos. Es por ello, el herbívoro más grande de los que viven en túneles y el truco está en su extremadamente lento intestino, donde las heces pueden pasar 3 días y perder más de un 40% de su agua frente al 20% que retenemos nosotros. De este modo también puede extraer más nutrientes, rentabilizando lo comido. Pero hablando de su intestino, el verdadero misterio está en lo que expulsa, esas heces cúbicas. ¿Cómo son posibles?

Durante mucho tiempo se sospechó que la clave estaba en el ano del uombat. Puede que parezca una de esas frases que nunca creíste que leerías, pero sí, así es. Los zoólogos sospechaban que los esfínteres anales, esos músculos que se encargan de cerrar la salida del intestino, podían tener una estructura especial, capaz de cortar las heces en dados casi perfectos, como si fuera una manga pastelera. No obstante, nada en la anatomía del uómbat apuntaba en esa dirección.

Un segundo intento planteó que podía existir un hueso o un conjunto de ellos, contra los que el intestino apretujaba su contenido moldeándolo hasta formar los misteriosos cubos. El problema es que dichos huesos no parecían existir y solo estaban en la mente de los teóricos. De hecho, nada en la anatomía del uómbat parecía justificar que excretara dados. No importa cuántas necropsias se hicieran, no se encontraba una respuesta.

Manualidades anatómicas

Sin embargo, esto cambió hace relativamente poco gracias a Patricia Yang. Todo empezó durante una conferencia en la que Yang estaba exponiendo una nueva teoría matemática indicando que, de media, los animales dedican 21 segundos (+-13 segundos) a cada defecación. Aquel trabajo le valió a ella a Scott Carver y a David L. Hu el IgNobel de Física en 2015. En cualquier caso, durante la presentación de sus resultados alguien del público le hizo saber de la peculiar cualidad de los uómbats. Aquello parecía un misterio digno de estudiar, así que Yang decidió experimentar y formó un equipo de investigación. Sus primeros pasos consistieron en dejar colgar el intestino de un uómbat para que fueran deslizándose por su interior las heces y de ese modo poder comprobar si estaban correctamente alineadas. Y lo estaban, gracias a ello pudo saber que la clave no estaba dentro ni fuera del propio tubo, sino que era el intestino en sí mismo.

Heces de uómbat encapsuladas en resina (The National Poo Museum)
Heces de uómbat encapsuladas en resina (The National Poo Museum) The National Poo Museum

Aunque parecía un cilindro bastante regular, cuando la parte final del intestino grueso del uombat se llenaba, las paredes se dilataban de forma desigual. Patricia Yang encontró que, a lo largo del tubo, había tiras más rígidas y otras más elásticas. Como si fuera una manualidad cualquiera, su equipo comenzó a inflar dentro del intestino un globo alargado, de estos con los que se hacen perritos en los cumpleaños infantiles. Las paredes de las tripas empezaron a expandirse y pronto se vio que no lo hacía de forma homogénea. Aparecían bultos y relieves que antes no estaban y se dejó entrever una especie de prisma con sus aristas y sus lados. Es cierto que, para conseguir cubos perfectos, harían falta cuatro franjas elásticas y otras cuatro bien firmes, y aunque los investigadores no encontraron todas las que buscaban, pero se sospecha que pudo deberse a haber ejercido poca presión sobre las paredes intestinales. Y ahora es cuando llega la verdadera pregunta: ¿por qué? ¿Qué gana el uombat con todo esto?

Excrementos a la fuga

Buceando en artículos científicos uno puede leer todo tipo de justificaciones para estos excrementos tan geométricos, pero hay uno que destaca como el más probable. Los uómbats, a pesar de vivir en madrigueras comunitarias, son extremadamente territoriales. Marcar el territorio es fundamental para ellos y una manera de hacerlo es con sus heces. Sin embargo, es fácil que estas rueden colina abajo o a través de galerías inclinadas, por lo que se pierden y acaban marcando territorios en los que el uómbat no tendrían ningún interés. O al menos, esto es lo que se cree que pasaría si los excrementos fueran redondeados. Su forma cúbica es clave para evitar que la gravedad les arrastre lejos de donde fueron depositados.

Uómbat común (Vombatus ursinus) en Adelaida
Uómbat común (Vombatus ursinus) en Adelaida Australian Photos-In Action

Sabemos que los pájaros han desarrollado una estrategia parecida para evitar que sus huevos rueden fuera del nido. En las especies que viven en marsimas u otras zonas cercanas a acantilados, los huevos no son redondos, sino alargados y con un extremo más grande que otro. Mucho más que en el caso de los huevos de gallinas a los que estamos acostumbrados. Por otro lado, es cierto que la deposición de excrementos más blandos permite que se adapten al suelo en lugar de rodar, pero eso implica haber extraído menos agua y nutrientes de ellos, cosa que haría insostenible la vida herbívora y subterránea de los uómbats. Por esos motivos se considera que esta explicación está bien justificada, no obstante, aunque suena bien, es una idea bastante especulativa.

De hecho, en muchas ocasiones buscamos encontrar un motivo por el que los animales han evolucionado de un modo y no de otro, y mientras lo hacemos olvidamos que en muchas ocasiones son cosas que ocurren. Un individuo con determinados rasgos extraños estuvo en el momento adecuado en el sitio adecuado. Puede que sobreviviera a una catástrofre y su peculiaridad se pasara a los descendientes no tanto por ser buena, sino porque no habría otros machos o hembras donde elegir. Esto no quiere decir que el intestino del uómbat sea pura casualidad, pero es una opción que no podemos descartar de partida.

A fin de cuentas, es fácil caer en teleologías, atribuir una finalidad a los cambios dados por la evolución. Es una visión atractiva e intuitiva, pero que conduce a paradojas extrañas y a la necesidad de atribuir voluntad al proceso ciego y sin director.

Las cosas son como son, a veces porque son beneficiosas, otras porque simplemente ocurrieron así. Tal vez por eso sigan existiendo tantas incógnitas triviales, porque a pesar del tiempo que llevamos investigándolas nos cuesta salir de esa perspectiva tan humana donde hay culpables y bienhechores. La naturaleza ni es así ni piensa como nosotros, de hecho no piensa, y por eso, suele ser más fácil encontrar respuesta a un “por qué” que a un “para qué”.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • El uómbat no es simplemente un pariente menor del Diprotodon, como se creía hasta ahora. Son, evolutivamente, bastante más diferentes de lo que se consideraba.
  • Aunque hay sospechas, no se tiene del todo claro el beneficio de la curiosa geometría de sus excrementos.
  • Pueden parecer adorables sus garras son afiladas y poderosas y su zona lumbar está blindada con una capa de cartílago y una piel extremadamente gruesa. Eso y su ausencia de cola les permite protegerse en madrigueras con tan solo darle la espalda a sus atacantes. De hecho, en ocasiones dejan que el predador introduzca la cabeza sobre su lomo para presionarle contra el techo del túnel hasta asfixiarle, aprovechando la fuerza de sus cuartos traseros.

REFERENCIAS (MLA):