Los peligros de respirar polvo lunar

Además de la falta de aire y la radiación espacial, uno de los mayores peligros de vivir en la Luna es el suelo.

Imagen del documental “Misión Apolo”
Imagen del documental “Misión Apolo”

Mandar seres humanos a la Luna supuso un reto tecnológico inmenso, pero, en cuanto llegaron a la superficie de nuestro satélite, los astronautas se enfrentaron a un problema que acabó siendo bastante más molesto de lo que se había anticipado: el regolito, la capa de polvo finísimo que recubre el suelo lunar.

Suelo triturado

El espacio está repleto de meteoroides, pequeños fragmentos de roca y/o metal que dan vueltas alrededor del Sol a velocidades de decenas de kilómetros por segundo. La mayor parte de este material son trocitos minúsculos que no superan el milímetro de diámetro, pero, dada la velocidad a la que viajan, su energía cinética es enorme. Una prueba de ello es lo que ocurre cuando estos granos de polvo espacial se precipitan hacia la Tierra: se desintegran en la atmósfera con un intenso fogonazo, un fenómeno al que llamamos estrella fugaz.

Ahora bien, un astronauta nunca verá estrellas fugaces mientras se pasea por la Luna porque nuestro satélite no tiene atmósfera. Eso significa que, en lugar de desintegrarse a cierta altitud, esos granos espaciales de roca y metal tienen vía libre para estrellarse contra la superficie lunar a velocidades de decenas de kilómetros por segundo. En escalas de millones de años, el choque constante de estas masas microscópicas va triturando las rocas lunares y dividiéndolas en fragmentos cada vez más pequeños hasta convertirlas en un polvo muy fino.

La pisada de uno de un astronauta sobre el suelo polvoriento de la Luna.
La pisada de uno de un astronauta sobre el suelo polvoriento de la Luna.

El resultado de esos millones de años de bombardeo es el regolito lunar, una gruesa capa de roca pulverizada que cubre la superficie de la Luna. Alrededor del 95% de los granos de material de esta capa miden menos de 1 milímetro de diámetro, el 50% no alcanzan los 60 micrómetros y entre el 10 y el 20% ni siquiera superan los 20 micrómetros. La textura del polvo lunar se suele comparar con la de la harina, pero, al estar hecho de roca triturada, es tan abrasivo como el papel de lija. Si a estas propiedades añadimos su alta reactividad química, el resultado es un polvo respirable que puede causar graves daños en el sistema respiratorio de los astronautas.

Los peligros del polvo

El principal peligro de estas partículas minúsculas es que su superficie es muy grande en proporción con su tamaño. Para dar una idea de cuánto incrementa la superficie de un material a medida que se divide en pedazos cada vez más pequeños, imaginemos un cubo de un metro de lado. Al poseer 6 caras con una superficie de 1 metro cuadrado (m²) cada una, la superficie total del cubo será de 6 m². Sin embargo, si lo dividimos en 8 cubos de 50 centímetro de lado cada uno, ahora esa misma masa de material contará ahora con 48 caras de 0,25 m² cada una. Eso representa un total de 12 m², el doble que el cubo original. Y si dividimos cada uno de esos ocho cubos por la mitad, obtendremos 64 cubos de 0,25 centímetros de lado y una superficie total de 24 m².

El hecho de que el área de un material incremente cuando se reduce a polvo afecta a sus propiedades químicas. La más notable es su reactividad: como las reacciones químicas tienen lugar en las superficies en las que dos sustancias entran en contacto, un material reducido a polvo normalmente tendrá una reactividad mucho mayor que cuando era un mazacote macizo.

Y ahí radica el peligro principal del polvo lunar: debido a su alta reactividad y a su poder abrasivo, respirar partículas que tienen un diámetro inferior a 1 micrómetro puede producir edemas, inflamación, fibrosis o incluso cáncer en los casos de exposiciones prolongadas. Por si esto fuera poco, además de afectar a las vías respiratorias y a los pulmones, el fino polvo del regolito lunar también produce molestas irritaciones en los ojos y la piel... Unos efectos que no les hicieron mucha gracia a algunos de los astronautas de las misiones Apolo.

Mordiendo el polvo

Los astronautas de las 6 misiones tripuladas que visitaron la Luna proporcionaron testimonios curiosos acerca de su interacción con el regolito lunar. El polvo no representaba un gran problema cuando estaban enfundados en sus trajes espaciales y paseando por la superficie de la Luna, pero las cosas se complicaban en cuanto entraban en el módulo lunar y se quitaban los cascos.

El astronauta Eugene Andrew Cernan dentro del módulo lunar durante la misión Apolo 17. Nótese el polvo que cubre su traje espacial.
El astronauta Eugene Andrew Cernan dentro del módulo lunar durante la misión Apolo 17. Nótese el polvo que cubre su traje espacial.NASA

El polvo tenía la tendencia de quedarse pegado en todas las superficies y quitarlo era muy difícil, pero, más importante aún, irritaba los ojos y las narices de los astronautas. Este es el motivo por el que los tripulantes de la misión Apolo 12 procuraban llevar los cascos puestos durante el mayor tiempo posible, pese a que estuvieran resguardados dentro del módulo. Los integrantes de la misión Apolo 17 se enfrentaron a un problema similar, con declaraciones como «aunque sentía mucha irritación en los senos y fosas nasales desde que me quité el caso, a las dos horas se había reducido considerablemente» o «[realicé la actividad] sin el casco puesto y me arrepentí porque el polvo me molestaba mucho en los ojos y la garganta».

La situación empeoraba aún más cuando los módulos lunares emprendían su viaje de vuelta a la Tierra ya que, en condiciones de microgravedad, todo el polvo que había entrado en el vehículo se quedaba flotando en el aire de la cabina. El informe de la misión Apolo 12 resume muy bien lo inquietante que este fenómeno resultaba para sus tripulantes: “una gran cantidad de polvo y partículas pequeñas flotaban libremente en la cabina. El polvo hacía que respirar sin el casco puesto fuera difícil y peligroso y había suficiente polvo y partículas presentes en la cabina como para que afectaran a la visión”.

Por suerte, parece que el regolito no supuso ningún peligro grave para la salud de ninguno de los astronautas durante su estancia en la Luna. Aun así, las molestias ocasionadas por el polvo pueden facilitar los despistes y los accidentes, por lo que su experiencia sirvió para demostrar que gestionar el polvo lunar será uno de los mayores retos a los que se enfrentarán los futuros proyectos de colonización de nuestro satélite.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • En los mercadillos es común encontrar unos cristales pulidos que se venden bajo el nombre de «piedra lunar». Pese a lo que pretende sugerir su nombre, estos cristales no proceden de la Luna. Simplemente son fragmentos de feldespato terrestre pulidos.

REFERENCIAS (MLA):