Cuando la Armada Imperial Japonesa mandó 9000 globos incendiarios a través del Pacífico

Los primeros «misiles» intercontinentales no estaban propulsados por cohetes, sino por el viento.

Mientras algunos países que estaban involucrados en la Segunda Guerra Mundial centraban sus esfuerzos en desarrollar la tecnología necesaria para fabricar misiles de largo alcance, los científicos de la Armada Imperial Japonesa idearon un método mucho más simple y barato con el que pretendían desatar el caos en territorio estadounidense sin salir del archipiélago nipón. Su plan era sencillo: enviar bombas hacia el territorio enemigo usando la corriente de aire que sopla a través del Pacífico desde el norte de Japón hasta la costa oeste de Estados Unidos. Pero las cosas no les salieron como esperaban.

Los vientos alisios

Es probable que alguna vez hayáis oído hablar del efecto Coriolis y de sus consecuencias sobre la circulación del aire en la atmósfera. Si no es así, el fenómeno se puede resumir de la siguiente manera.

Como la Tierra es una esfera, cada punto de su superficie traza un círculo con un diámetro distinto alrededor de su eje de rotación según la latitud en la que se encuentre. Los puntos que están sobre el ecuador describen una circunferencia con un perímetro de unos 40 000 kilómetros, pero, si nos desplazamos hacia los polos, el círculo que trazamos alrededor de ese eje disminuye cada vez más. Por ejemplo, al estar más cerca del polo norte que las regiones ecuatoriales, Barcelona y Reikiavik describen círculos con un perímetro de 30 000 y 17 500 kilómetros, respectivamente.

Ahora bien, aunque cada punto del planeta recorra una distancia distinta alrededor del eje de rotación según cuál sea la latitud, todos y cada uno de ellos tardan 24 horas (un día) en completar una rotación. Como cada día los puntos que están sobre el ecuador recorren una mayor distancia alrededor del eje de rotación terrestre, eso significa que su velocidad es más alta que los que están más cerca de los polos. Volviendo a los ejemplos anteriores, cualquier punto que se encuentre sobre el ecuador, en la latitud de Barcelona o en la de Reikiavik se moverá a 1 667 km/h, 1 250 km/h o 732 km/h.

Y aquí llega el dato importante: como la superficie de la Tierra arrastra consigo la atmósfera que descansa sobre ella mientras rota, el aire también tiende a moverse a velocidades distintas según la latitud en la que se encuentre. Si a eso añadimos la tendencia que tienen los gases de circular entre el ecuador terrestre y los polos debido a las diferencias de temperatura, la interacción entre estos fenómenos da lugar a una serie de corrientes de aire permanentes que tienden a soplar en una dirección preferente durante todo el año en cada latitud: los llamados vientos alisios.

Globos y vientos alisios

Los marineros llevan siglos usando las corrientes de los vientos alisios para propulsar sus barcos de vela. Hoy en día las rutas marítimas se trazan siguiendo la ruta más corta posible porque los barcos tienen un medio de propulsión propio, pero, antes de que llevaran motores, la distancia más corta entre dos puntos no era necesariamente la ruta más rápida porque los vientos no siempre eran favorables. De hecho, en esa época se seguían las rutas que garantizaban que los vientos alisios impulsarían los barcos durante el mayor tiempo posible, lo que permitía llegar más rápido al destino pese a que la distancia recorrida fuera mayor.

Pues, bien, resulta que una de esas corrientes permanentes sopla a una altitud superior a 9 kilómetros desde el norte de Japón hasta la costa oeste de Estados Unidos. E, igual que hicieron los marineros en el pasado, la Armada Imperial Japonesa quiso usarla durante la Segunda Guerra Mundial para atacar de forma remota al enemigo que tenía al otro lado del océano: Estados Unidos.

El ejército nipón ideó unos globos aerostáticos a los que llamaron «Fu-Go» que estaban llenos de hidrógeno y portaban una carga explosiva y otra incendiaria. En cuanto los globos se soltaban, ascendían hasta unos 9 000 metros de altitud y los vientos alisios los conducían hasta la costa oeste estadounidense. Además, los globos estaban equipados con un sistema electrónico que soltaba lastre cuando detectaba que la altitud del globo bajaba de los 9 000 metros o expulsaba hidrógeno si su altitud superaba los 12 000 metros. Así se garantizaba que los globos se mantendrían en la franja de la atmósfera en la que los vientos los conducirían hasta su objetivo y que tardarían unos 3 días en recorrer los 8 000 kilómetros que separaban los dos países.

Bombardeo fracasado

El plan de la Armada Imperial Japonesa era garantizar que la carga incendiaria y explosiva de los Fu-Go estallara en territorio estadounidense, causando víctimas civiles, dañando edificios y provocando una gran cantidad de incendios forestales. De esta manera, Estados Unidos se vería obligado a desviar una gran cantidad de recursos destinados a la guerra para intentar arreglar y controlar los contratiempos que estaban causando los globos japoneses... Pero la situación que crearon estos artefactos no acabó siendo tan caótica como sus creadores habían anticipado.

La Armada Imperial Japonesa empezó a lanzar globos en noviembre de 1944 porque la corriente que debía llevarlos hasta EEUU alcanza su máxima velocidad entre ese mes y marzo. Aunque esta decisión incrementaba las probabilidades de que los Fu-Go se adentraran en territorio estadounidense, también implicaba que llegarían a su objetivo en época de lluvias y que la efectividad de las bombas incendiarias se vería reducida, especialmente a la hora de provocar incendios forestales.

De los 9 000 globos estimados que se lanzaron, se estima que sólo unos 1 000 alcanzaron el territorio estadounidense. Es cierto que algunos de estos artefactos se adentraron muchísimo en el país, llegando a alcanzar puntos tan al este como Michigan, pero la inmensa mayoría no explotaron o cayeron en el océano o sobre zonas despobladas. Aun así, esta campaña se cobró seis vidas: las de una mujer embarazada y cinco niños que tuvieron la mala suerte de toparse con uno de estos globos tirado en el suelo mientras buscaban una zona donde hacer un pícnic en el sur de Oregón. Los daños materiales se limitaron a dos pequeños incendios y un corte temporal en el suministro eléctrico de la central nuclear de Hanford, en Washington.

En términos militares, la campaña de la Armada Imperial Japonesa fue un fracaso y los Fu-Go fallidos se siguen encontrando de vez en cuando hoy en día en lugares remotos, casi ochenta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. El último caso ocurrió en 2019, cuando un cazador dio con los restos de uno de estos artefactos entre un montón de madera quemada en medio de un bosque en la Columbia Británica, Canadá. De hecho, eso refleja que, al menos, los Fu-Go fueron un concepto interesante: la primera arma de la historia con alcance intercontinental y no usaba más que el viento para llegar silenciosamente hasta el territorio enemigo.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Aunque resultaba difícil para la Armada Imperial Japonesa obtener información de lo que estaba ocurriendo en territorio estadounidense, la campaña de los globos Fu-Go se suspendió en 1945 porque, pese a su alto coste, no se observaron evidencias de que estuviera afectando a las fuerzas militares de EEUU.

REFERENCIAS (MLA):