El día en que Inglaterra creyó vencer a la gravedad

Eran las 9:47 de la mañana del 1 de abril de 1976 cuando los teléfonos de la BBC comenzaron a sonar. Se trataba de decenas de personas contando cómo habían flotado en el aire por unos instantes.

Imagina los teléfonos una de las mayores emisoras de radio del mundo echando humo. Las llamadas se agolpan y la lista de espera es cada vez más larga. Decenas de ciudadanos quieren compartir los extraños sucesos que acaban de vivir. Extraños sucesos que son, casualmente, lo mismo. Todos hablan con incredulidad de cómo, hace apenas unos minutos, sus pies se despegaron ligeramente del suelo o cómo, en medio de un salto, notaron que su caída estaba siendo más lenta de lo normal.

¿Qué había sucedido? ¿Había vencido Inglaterra a la mismísima gravedad durante un par de segundos? ¿Por qué no había sucedido en el resto del mundo? La respuesta la habían dado en esa misma emisora en palabras del astrónomo Patrick Moore y la culpa, la tenían Júpiter y Plutón. O al menos, eso querían hacerles creer.

El efecto gravitacional joviano-plutoniano

Sir Patrick Alfred Caldwell-Moore era un astrónomo aficionado y uno de los mejores comunicadores científicos de su tiempo. Su currículum era incluso más largo que su nombre y se había ganado una de esas reputaciones que visten de autoridad cualquier cosa que digas. Era una de esas voces de la razón y pudo dar cuenta de ella desde los micrófonos de la insigne BBC. La combinación era demoledora, así que Patrick Moore decidió aprovecharla para dar una importante noticia.

El 1 de abril de 1976, a las 9:47 de la mañana, podríamos ser partícipes de un hecho astronómico bastante curioso: Júpiter, Plutón y la Tierra nos alinearíamos, algo que sucede aproximadamente cada trece años. Pero cuando decía “ser partícipes” lo decía con toda intención, porque Patrick Moore prometió a sus oyentes que los efectos de tal conjunción podrían ser sentidos en todo el planeta.

Según explicó el astrónomo, la descomunal gravedad del masivo Júpiter tiraría de nosotros en la misma dirección que Plutón, sumándose entre ambos para contrarrestar la gravedad de la mitad próxima del planeta Tierra y aumentar la de la otra mitad del globo. No harían falta telescopios, ni siquiera prismáticos para presenciar la conjunción, porque lo notarían en sus propias carnes. Así que Patrick Moore aconsejó a sus oyentes que saltaran a las 9:47 del primer día de abril y disfrutaran de una ligera sensación de ingravidez. Evidentemente, volverían a caer a tierra, pero un poco más lento de lo normal, percibiendo una extraña sensación, como si flotaran.

Y así fue exactamente como sucedió. Los oyentes probaron, quedaron estupefactos y llamaron como alma que lleva el diablo para relatar sus vivencias. Habían flotado de verdad, Patrick Moore tenía razón. Solo había un problema: que no era verdad.

El bueno de Patrick Moore

Patrick era un bromista. Tal vez no un bromista tal y como lo entendemos aquí, pero estaba cargado de humor británico. Todo aquello del efecto gravitatorio joviano-plutoniano no era más que una milonga, una broma con la que pretendía engañar a sus oyentes en un día muy señalado. Porque si bien nosotros celebramos el día de los inocentes el 28 de diciembre, los anglosajones lo hacen el primer día de abril. Le llaman “el día de los bobos” y qué mejor manera de aprovecharlo que con el altavoz que proporciona una radio de emisión nacional.

La idea era divertirse un poco, pero ya de paso, poner a prueba los límites de nuestra percepción. Demostrar públicamente hasta qué punto nuestros sentidos son falibles y qué fácil resulta ver y sentir exactamente lo que queremos ver y sentir. La percepción es muy sugestionable, pero a pesar de lo poco objetiva que resulta para conocer el mundo, tendemos a tomarla como una verdad universal. Hemos visto tal o cual cosa con nuestros propios ojos, o escuchamos algo nosotros mismos, pero no siempre tiene el valor que creemos.

Pero ¿y si es cierto que se pueden percibir cambios en la gravedad producidos por los otros planetas de nuestro sistema solar? ¿Podría ser que alguna vez lo hubiéramos experimentado sin saberlo? La mejor respuesta posible y la más sencilla consiste en recordar que la Luna, aunque es más pequeña que Marte o Júpiter, está tan cerca de nosotros que es la causante de las mareas.

El agua de la parte de la Tierra más cercana a la Luna se siente atraída hacia ella, al igual que la del lado exactamente contrario. Al girar la Luna a nuestro alrededor, las mareas van rodeando el globo, repitiéndose cíclicamente un par de veces al día. Su influjo es claramente portentoso, pero dime ¿te has notado más ligero durante las mareas altas? Lo dudo mucho, y sin embargo no existe ningún otro cuerpo en todo el sistema solar cuya gravedad pueda afectarnos de forma ni remotamente comparable.

Coches y canicas

De hecho, una buena forma de hacernos a la idea de qué poco contribuye Júpiter y Plutón a nuestra gravedad es comparar su influjo atractor sobre nosotros con el de objetos cotidianos. La gravedad tiene la mala costumbre de perder rápidamente su poder a medida que nos alejamos de ella, por lo que no solo hay que tener en cuenta el descomunal tamaño de Júpiter, un planeta con una masa equivalente a la de 318 Tierras, sino su distancia, unos 600 millones de kilómetros. Pues bien, teniendo esto en cuenta, Júpiter con sus tropecientas toneladas, ejerce la misma fuerza gravitatoria sobre nosotros que la que ejercería un único coche de tamaño medio colocado a medio metro de nosotros. No parece probable que seamos capaces de notar algo así.

Y aunque sea ridículo pensar en Plutón, con apenas 0,0021 veces la masa de la Tierra y a 5.500 millones de kilómetros, es divertido jugar a las comparaciones. Así que, en este caso, su influjo sobre nosotros equivaldría al de una ridícula canica colocada a 100 metros de nosotros. Un motivo más por el que el horóscopo tiene el mismo valor que la broma de Patrick Moore, si a alguien le funciona es solo porque ha sido sugestionado a percibirlo así.

Porque a veces creemos exactamente lo que queremos, y la mejor forma de frenar a nuestros sesgados sentidos para que no nos engañen es desempolvar la razón, hacer un par de cálculos o simplemente buscar incoherencias que están al alcance de todos.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Los astros no tienen efecto alguno sobre nuestra personalidad y la astrología no es una ciencia. Hace ya siglos que la astrología y la astronomía siguieron caminos distintos, la primera hundiéndose en las brumas de la charlatanería, embaucando a incautos y despreocupándose del rigor y la realidad. La segunda es una de las ciencias más consolidadas de nuestro tiempo, gracias a la cual estamos cada día más cerca de entender el universo que nos rodea.

REFERENCIAS (MLA):

  • Moore, Patrick. Patrick Moore. History Press, 2011.