Sociedad

La atmósfera de Marte no transmitirá tus gritos

El dios de la Guerra ahoga los sonidos agudos en cuestión de 8 metros

Todos hemos escuchado alguna vez aquella frase que dice: en el espacio nadie puede oír tus gritos. Sabemos que las batallas espaciales de Star Wars no deberían sonar, no importa lo fuerte que exploten las naves. Tenemos bien interiorizado que no hay ruido si no hay un medio por el que transmitirlo, pero ¿y si sí existe un medio, pero es diferente al que estamos acostumbrados? O dicho de otro modo ¿Cómo suenan las cosas en la tenue atmósfera marciana?

Recordemos rápidamente que el sonido no es otra cosa que la manera en que nuestro cerebro interpreta los movimientos de esa membrana de nuestro oído llamada tímpano, como cuando golpeamos la piel de un tambor. Para que el tímpano vibre, algo tiene que transmitir la presión desde el objeto que suena hasta nuestro oído, como si fuera un montón de gente haciendo la ola. En nuestro caso, ese medio es el aire, pero podría ser el agua o incluso el suelo, en cada caso con sus ventajas e inconvenientes. Pues bien, Marte también es especial y, ahora, por primera vez, sabemos cómo suena.

Primeros sonidos

No es la primera vez que escuchamos algo grabado en la superficie marciana, pero hasta ahora siempre habíamos recurrido a algunos trucos para hacer audible lo inaudible, por ejemplo. En este caso, al fin, tenemos una grabación tomada por el rover Perseverance que calcula la velocidad del sonido sobre nuestro hermano rojo. Aquí, en la Tierra, a través del aire (con su química concreta y a una atmósfera de presión), el sonido viaja a 343 metros por segundo.

Eso significa que un ruido suficientemente fuerte puede viajar de Madrid a Valencia en 16 minutos y pico. Visto así, ya no parece tan rápido. Es más, si la península estuviera inundada, el sonido podría recorrer esa misma distancia en menos de 4 minutos (1480 metros por segundo), porque viaja más rápido por el agua que por el aire. Cada material tiene su velocidad, por ejemplo, a través del acero, el sonido viaja a 5170 metros por segundo, cinco veces más rápido que la bala más veloz.

Si pensamos en el caso de Marte, tenemos que irnos al lado opuesto, ya que su atmósfera es menos densa que la nuestra, concretamente unas 100 veces menos densa. Esto se traduce en que al sonido le cuesta más viajar y se limita a 240 metros por segundo. Volviendo a nuestra analogía, iría de Madrid a Valencia en 23 minutos y medio. Sin embargo, esto no es todo, ni mucho menos.

Varias velocidades

Los sonidos han sido grabados por el micrófono del chasis del rover, así como por la SuperCam de Perseverance, que va colocada sobre su mástil. Gracias a sus análisis hemos llegado a comprender que las características de la atmósfera marciana extreman la diferencia de velocidades entre los sonidos más graves y los más agudos. Mientras que los más graves viajan a esos 240 metros por segundo, los más agudos lo hacen a 250.

Al igual que en la Tierra, los sonidos graves, si bien poseen menos energía que los agudos, también se disipan menos a través de largas distancias, por lo que llegan más lejos. Y, por poner cifras, eso significa que, en Marte, los sonidos agudos se pierden casi por completo a tan solo 8 metros de distancia. Sonidos agudos como los de un grito humano, que sería inaudible a tan solo una decena de metros.

Si traducimos esto, nos encontraremos que Marte es, sobre todo, un lugar extremadamente silencioso. Tanto que los propios investigadores llegaron a pensar que el micrófono estaba apagado. No obstante, la presión atmosférica es bastante diferente entre las estaciones marcianas, por lo que se espera que el sonido sea más perceptible en otoño.

¿Qué suena tanto?

Tanto sonido viene del mismo rover, porque en un páramo tan desolador como es la superficie marciana, no podemos esperar que sucedan cosas espectaculares que nuestros micrófonos puedan registrar. Si queremos que pase algo, tenemos que hacer que pase. En este caso, los sonidos son producidos por el funcionamiento de sus diferentes aparatos y, por lo tanto, pueden ser usados para estudiar el estado del rover, si funciona correctamente si está empezando a fallar. Dicho de otro modo: es un nuevo sentido con el que contamos para evaluar el estado de los aparatos, y eso nunca puede estar de más, sobre todo a medida que vayamos aprendiendo cómo suenan con normalidad y, por lo tanto, podamos reconocer el sonido que hacen al fallar.

Pronto tendremos mejores sonidos de otros mundos, ruidos que nos transportarán a silenciosas lunas y bulliciosos planetas. Pero todo empieza con pequeños pasos, como escuchar el corazón de nuestras propias máquinas.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Más allá de la curiosidad, todo esto puede servir para valorar el estado del rover tomando medidas de la presión del aire que lo rodea.

REFERENCIAS (MLA):