Sociedad

¿Por qué hay algo en lugar de nada?

Esta pregunta nos ha perseguido durante siglos y puede que, simplemente, no tenga sentido

Nebulosa de la Quilla, una región de gas y polvo estelar.
Nebulosa de la Quilla, una región de gas y polvo estelar. FOTO: NASA, ESA, CSA, STScl NASA, ESA, CSA, STScI

Digan lo que digan, sí existen las preguntas tontas, solo que dependen mucho del contexto. De hecho, existen muchos tipos de preguntas y hay un género de ellas especialmente traicionero. Se presentan como buenas preguntas, profundas incluso, pero tras ellas solo se oculta una mala formulación de la pregunta. Son filosofía barata, que llamamos por lo general y no siempre son fáciles de detectar. Algunos de estos casos se han hecho pasar por verdadera filosofía incluso ante las mentes más poderosas de la antigüedad y, solo ahora, con ciertos conocimientos que hemos ido adquiriendo, podemos reconocerlas como lo que realmente son.

Ahora bien, si pensamos en ejemplos de preguntas profundas (o al menos aparentemente profundas) posiblemente aparezca en nuestra mente aquello de “¿Por qué hay algo en lugar de nada?”. Y la pregunta está servida: ¿tiene sentido la pregunta? ¿Es filosofía barata a la luz de nuestro siglo? ¿O acaso sigue teniendo el peso ontológico del que gozaba hace siglos? Para responderlo debemos empezar por el principio y eso significa ponerlo en contexto. La frase, pregunta, como tal, suele relacionarse con el polímata Gottfried Wilhelm Leibniz. Era finales del siglo XVII y no sabíamos gran cosa sobre nuestro universo y la idea de creación divina tenía un papel fundamental en las interpretaciones cosmogónicas.

¿Qué es todo?

Donde Leibniz reflexionó largo y tendido, a la mayoría de la sociedad solo le ha llegado una frase algo ambigua. No entraremos en las profundidades que Leibniz se planteaba y mucho menos en las profundas disquisiciones que han emergido de ella, sino que nos concentraremos en la interpretación más evidente, la que mucha gente interpreta cuando, para hacerse los interesantes, cita la dichosa pregunta. ¿Por qué existe el universo en lugar de que solo exista la nada? Seamos caritativos y olvidemos incluso la problemática de decir algo como “exista la nada”. Incluso en esa situación nos encontramos con la necesidad de definir dos conceptos algo complicados. Por un lado, tenemos la palabra “universo”, que no significa lo mismo para todos. Para algunos filósofos sería algo así como el conjunto de todo lo que existe. Para los cosmólogos es algo diferente, una sustancia con sus propiedades geométricas.

Sin embargo, el verdadero problema lo tenemos con el segundo concepto: nada. Cuando decimos eso tan conflictivo de “haber nada”, nos referimos a la ausencia absoluta de existentes, un vacío completo. ¿Y cuál es el problema? te preguntarás: pues suponer que puede haber un vacío así, que la nada es algo (olvidemos una vez más el problema fundamental que existe al plantear que pueda existir la ausencia de existentes. Hasta donde sabemos, incluso cuando tratamos de vaciar por completo un recipiente, en él sigue habiendo algo que conceptualizamos como campos. Por ejemplo, el campo electromagnético ocupa todo el espacio y, cuando se excita se manifiesta como fotones (partículas de luz), por ejemplo. Por supuesto, lo estamos simplificando mucho, pero digamos que incluso cuando retiremos todo de un espacio, estos campos seguirán ahí y su energía fluctuará, haciendo que emerjan partículas de lo que parecía completamente vacío.

Falso vacío

Conocemos este concepto como “falso vacío” y, desde luego, no corresponde a lo que solemos entender por “nada”. Y es que imaginar la inexistencia absoluta (por decirlo así) cosa es poco intuitivo, no parece tener aplicaciones ni parece casar mucho con lo que la teoría nos sugiere. De hecho, el concepto de que todo pudiera haber surgido de la nada más absoluta, en occidente, se popularizó con la idea cristiana de creación, en tiempo de los padres de la iglesia. Antes de ello, los griegos no concebían la creación a partir de la nada, sino la transformación. Todo ello son problemas añadidos a la cuestión de “¿por qué hay algo en lugar de nada” y, hasta que no consigamos ahondar un poco más en el verdadero significado de esa pregunta, podremos sospechar que, en realidad, no esconde gran profundidad y que su aparente dificultad se debe, en realidad, a que no tiene mucho más sentido que preguntarse por qué hay algo en lugar de figuandul, o cualquier otra palabra inventada.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • La filosofía tiene mucho que decir, no se somete a la ciencia, pero trabaja con ella, en colaboración. Cada una tiene sus dominios, pero no pueden trabajar de espalda la una a la otra, sus interpretaciones del mundo han de casar entre sí, cualquier otra cosa será conflictiva.

REFERENCIAS (MLA):