Antropología

“Hemos heredado rasgos de cada una de las etapas de la evolución” y así lo cuenta Juan Ignacio Pérez Iglesias

En su último libro “Primates al este del Edén”, Juan Ignacio se aproxima a la historia de nuestra especie desde un enfoque único, haciendo hincapié en el cómo y no solo en el qué.

Juan Ignacio Pérez Iglesias
Juan Ignacio Pérez IglesiasJuan Ignacio Pérez IglesiasCrítica

“No existía nada como esto ni en español ni en inglés, y creo que había llegado el momento de hacerlo”. Es atípico encontrar a alguien tan contundente como humilde, pero Juan Ignacio Pérez es una de esas personas. Y, precisamente por eso, da en el clavo cuando habla así de su último libro: Primates al este del Edén. “La mayoría de lo que se ha publicado sobre la evolución humana se refiere a la antropología física, que se basa mucho en el registro fósil, los hallazgos arqueológicos, la industria lítica… Y es lógico, porque son cosas que permanecen, es lo que queda ”.

No obstante, Juan Ignacio, como catedrático y doctor con una larga experiencia en el campo de la fisiología animal, buscaba algo diferente. “Hay diversos aspectos de la biología humana que apenas dejan huella y, como sus evidencias son más indirectas, se ha escrito menos sobre ellos”, aclara el autor. Un ejemplo es el de la aparición del pelaje. A pesar de que el pelo no suele fosilizar bien, Juan Ignacio nos explica que podemos estudiarlo analizando la historia evolutiva de los piojos y las ladillas que vivieron en nuestros antepasados y, de ese modo, rastrear en su historia evolutiva el momento en que perdimos el vello.

Un libro con vida propia

“Desde la antropología física se suelen centrar en la dentición, pero hay menos debate acerca de las características del sistema digestivo, las dimensiones relativas de distintos órganos, las actividades enzimáticas…” continúa, Juan Ignacio. “Mucha de la información que tenemos al respecto viene de comparaciones entre los actuales seres humanos y los chimpancés”.

“Esto es algo que, a mí, como fisiólogo, me interesa mucho: el intestino, la función renal, etc. Muchos de estos temas son los que yo les enseño a los estudiantes, solo que con otro material, y quería mostrarlo desde este punto de vista que ha sido algo más minoritario, donde se comprenden a la luz de la evolución”.

Este libro no va sobre antropología (principalmente)

Y es que, Primates al este del Edén es un caballo de Troya. Un libro que se viste con las cubiertas de una pieza de antropología evolutiva, pero que, en palabras de Juan Ignacio: “está escrito desde una perspectiva más fisiológica que antropológica, porque el mundo de la antropología física no es mi campo. De todos modos, he podido consultar con expertos, como María Martinón y Asier Gómez-Olivenza, que me han enseñado muchísimo. Ellos me han hecho ver que debemos ser cautelosos con algunas afirmaciones que se hacen y que yo he leído ya en muchos libros. El Homo heidelbergensis, por ejemplo, tiene un estatus muy discutible como especie, porque todo lo que hay detrás del nombre es un cacho de mandíbula”.

De hecho, al preguntarle por lo que más le ha costado en este último libro, Juan Ignacio lo tiene claro: “Me sentí obligado a escribir el capítulo 14. En él intento concretar cada adaptación en un momento temporal determinado; hace 1 millón 600 mil años ocurrió tal cosa, hace 800 mil ocurrió otra”. Una labor especialmente antropológica. “El resultado, en cualquier caso, es bonito, porque te habla de una especie de evolución en mosaico. Te dice que no existe ningún momento concreto donde nos hiciéramos humanos”.

¿Qué nos hace humanos?

Y es que, para muchos, la antropología es la ciencia que se pregunta qué nos hace humanos y, tal vez desde esa visión reduccionista, muchos han intentado enunciarnos como “el mono desnudo”, “el mono enamorado” o “el mono que cocina”, pero Juan Ignacio ha querido desmarcarse de esas modas. “Hablo de la desnudez, de la cocina, de que andamos sobre dos piernas, y a ninguna le he atribuido condición definitoria de nuestra humanidad. Si tuviera que elegir un criterio me quedaría con lo que Xurxo Mariño llama “el elemento biocultural”, que es el lenguaje”.

“Creo que en el lenguaje hemos alcanzado un grado de sofisticación y complejidad que, honradamente, opino que nos hace únicos, porque es el vehículo que hace posible la transmisión cultural acumulativa. Eso es lo que nos ha permitido conquistar el planeta, llegar a la Luna y puede que pronto a Marte. Es una herramienta espectacular y poderosísima, aunque tampoco debemos ponernos por ello en el pináculo de la creación”.

En Réquiem por una monja, William Faulkner escribió que “El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”. Una idea con la que Juan Ignacio cose las páginas del libro de principio a fin. “Llevamos el pasado puesto encima. Puede parecer muy obvio, pero cada cosa ha ocurrido en un momento dado y tenemos una historia muy larga desde los primeros primates. Somos parte del pasado de nuestra especie porque hemos heredado rasgos de cada una de las etapas de la evolución. Recapitulamos el pasado en la fisiología, en cómo funciona nuestro cuerpo. Somos lo que somos por la historia que hemos tenido”.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • En muchos libros sobre antropología evolutiva, sus autores difuminan la frontera entre lo que ha sido por naturaleza y lo que las cosas deberían ser por “nuestro bien”.Por suerte, el propio Juan Ignacio aclara que en su libro no hay cabida a tales confusiones. “Soy muy consciente de lo que puede conllevar la falacia naturalista, así que no me he mojado prácticamente y, cuando lo he hecho, he sido muy tibio. Por ejemplo, en un capítulo hablo sobre lo que piensan diferentes expertos sobre si nuestra especie era monógama o polígama, pero yo me he abstenido de opinar. Hay riesgo de incurrir en “como esto era así, ha de ser de este otro modo”, pero es que para afirmar cómo fueron las cosas necesitaríamos pruebas que ahora mismo solo son indicios indirectos. No se puede llegar a unas conclusiones muy firmes”.

REFERENCIAS (MLA):

  • Juan Ignacio Pérez Iglesias “Primates al este del Edén” Crítica, 2023