Especiales

Cura de caballo para la atmósfera

La pandemia y el confinamiento obligado han supuesto una sensible mejora de la calidad del aire en las mayores ciudades del mundo. El problema es el precio económico y social que ha habido que pagar

mejora de la calidad del aire durante el confinamiento
José Maluenda

La asociación «Ecologistas en Acción» ha elaborado un informe sobre la calidad del aire en las ciudades españolas durante la crisis del Covid-19, con la conclusión, nada sorprendente, por otra parte, de que la caída drástica de las emisiones de dióxido de nitrógeno (N02) ha reducido en un 55 por ciento los niveles habituales de la contaminación atmosférica, con respecto a los datos de la última década. Asimismo, han mejorado los datos del ozono, al producirse una fuerte reducción de las emisiones de óxido de nitrógeno (NOx), aunque hay que reseñar que hemos tenido un principio de primavera húmedo, lo que también ha contribuido. Por ciudades, las que más se han beneficiado han sido Barcelona y Madrid, por este orden, que son las dos grandes metrópolis españolas, y la que menos, Sevilla. El fenómeno es general en todo el mundo, con especial incidencia en los grandes núcleos de población de la India y de China y, por supuesto, en Nueva York. Como se sabe, el dióxido de nitrógeno es el contaminante típico emitido por los tubos de escape de los automóviles (además de por las calderas industriales y domésticas) por lo que su evolución está directamente ligada a las emisiones del tráfico motorizado, siendo ésta su principal fuente en las ciudades y el principal factor que influye en la calidad del aire urbano. Así que, «Ecologistas en Acción» concluye que «la crisis de la enfermedad COVID-19 demuestra que la reducción estructural del tráfico motorizado y los cambios en las pautas de movilidad son la mejor herramienta para rebajar la contaminación del aire en las ciudades. Sin olvidar que esto se ha producido en el marco de una situación extrema, en absoluto deseable, que está originando muertes y graves problemas a muchísimas personas». O dicho de otra forma, la cura de caballo de una pandemia como la del coronavirus no parece que sea lo más indicado para reducir las emisiones contaminantes. El mundo tendrá, necesariamente, que recuperar su ritmo, lo que no implica que no se pueda seguir mejorando.