“Liberté”, el «cruising» de la aristocracia del siglo XVIII ★★★✩✩

El inclasificable Albert Serra presenta esta cinta nacida como instalación artística con la que ganó la sección «Una cierta mirada» del Festival de Cannes

La obra de Albert Serra es como la matanza del cerdo: todo se aprovecha. Y todo acaba siendo sabroso. «Liberté» nació como una obra de teatro de encargo para el Volksbühne berlinés en la que una pandilla de aristócratas franceses, allá por el siglo XVIII, intentaban que los alemanes de la época, más refractarios al libertinaje, aceptaran apuntarse a la revolución del deseo. Poco tiempo después, la obra se convirtió en «Personalien», una instalación artística para el Reina Sofía a modo de gran cuarto oscuro donde las miradas torvas de unos cuantos cuerpos imperfectos prolongaban aquella ficción histórica para delectación de un espectador inmerso de repente en una escena de «cruising». «Liberté», la película, ganadora del Premio Especial del Jurado en la sección «Una cierta mirada» del último Festival de Cannes, es la ampliación del campo de batalla de esa instalación. «Es una experiencia más confrontacional, menos amable que la del museo», explica Serra.

El sexo mecánico

«No me gusta gustar. Si el público lo entiende todo, es que no estás abriendo camino. “La muerte de Luis XIV” era, en ese sentido, más emotiva, supongo que por la presencia de Jean-Pierre Léaud. “Liberté” es mucho más fría, más radical. En ella el sexo es serial, mecánico, no hay progresión dramática», señala. Con nocturnidad y alevosía, Serra parece estar describiendo una película porno para expertos en la obra de Sade y Bataille, pero el cineasta de Banyoles encuentra una diferencia fundamental entre su filme, que no duda en calificar de «vanguardista», y el cine X. «Disfruto con la fatalidad de la ‘‘performance’’, me encantan las cosas que solo pueden ocurrir una vez», admite. «Al contrario que el porno, “Liberté” no entra en la lógica de la representación. Me gusta interpelar algo de lo íntimo del actor. A ninguno de los actores les dije lo que tenían que hacer. No me comunico con ellos. Todo llegaba como ocurre la vida, espontáneamente, y hay un momento en que incluso se olvidan de sí mismos, hasta el punto de que no se reconocen en la pantalla. Eso solo se puede lograr con un buen ambiente de rodaje que, eso sí, no renuncie a la tensión. Hay que crear imágenes con tensión».

Si Serra piensa que el público actual busca una satisfacción en las imágenes, “Liberté” actúa contra esa inmediatez acomodaticia. Es antipática, busca el rechazo. «En esta área de cruising ya no hay ni ricos ni pobres, ni guapos ni feos, ni tíos bien o mal dotados. Todo el mundo es igual, la vanidad no juega ningún papel. La película trabaja sobre esta pulsión arbitraria del deseo que parece un divertimento de una clase privilegiada y que, poco a poco, se transforma en una pulsión más contemporánea, un deseo eternamente postergado, de raíces postfreudianas, que el sistema no hace sino reprimir», señala. Y añade: «Eso provoca una angustia, un malestar, da como resultado una ficción histórica entre naïf y trash, perversa, no muy arty, muy cruda, más bien barroca».