Soleá Morente: “Ya no me da vergüenza ser cantaora”

Publica “Lo que te falta” un trabajo desprejuiciado y alegre con un pie en el “indie” y otro, claro, en el flamenco

Soleá Morente
Soleá MorenteMario Sierra (nombre del dueño)

La mediana de la saga Morente reconoce que está en un momento de efervescencia creativa. Al sensacional “Ole Lorelei” de hace solo dos años, le siguió un proyecto poético, Prado Negro, y ahora lanza “Lo que te falta” (Elefant) un disco rumbero y callejero con el que dan ganas de pasar zapateando por la vida. Por suerte, esta entrevista se realizó antes de la emergencia sanitaria, por el bien de su contenido. Soleá Morente (Madrid, 1985) ya no pide ni permiso ni perdón por cantar con su apellido pero tampoco se obsesiona buscando una vía con la que conformarse. En su primer álbum, se preguntaba: “Tendrá que haber un camino”. Ahora ya no lo busca, lo va andando.

-¿Viene este trabajo definido por los anteriores?

-Todo influye. Aquí están mis mentores, que fueron David Fernández, La Bien Querida y Jota de Los Planetas bagaje que te lleva a lo actual, que es a “Tendrá que haber un camino” que era mi primer disco. Es todo un engranaje de conocimientos que te van construyendo.

-¿Tenía alguna premisa?

-Quería hacer una banda de rock muy cañera, radical, indie, ruidosa. Pero al final terminé en este personaje de “Lo que te falta” porque invité a David y Ana ver a mi hermano Kiki Morente al Albaicín. Y me dijo que, teniendo lo que tenía en casa, por qué no llevaba el disco a este punto del flamenco, los tangos, la rumba, las bulerías. Y empecé a tirar de El Pescaílla, María Jiménez, Bambino...

-La primera percepción es que se trata de un disco muy callejero, coplero incluso.

-Con sentido del humor, con ritmo, canciones cortitas y flamencas, que es una consigna del mundo del flamenco. Es un disco para venirte arriba y ver la vida con sentido del humor, pero es cierto que también tiene mensajes con más contenido.

-¿Se ha quitado esa vergüenza de no ser flamenca jonda, ortodoxa?

-Es que me encantaría ser una cantaora... (piensa) Quiero decir que ya no me da vergüenza ser cantaora. Yo canto como sé, y como lo siento y, de hecho, cada vez me estoy aficionando más a serlo. En “Ole Lorelei” habia unas alegrías, una soleá con un autotune, y un fandango de Manuel Vallejo. Y aquí en este disco solo hay dos cantes. Ya está. Como cantes, palos, no hay más. Pero me voy quitando el prejuicio y el peso que me tenía acojonada en el primer disco.

-Obviamente, es el peso del apellido.

-Sí, claro, hombre, te impone muchísimo... Tener un padre y una hermana como los míos y dedicarte a lo que ellos, impone muchísimo. Respeto y responsabilidad. Y bueno, al mismo tiempo, ese vértigo y ese respeto me ha puesto las pilas y me ha hecho buscar dentro de mí lo que ando buscando.

-Desde su primer disco.

-Me preguntan mucho si he encontrado el camino, la voz o la etiqueta y yo lo que estoy viendo es que en cada trabajo o en cada obra construyo un personaje diferente según lo que me sucede. No he encontrado el camino y no sé si lo hallaré porque ahora me parece más divertido crear diferentes rutas para llegar a un final que el destino lo dirá.

-Lo importante es buscar.

-Estoy inquieta, preparada para aprender. Si algo me llama, lo busco, lo investigo, estudio. Y creo mensajes con diversidad y a veces eso es positivo y otras es complicado a la hora de clasificarte o entenderlo.

-En la canción “Lo que te falta” hay un guitarra ruidosa y una voz casi de copla.

-David (Fernández), que fue el productor y yo trabajamos mucho en el sonido del primer impulso, de lo que te sale. Sin rectificarlo con la infinidad de herramientas que tienes en el estudio. Está cantada a corazón abierto. Y no quería dejar esa toma, porque es demasiado íntima, pero David insistió. Y si no comparto con el público la verdad, carece de utilidad mi mensaje. Así que... con todas las consecuencias.

-La letra dice. “Si no eres capaz de ser feliz con lo que tienes, no podrás serlo con lo que te falta”.

-Estamos metidos en una dinámica de querer conseguir más, el sistema nos lo pone muy complicado y eso no es así. Nos han contado una cosa que no es correcta. Debemos disfrutar de lo que tenemos hasta donde podamos. Porque si no, estarás insatisfecho permanentemente. Preso del Lexatín, que es una observación que hago. Y yo lo he tomado en algún momento. ¿Quién no se ha tomado un día uno? Pero debemos parar esta tormenta que parece imparable porque, como sociedad, vamos muy a tope. Yo, como antídoto recomiendo la lectura y la escritura.

-¿Qué le agobia como artista?

-A ver, no siento insatisfacción permanente como si fuera negativa, sino que disfruto de mi vida y mi trabajo, que es mi vida. Y lo que me pone para seguir es la observación, escucho lo que ocurre, trato de plantear problemas. Me preocupa cómo están las cosas y eso me hace ser artista y comprometerme.

-¿Eso es lo que le hace sufrir, el momento del Lexatín?

-Vivimos en un mundo que nos hace sufrir por cosas súper ilógicas e injustas. Estar vivo es un milagro, pero te ponen unas cargas y unas presiones y unos temas económicos de impuestos que no te dejan respirar. Y las redes, que son peligrosas porque te restan lucidez y quitan tiempo. Saramago decía que antes la vida era difícil pero sencilla y ahora es difícil y complicada. Es un sistema opresor y yo a veces siento un poco de desasosiego. En este disco me he desahogado (risas).

-Hay canciones de fiesta, como "Coca cola”.

-Mira, esta dice “tú no tienes la culpa, ni yo te culpo, no estaba bien de la cabeza”. Tendemos a echar la culpa al otro. En las relaciones por ejemplo. Nadie te rompe el corazón, lo rompes tú por meterlo donde no tiene que ir. Tiene ese doble mensaje, de que la culpa es tuya.

-Y ya no hablemos de “Ducati”.

-Está cantada desde cierta angustia, de la desesperación. Cogí una canción de Yung Beef, “Ducati Love” y los coros de mi tema los hacen las Cariño. En la canción están los polos opuestos que habitan en mí, que son el flamenco y el “indie” puro y el trap. Tomé “De palma y corona”, que es una letra antigua, que cogí del cancionero popular del siglo XVIII. Era peligrosa la mezcla y ahora lo veo, aunque en el momento, no. Había textos míos, del cancionero, de Yung Beef... ahora lo hablo contigo y veo que había riesgo, pero estaba hecho desde el corazón y de verdad. Porque lo sentía. Y el arreglo súper flamenco. Expresa bien cómo veo la vida y cómo me veo a mí.