Teatro Real: “La Traviata” más aséptica e higiénica

El coliseo, que ayer presentó la próxima temporada, con siete nuevas producciones de un total de 15 títulos, reabrirá el 1 de julio con el título verdiano. Habrá mascarillas, pero no en escena, guantes, geles hidroalcohólicos y alfombrillas desinfectantes. Violeta Valéry tendrá que guardar las distancias

Ayer volvían las ruedas de Prensa en los escenarios de la capital y lo hicieron por la puerta grande. Por esa solo apta para reyes. Esa que solo se abre cuando Sus Majestades visitan el coliseo de la Plaza de Oriente. La entrada principal del Real, la que mira de frente al Palacio. Aunque, en esta ocasión, la protagonista no era la alfombra, ni los que desfilaban por ella, sino los grifos de gel, las mascarillas quirúrgicas a estrenar y la cámara térmica. Ya saben, esas cosas de la «nueva normalidad» que todavía nos siguen flipando. A su lado, los arcos detectores de metal parecen objetos de otra época, de cuando las prioridades eran otras. El termómetro marca 36,64º, así que uno está «apto» para asistir a una simple presentación de temporada.

Dentro del Real no espera más que un lugar vacío. Imponente, sí, pero deshabitado. Un patio sin nadie y un escenario sin actores. Solo un decorado frío que en su día perteneció a «Aquiles en Esciros». En su parte trasera, la chácena, unas mesas en forma de «u» con capacidad para una treintena de invitados con sus medidos dos metros a izquierda y derecha. Más gel, ahora en un bote de formato individual, y una nueva mascarilla que esta vez viene dentro de una bolsa hermética y aséptica; todo bajo un techo de 40 metros de alto. «Un espacio 100% saludable», se oye. Si ver la sala vacía era frío, una presentación así resulta gélida. Lo mismo sirve para celebrar la reunión del Patronato del lunes que para presentar programación un martes. Pero es lo que hay. Estamos en busca de esa «nueva normalidad» y, por ello, el Real se ha propuesto empezar cuanto antes.

Ya no se habla de cerrar la temporada que ya debería estar en su recta final, sino de «introducir la 20/21», apunta Gregorio Marañón –presidente del Patronato–. La responsabilidad de ese prólogo la tendrá «La traviata», de Verdi, que comenzará los ensayos a mediados de junio (si todo sigue su curso) y que estrenará el 1 de julio bajo las direcciones musicales de Henrik Nánási y Nicola Luisotti y escénica de Willy Decker.

Es la manera de recuperarse de una larga cuarentena, de «devolver al Real esa vida que nos ha quitado la COVID», apuntaba ayer por la mañana Marañón, todavía disgustado de ver la «sala vacía». Para Joan Matabosch, director artístico del coliseo, es «un primer paso hacia la normalidad que hace falta». Cogía impulso para presentar un curso en el que 47% de las óperas visitarán el Teatro Real por primera vez: «Rusalka», «Peter Grimes», «Lessons in Love and Violence», «Norma», «Viva la Mamma!» y dos estrenos mundiales como «Marie» (de Germán Alonso y Lola Blasco) y «Tránsito» (con libreto y música de Jesús Torres sobre textos de Max Aub). Entre ellas, destacan dos «por su proyección internacional». «Rusalka», de Antonin Dvorák (Ivor Bolton/Christof Loy), coproducida por los teatros de ópera de Dresde, Bolonia, Barcelona y Valencia; y «Peter Grimes», de Benjamin Britten (Ivor Bolton/Deborah Warner), coproducción con la Royal Opera House de Londres y las óperas de París y Roma.

Además, el Real ha programado cuatro producciones invitadas, «Un ballo in maschera», «Don Giovanni», «Sigfried» y «Tosca»; y cuatro óperas en versión de concierto: «El nacimiento del Rey Sol», «Elektra», «Don Fernando, el emplazado» y «Orlando Furioso». De las cuatro producciones invitadas una destaca sobre las demás. La “Tosca” de Puccini, una ópera que reunirá sobre el escenario a algunas de las menores voces del momento: Anna Netrebko, Jonas Kauffman, Michael Fabiano, Joseph Calleja, Sondra Radvanovsky y Carlos Álvarez. Paa anotarlo desde ahora mismo en rojo ene l calendario. Será el título con el que cierre la temporada en julio de 2021.

Medidas «in extremis»

Cuando Matabosch, hace semanas, respondía en estas páginas sobre el futuro inmediato de algunos de los títulos previstos para la presente temporada dejaba la puerta entreabierta a que se pudieran celebrar algunas representaciones de «La traviata». Así va a ser. La obra tendría que estar ya rodando, si no hubiera habido una pandemia, si las cosas fueran como hace tres meses, si nos nos hubiera dado un vuelco la vida... Todo estaba preparado para sus cuatro elencos, repartidos en dos «convocatorias», una en mayo y la otra en julio. Ahora, más de 70 días después, parece que todo está previsto para que el 1 de julio el Teatro Real vuelva a abrir sus puertas y suba a escena un montaje histórico del título verdiano, el de Willy Decker, el mismo que consagró en el Festival de Salzburgo de un lejano 2005 a Anna Netrebko y Rolando Villazón como la pareja lírica del momento. Ella subió a lo más alto; él ya no volvió a ser lo que fue.

El montaje del reloj enorme que va marcando el tiempo que le queda a la protagonista, de la bata de seda de ella en tonos encarnados. Si vamos desescalando como debe de ser, sin prisa, pero sin pausa, la ópera, uno de los títulos más populares y con el que el coliseo pensaba echar el cierre a la temporada, levantará el rojo telón. El «planning» de ensayos tendría que comenzar el 19 de junio, «aunque por el momento todo es un poco provisional. Dependerá, lógicamente, de que Madrid entre a tiempo en fase 3, porque si no, habrá que retrasarlo», asegura uno de los cantantes, a quienes no se les ha comunicado «in extenso» cómo van a ser esas medidas, pero lo cierto «es que son y están ahí para que todos estemos seguros: habrá mascarillas por todas partes, guantes, geles desinfectantes, alfombras higiénicas y no podrán tomar el ascensor más de dos personas en el mismo viaje, las distancias, por supuesto, se respetarán siempre», aseguran.

Distancias que se mantendrán sobre la escena de manera inexcusable. Pero, que nadie piense que un tenor o una soprano, un barítono, tampoco, va a cantar con la mascarilla puesta, algo impensable e imposible de realizar y que, según los propios afectados, «es totalmente inviable, como tampoco sería posible que un saxofonista pudiera tocar con ella puesta». Sí la tendrán que llevar por todas las dependencias del teatro, pero no para interpretar un aria o cantar un dueto. Matabosch aseguraba rotundo en esa misma entrevista que el «noli me tangere» no va a llegar a la ópera, pero las distancias sí habrán de guardarse. Por tanto, los cantantes no estarán tan cerca como se ve en el montaje de «La traviata» que ilustra estas páginas. Violeta Valéry, la heroína verdiana, tendrá que aprender a alejar los metros reglamentarios a sus pretendientes.

La orquesta, la Sinfónica de Madrid, probablemente no tenga problemas para ocupar su lugar en el foso (que puede hacerse más grande o reducir su espacio) y que no será complicado guardar las distancias reglamentarias entre los casi 80 músicos que trabajarán en este título. En los próximos días sabremos cuáles será las voces del reparto, que regresarán al Real en breve.

Danza de todo tipo

Respecto a la programación de danza, llegarán a Madrid tres compañías que representarán diferentes universos coreográficos y estilísticos. El Ballet de Múnich interpretará «Giselle», en versión de Peter Wright revisada por Igor Zelensky; la Compañía Nacional de Danza presentará tres piezas: «Apollo», «Concerto DSCH» y «White Darkness», de George Balanchine, Alexei Ratmansky y Nacho Duato, respectivamente. Y el Real Ballet de Flandes ofrecerá el estreno absoluto de una nueva versión de «In memoriam», de Sidi Larbi Cherkaoui.