Bob Dylan contra la muerte

El Premio Nobel de Literatura publica su primer disco con canciones nuevas en ocho años, un álbum poderoso en el que lidia con la posteridad y el Apocalipsis. Aquí nos asomamos a él, canción a canción

El cantautor estadounidense Bob Dylan.
El cantautor estadounidense Bob Dylan.WILLIAM CLAXTONEFE

Tras 8 años dedicado a rendir homenaje al llamado «Great American Songbook», Bob Dylan reabre su gran libro de canciones. El músico, de 79 años, no había publicado canciones propias desde hacía ocho, lo que convierte «Rough And Rowdy Ways» su nuevo disco (¿o es un libro?) que sale el 19 de junio, en la primera muestra de su genio creativo desde que recibiera en 2016 el Premio Nobel de Literatura. Si no fuera porque sabemos que le dan igual los premios, podría ser la declaración de intenciones literarias más firme del músico de Minnesota en décadas, como si quisiera demostrar que el jurado no se equivocó. El álbum, del que se fueron adelantando canciones durante la pandemia, precisa de otro confinamiento completo para poder desentrañar las referencias que incluye en sus textos poéticos, amenazantes y nudosos, recitados, como acostumbra, más que cantados. Dylan abre su libro de los milagros.

El álbum se abre con «I Contain Multitudes», uno de los adelantos aparecidos durante el confinamiento y que en sí mismo ya podría dar lugar a más líneas que todo este artículo, pero no es el único caso. En la canción, Dylan yuxtapone referencias y declara sus amores por William Blake y Ana Frank, por los Stones y Chopin, por un Cadillac rojo y los «blue jeans». Pero la primera frase es la que nos sitúa en el quicio de la existencia: «Today, tomorrow, and yesterday, too / The flowers are diyin’ like all things do» (Hoy, mañana y ayer también, las flores se mueren, como todas las cosas).

Doctor Frankenstein

El nuevo trabajo continúa por «False Prophet», también adelantada ya, otra maravilla. Un blues del Delta para el que pide prestado a Billy «The Kid» Emerson la música, con el toque de la épica oscura y fantasmal de las historias dylanianas de venganza y falsas apariencias. Un tono, lúgubre y amenazante, que preside todo el disco. Si «Tempest» era un disco rabioso, este trabajo es como si hubiera anticipado el tiempo de derrumbe y ruina al que nos enfrentaríamos en 2020. ¿Que estamos exagerando? Lean los primeros versos de «My Own Version of You» que es una especie de delirio del artista soñándose Doctor Frankenstein: «Durante los veranos hasta enero, / he estado visitando morgues y monasterios / buscando las partes del cuerpo necesarias. / Miembros, hígados, cerebros y corazones / para crear mi propia versión de ti». Un cuentito de terror al que sigue «I’ve Made Up My Mind To Give Myself To You», una pieza que lidia con la mortalidad y en la que su mejor verso pide «que los dioses se apiaden de mí». Aún no hemos llegado a la mitad del disco cuando en, «Black Rider», el poeta vuelve a enfrentarse con la muerte en forma de un jinete negro, la Parca echando una ojeada para saber si le ha llegado la hora, y al que Dylan pide que «sea amable» cuando toque.

Los «padres de la patria»

Y tras los temas más tremendistas, llega «Goodbye Jimmy Reed», una gema de obvia inspiración en el bluesman pero que no trata solo de él, sino de la herencia de la vieja religión que profesan ambos. Otra canción con la que Dylan sienta canon y termina hablando de sí mismo: «Me tiraron de todo, de todo en el libro, no tuvieron piedad ni me ayudaron. No puedo cantar una canción que no entiendo». En «Mother of Muses», con su airecillo folk, reflexiona sobre los «padres verdaderos» de la patria americana (Luther King y Elvis aunque concede sitio a los generales Scott y Sherman) antes de hablar de la naturaleza. Y concluye: «ya he vivido más de lo que me tocaba vivir». Pero es que todavía queda mucho. «Crossing The Rubicon» vuelve a enfrentarse al Armagedón, al final de los días como se fuera una narración de Lovecraft o de Poe: «Puedo sentir los huesos debajo de mi piel y tiemblan de ira, haré de tu esposa una viuda, nunca verás la mediana edad», masculla Dylan.

Quedan dos puertos de montaña para terminar. «Key West (Philossopher Pilot)» son nueve minutos de delicado acordeón que cuentan la vieja historia de un hombre que sueña con llegar a la costa donde los problemas se desvanecen y se comprende la verdad. Pero la única costa que se parece a esa es la de dejar atrás el pasado. Y, finalmente, ese poema épico como «Murder Most Foul», que parte del asesinato de Kennedy para hablar de EE UU durante nada menos que 17 minutos sin percusión, con «spoken word». En las canciones de Dylan es donde se disuelven las líneas entre los poemas, las lecciones de historia, las noticias y la autobiografía. Sienta cátedra y canon. Da una lección para quien quiera escucharla.