La nueva normalidad de Manuel Vilas: «La peor faena que puedes hacerle a un español es darle de comer mal»

Así afirma el escritor que fue finalista del Premio Planeta 2019 en una entrevista para LA RAZÓN

Thumbnail

Pillamos a Manuel Vilas en un almuerzo con los escritores Ana Merino y Juan José Millas. «Esta es mi estación favorita. Es un verano raro, pero es un verano, una de las estaciones que es especial para un español, por el esplendor del sol, por el clima mediterráneo, por la naturaleza», asegura el autor de «Ordesa» (Alfaguara) y «Alegría», finalista del Premio Planeta.

¿Cuál es su receta para mantener la alegría en un año tan duro?

Es una fuerza interior que tiene que ver con aceptar las cosas sencillas de la vida. Ver en ellas su enorme grandeza. La alegría, que he retratado en mi novela, es un sentimiento humilde, primitivo, ancestral, como despertarte por las mañanas, que tiene relación con la luz del sol, con que puedes mover las manos, con que estás vivo. Está vinculado con el hecho biológico de la vida y, sobre todo, la humildad a la hora de vivir. Hay que saber que la vida se basta consigo misma, que no es necesario el éxito laboral o económico, estos enormes ruidos con los que vive el ser humano en el mundo occidental. Deberíamos regresar a algo más atávico. Debemos ser conscientes de que el mero hecho de estar vivo es un éxito.

Y más ahora...

Han pasado y están pasando cosas muy graves. La epidemia no ha acabado. La gente todavía va con mascarillas por la calle. No es un verano como los que habíamos vivido hasta ahora. Es un verano en el que se tiene miedo. Todos van con gel hidroalcohólico. Los restaurante tienen aforo limitado. Hay rebrotes... esto hace que estemos viviendo a medio gas. Las vida no es tan normal. Como ciudadano, cumplo rigurosamente todas las indicaciones de Sanidad. Ahora bien, eso no significa que dé esto por bueno.

¿A qué se refiere?

Los escritores nos debemos a la defensa de la vida y la vida no es ir por la vida con una mascarilla. Espero que el virus no se quede, porque hablaríamos de una humillación de los seres humanos. No hemos venido para no tocarnos, para no ver los rostros de los demás. La vida es libertad y tocarnos los unos a los otros. Siempre hago este recordatorio, esto no puede quedarse con nosotros.

La libertad está a la mitad ahora...

Hemos aceptado el pacto de ver disminuida la libertad porque lo primero es la salud y la vida. Hemos hecho esta excepción. Pero únicamente hemos renunciado a las libertades por una emergencia sanitaria. Lo hacemos para recuperarlas después. Pero también existen otras cuestiones preocupantes, como la crisis económica que se nos viene encima... Vivimos un tiempo complicado. Va a ver cambios en el panorama político y existen aspectos de la sociedad que no sabemos cómo van a ser. Todavía no conocemos el final de esta película. También estoy preocupado por la responsabilidad de los ciudadanos y su implicación para cumplir las normas...

¿Para qué le sirve el verano a un escritor?

Soy primitivo, atávico, de pueblo. Mi madre, que murió, odiaba el invierno y adoraba el verano. Creía como buena mediterránea que solo debería haber una estación: el verano porque era el esplendor absoluto. Le gustaba tomar el sol, bañarse. Para un mediterráneo, el estío es el tiempo de la intensidad absoluta, del máximo resplandor de la vida, del amor pleno, de los días largos, las tardes infinitas. El verano es una celebración vertiginosa de la vida... de ahí que nos invada al llegar.

Es la razón de que España sea invadida en verano.

El verano español es una celebración interminable y por eso vienen aquí los austríacos, los rusos, los belgas, los americanos. A ellos les vuelve loco el grado de intensidad que alcanza la vida en un veraneo español. El éxito turístico de España tiene que ver con esto. En su alegría. España tiene una orilla mediterránea y otra atlántica. Solo Francia es un país de doble naturaleza. A nosotros nos acarician los dos mares. Y algo de eso queda en el carácter español, en su clima.

¿Se escribe diferente en verano o en invierno?

En verano escribo con más alegría porque estás mejor, menos triste. Muchos escritores usan el verano como comodín para esa novela que no acaba. Esta idea de veranos largos, profundos, en los que el mundo se detiene y que vas a usar para trabajar... con esas tardes largas. Es la idea que tengo de agosto. Luego el mes pasa deprisa, pero el calor, esa idea de descanso, de las vacaciones, es consustancial, me interesa. Me encanta.

¿El qué, en especial?

Es un atavismo con una enorme pasión por la vida, tiene que ver con el mar, el aceite de oliva, la paella, el marisco... la española es una cocina excepcional, un estudio sofisticado de la vida, una manera de alcanzar los sentidos corporales. Es un placer vinculado a lo físico, como el baño, la bebida. Es una exaltación del cuerpo.

La comida es uno de nuestros rasgos culturales.

Una comida es fruto de la inteligencia. Un país que come bien es un país civilizado; un país que sabe cocinar es que está diciendo que sí a la cultura, al progreso y el refinamiento. Esto es lo que implica las palabras «civilización» y «cultura». La peor faena que le puedes hacer a un español es darle mal de comer. Hay muchos que se enfadan porque es importante. Pero también es una celebración. Estás indicando una manera de manifestarte y relacionarte con la vida distinta, por ejemplo, a quienes se alimentan de patatas fritas y helados con grasas saturadas. ¡¿Qué es eso?! Nosotros hemos descubierto la paella, los pescados, la almendra para los postres, que es de origen árabe. Comer marisco gallego es una gran sofisticación, es puro goce. Hay antes y después en la vida gastronómica con el jamón de bellota. Eso es pura alquimia.