¡Que vienen “Los europeos”!

Víctor García León muestra en Málaga la adaptación al cine de una de las novelas estrella de Rafael Azcona, protagonizada ahora por Juan Diego Botto y Raúl Arévalo

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Los veranos de Rafael Azcona (1926-2008) por Ibiza debieron ser dignos de ver, aunque, a falta de testimonios gráficos, nos quedan los ecos que fijó en sus textos, pero también esas leyendas que, ahora, Víctor García León («Vete de mí» y «Selfie») dice querer «creer siempre». Como la de que vendió su máquina de escribir para pasar unos días más en la isla o la de que las noches terminaban con dos chicas pegándose a puñetazos por él, que miraba la escena agarrado a su copa. Luego, «hay muchos testigos del paso de Azcona, que te asaltan y te dicen “yo conocía a Rafael”. Fue un tipo muy listo y con energía como para dedicarlo todo al cachondeo y generar bastantes anécdotas». A lo que sí se puede agarrar uno es a la novela que surgió de la propia investigación de Azcona sobre el terreno, «Los europeos».

Título que García León presentó, ayer, en el Festival de Málaga y que «sorprendentemente», dice el director, no estaba filmado: «Si Berlanga no la hizo supongo que fue por problemas de censura, pero al llegar la democracia, el destape seguramente habría arrastrado a la película a hacer algo que no hubieran querido ni Azcona ni Berlanga; se fue quedando y ha llegado hasta aquí como un estupendo regalo», reconoce el cineasta, que afirma orgulloso que al escritor «le hubiera gustado».

El nuevo trabajo versiona, precisamente, la adaptación que hizo el propio Azcona del libro: «Autoadaptó todas sus novelas escritas durante el franquismo», defiende Bernardo Sánchez, responsable del guión y experto en Azcona. «Quisimos captar la médula de la historia, dejarla muy desnuda, casi sin recursos», continúa sobre la elección de qué partes del libro eliminar y donde los productores quisieron mantener a toda costa «el final», explica García León: «Conservar ese cierre que te deja la sensación de “¿de verdad?”. Ese estar más a gusto en la mediocridad de lo que nos gustaría admitir. Hay un espejo en el que es interesante mirarnos y reflexionar sobre por qué estamos tan cómodos en un sitio tan estrecho. No hay conclusión, sino que debemos pensarlo. ¿Por qué nos gusta un país que criticamos tanto?», comenta el director.

Para contar la historia, Raúl Arévalo y Juan Diego Botto se meten en las carnes de Miguel, que se gana la vida como delineante, y Antonio, el hijo tarambana de su jefe, que arrastra al primero a ir con él de veraneo a Ibiza, donde le han hablado de lo fácil que es ligar con europeas. Se muestra así una isla que en los 50 se convirtió en una ventana a la que te podías asomar a otro mundo, a la que venían extranjeros y «donde veías que había otras formas de vivir lejos del blanco y negro peninsular. Y con más libertad sexual, lo que alborotaba a los españoles de la época», explica un Botto que encuentra la similitud de los personajes con la actualidad: «Se parecen mucho a nosotros. Nos ayudan a ver de dónde venimos. Cualquiera puede identificarlos hoy porque todos conocemos a un Antonio y a un Miguel... si no eres tú mismo uno de ellos, que parece que el cuñado siempre es otro». Y es que, resopla el actor, «lamentablemente, en algunas cosas no hemos cambiado».

«Seguimos pensando que los europeos son los otros», se queja Botto de la «distancia mental» que, en palabras de García León, tenemos con los países del norte. «Hay algo que no terminamos de creernos. Parece que arrastramos un pecado original. Todo nos da vergüenza. No nos gusta lo que somos. Tenemos una visión de nosotros mismos inalcanzable, una imagen que te paraliza –argumenta el director–. Le ponemos peros a todo y, al final, nos quedamos en la barra del bar dando puñetazos y pensando que toda la política es una mierda y que nadie va a venir a arreglar nada. Y que “si yo no lo hago es porque no tengo tiempo”. Nuestros Pirineos están ahí –continúa–. No nos sentimos identificados. Los españoles no decimos “nosotros los europeos”. Siempre está ese complejo de inferioridad que lleva a la rabia. Se mezcla la sensación de no estar a la altura con la de ser mejores. Es una convivencia difícil».

Tras la puesta de largo en Málaga, la película se estrenará directamente en internet (Orange TV) el lunes, aunque sin descartar las salas: «Necesitamos que los trabajos se vean», defiende el productor Enrique López Lavigne, decidido a «estar ahí» cuando el consumo vuelva. «Esta cinta merece una sala, pero nuestro objetivo es que la disfrute todo el mundo». «El drama –opina el también productor Jaime Gomá– no es que el cine se vea en plataformas, sino la cantidad de películas que ganan festivales y no pueden verse en ningún sitio».