El parque de atracciones que amenaza a los templos de Angkor

La empresa china NagaCorp LTD obtuvo la aprobación del gobierno camboyano en 2020 para construir un centro lúdico de 75 hectáreas y a 500 metros de la zona Patrimonio de la Humanidad

La zona de Angkor, en Camboya, poblada entre el siglo IV y XV, fue una ciudad de carácter hidráulico por estar repleta de tuberías que atravesaban calles y edificios
La zona de Angkor, en Camboya, poblada entre el siglo IV y XV, fue una ciudad de carácter hidráulico por estar repleta de tuberías que atravesaban calles y edificios FOTO: RICHARD VOGEL ASSOCIATED PRESS

Es incomprensible lo autodestructivo que puede llegar a ser el ser humano. A lo largo de la historia, hemos sido capaces de levantar muros que han sobrevivido como auténticas obras de arte. No obstante, han sido nuestras bombas, nuestras ansias de dinero y nuestros tropiezos por ignorancia los que se han encargado de maltratarlas. Mientras pasamos de largo de, por ejemplo, la inminente desaparición de la Gran Barrera de Coral, o nos olvidamos del fuego que arrasó el Amazonas antes de que el virus amenazara a nuestra especie, hay una empresa china, NagaCorp LTD, que ha tenido las luces suficientes para planificar la construcción de un parque de atracciones en un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1992. Se trata de los templos de Angkor, una candidata a octava maravilla del mundo tallada en piedra arenisca que se ubica en el corazón de 400 kilómetros cuadrados de selva, en Camboya.

Según publica «Le Monde», la idea es construir un centro lúdico, de carácter festivo, gigantesco –de 75 hectáreas, perfectamente comparable a Disneyland–, a solo 500 metros de los templos de Angkor. Y no parecen ser rumores, pues el 12 de mayo de 2020, la empresa china, cuya fortuna se debe principalmente a casinos, ya obtuvo la aprobación por parte del primer ministro camboyano, Hun Sen. El complejo turístico se llamará «Angkor lake of wonder» («Angkor, lago de las maravillas»), y contará con 12 atracciones náuticas, entre ellas un río de 2,5 kilómetros –con barcos y góndolas–, un canal de 500 metros, una piscina de olas, una playa de 5.000 metros cuadrados, un tobogán triple, una cascada, un mercado flotante chino y un parque marino. Una aberración en la que, por supuesto, no faltarán los restaurantes, hoteles y tiendas donde, mientras se descuidan las originales, se venderán copias de estatuillas angkorianas de recuerdo.

Esto produce, por tanto, una brecha entre el lugar sagrado y el proyecto turístico. Una incompatibilidad basada en la capacidad de arrasar que tienen ciertas personas con tal de conseguir poder y que para los expertos es incomprensible. Se discutió el 26 y 27 de enero durante la reunión del Comité Internacional de la Unesco para la Conservación y el Desarrollo Sostenible del Sitio Histórico de Angkor (CIC-Angkor). «El tamaño desproporcionado del proyecto es incompatible con el espíritu de preservación de un sitio único como Angkor», consideraron, alertando del riesgo que supondría en «la imagen de “valor universal excepcional”» de los templos, y pronosticando un impacto medioambiental insostenible.