El primer Valle de los Caídos de la historia

La revista “Antiquity” asegura que un túmulo en Tell Banat, en Siria, fechado hace cuatro mil años, podría ser el primer monumento que una comunidad dedica a sus guerreros muertos

El túmulo que podía ser uno de los monumentos más tempranos a soldados caídos
El túmulo que podía ser uno de los monumentos más tempranos a soldados caídosEuphrates Salvage Projectfigura cortesía del Euphrates Salvage Project

Lo adelantaba la revista “Antiquity” y lo recogía “National Geographic” en España: en el norte de Mesopotamia, en el sitio de Tell Banat, podría hallarse el primer monumento que una comunidad dedica a los soldados que ha perdido en una guerra. Sería una especie de Valle de los Caídos, pero de hace alrededor de cuatro mil años. La prestigiosa publicación británica explica que los arqueólogos están familiarizados con hallazgos de lugares donde se han situado cadáveres de enemigos. Pero lo que no es frecuente es que una ciudad, comunidad o población dedique una obra a los hombres que ellos han perdido a lo largo de una batalla. Y este parece ser el caso.

Una inscripción alude a esa costumbre de realzar a los propios muertos -“Sus cadáveres llegarán a la base del cielo”-, pero hasta ahora no se había encontrado un yacimiento que resultara tan esclarecedor como este túmulo cónico de unos veinte metros de altura dedicado a soldados. Los autores de esta investigación manejan la hipótesis de que “los fallecidos pertenecían a un ejército organizado, con implicaciones más amplias para la administración estatal y la adhesión o resistencia a un nuevo régimen propiciado por tal monumentalización”.

Identidad militar

Las investigaciones, a cargo, entre otros, de la historiadora Anne Porter, sostienen esta teoría, al menos por el momento. Los cadáveres parece que fueron traídos a este lugar desde otro emplazamiento. La disposición de los cuerpos indica que fueron colocados con cuidado y de una manera especial para honrarlos. En “Antiquity” se puede leer que es “un cementerio vertical único excavado en la década de 1990 en la margen izquierda del Éufrates Medio en Siria” y que “proporciona el primer ejemplo posible de tal práctica en el norte de Mesopotamia. Etiquetado como Tell Banat North, este montículo alto y cónico se construyó en al menos tres fases. Los restos fragmentarios de múltiples individuos fueron traídos de otros lugares para ser (re) enterrados en un solo evento, formando la última fase de este montículo. Estos enterramientos secundarios fueron colocados en patrones distintos y marcados por inclusiones mortuorias que sugieren no solo una identidad militar, sino también funciones específicas en la batalla”.

Las excavaciones han sacado a la luz multitud de restos. Es cierto que el estado de conservación de los huesos no es precisamente el idóneo. De hecho, la mayoría de ellos están muy deteriorados. Junto a los trozos óseos humanos también han aparecido algunos que pertenecen a caballos. Este hecho es esencial. De hecho, ha marcado una pista para que los arqueólogos encaucen las pesquisas, entre otros motivos, porque aparecían junto a los de estos adultos. Esto ha llevado a pensar que las personas que yacen aquí enterradas podrían estar relacionadas con los carros de combate que se manejaban en la época y que generalmente eran tirados por estos animales y que, con frecuencia, necesitaban dos personas.

Niños y proyectiles

Junto a los fragmentados esqueletos de adultos que se han hallado, también hay otros que son de niños. Esto ha llevado a dos posibilidades. La primera es que podrían ser chavales encargados de guiar las monturas de estos carros. La otra, que podrían pertenecer a las glebas de un ejército y que se encargaran de lanzar los pequeños proyectiles de barro que se han encontrado en abundante cantidad en esta sepultura. Estos proyectiles son trozos apelmazados de barro, pero duros y consistentes, que abatirían a los rivales. Es un trabajo que los más jóvenes podían hacer perfectamente.

Para los arqueólogos al cargo de estas prospecciones no hay dudas y en sus conclusiones afirman que “los huesos podrían provenir de un antiguo campo de batalla o de un cementerio. Independientemente, fueron seleccionados, arreglados y finalmente monumentalizados con cuidado, mucho después de la muerte. Esa monumentalización comprendió un único evento de construcción a gran escala visible no solo para los residentes de Tell Banat, sino también para los habitantes de este tramo del valle del río y la estepa más allá. Como monumento de guerra, entonces, el Monumento Blanco A fue una señal para una población más amplia”.

Otro de los temas de debate que plantea es el carácter ritual que había detrás de este monumento. Sería religioso, político, de guerra. ¿Qué es lo que se intentaba transmitir con él? Es un agradecimiento a un hecho de armas, lo que aumentaría su significación y diría mucho de unas comunidades que eran capaces de brindar un reconocimiento a sus héroes. Aunque eso supusiera sacarlos de sus fosas primeras y trasladarlos a un lugar más adecuado.