Música

Muere el compositor Luis de Pablo, exponente de la Generación del 51

Autor de bandas sonoras de películas de Saura o Erice, falleció ayer a los 91 años en Madrid

El compositor Luis de Pablo
El compositor Luis de Pablo

Se conoce como Generación del 51 aquella compuesta por compositores nacidos entre 1924 y 1938, grupo que definió en España la música moderna y que hizo visible cuál debía ser el papel de la música respecto a las vanguardias europeas. Entre Ramón Barce, Antón García Abril o Manuel Blancafort, destacó en este grupo un compositor vasco que ayer dejó huérfano al panorama musical español: Luis de Pablo, uno de los principales exponentes de la también llamada Nueva Música, murió ayer en Madrid a los 91 años, según han informado fuentes cercanas a la familia que citan varios medios de comunicación.

Luis de Pablo, creador prolífico, era un compositor vanguardista de música serial y aleatoria, y uno de los máximos representantes de la música contemporánea española, además de Premio Nacional de Música en 1991 y catedrático del Auditorio de Madrid. Perteneciente a la Generación del 51, desempeñó una labor pionera en la difusión de la música culta contemporánea en España y fue el creador del primer laboratorio de música electroacústica en España.

Presidió Juventudes Musicales Españolas (1960-1963), organizó la primera Bienal de Música Contemporánea de Madrid (1964), dirigió con su grupo Alea el primer laboratorio de música electrónica en España, y creó la primera obra musical con el ordenador IBM (1966). Nacido en Bilbao el 28 de enero de 1930, se inició en la música con apenas ocho años en Fuenterrabía (Guipúzcoa). Su formación, esencialmente autodidacta, fue completada en Madrid, y orientada por Maurice Ohana, Max Deutsch y otros. Se licenció en Derecho, también en la capital, en 1952.

Sus primeras composiciones, influidas por Falla, Debussy, Bartók y Mompou, datan de los años 50, y el estudio posterior de la técnica compositiva de Olivier Messiaen, así como la meditación del “Doctor Fausto”, de Thomas Mann, le trasladaron a sus primeras obras vanguardistas, como “Gárgolas” (1953), “Coral eucarístico” (1954), “Sinfonías” (1954-66), “Invenciones” (1955), “Concierto para clavicémbalo” (1956) o “Sonata para piano” (1958), entre otras.

Fue presidente de Juventudes Musicales Españolas (1960-1963), y en esa década compuso “Radial” para 24 instrumentos, “Libro para el pianista” y “Polar”, “Prosodia”, “Tombeau”, “Cesuras” y “Escena”. Representó a España en el Festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea (SIMC) 1967 de Praga, y ese año contrató en exclusiva con ediciones Salabert, de París.

Su composición “Portrait imaginé” (1974-75), por encargo de la Universidad de Ottawa, fue estrenada en octubre de 1984, y algo después de sufrir un infarto; y ese mismo año formó parte del comité para el proyecto de la construcción de la Opera de La Bastilla, en París. Fue elegido miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en febrero de 1989, en sustitución del compositor gaditano José Muñoz Molleda.

Su ópera “El viajero indiscreto”, con texto de Vicente Molina Foix, y primera de una trilogía, fue estrenada en marzo de 1990 en el Teatro de la Zarzuela. Finalista del premio Príncipe de Asturias de las Artes 1990, 1995 y 1996, estrenó en el Festival de Metz su composición “Figura en el mar” para flauta y orquesta, encargada por el Gobierno francés.

Galardonado con el Premio Nacional de Música 1991, representó ese año su concierto “Sueños” para piano y orquesta, en Parma y Bolonia. Estrenó luego la cantata “Antigua Fe” (1992), basada en textos mayas y aztecas, en la catedral de San Isidro de Madrid; y dos meses después “Fábula” para guitarra, en el Auditorio de Madrid, e inspirada en “La fábula de X y Z”, de Gerardo Diego. Con la puesta en marcha del renovado Teatro Real, entró a formar parte en 1995 de la Fundación Teatro Lírico, donde ocupó una plaza de patrono correspondiente al Ministerio de Cultura, cargo del que dimitió con otros patronos en 1996.

Fue autor de la música de unas 26 películas, tan emblemáticas como “Crimen de doble filo” (1964, Borau), “De Cuerpo presente” (1965, Eceiza), ”La Caza” (1965, Saura), “Peppermint Frappé” (1967, Saura), “La Madriguera” (1969), “Los Desafíos” (1969, Erice), “Las secretas intenciones” (1969, Eceiza), “El Jardín de las Delicias”’ (1970, Saura), “Ana y los lobos” (1972, Saura), “El Espíritu de la Colmena” (1973, Erice), “Pascual Duarte” (1975, Franco), “Reina Zanahoria” (1977, Suárez) y “A un Dios desconocido” (1977, Chávarri).

Las redes sociales ya lamentan la pérdida del artista, sucediéndose mensajes de lamento tanto por parte de seguidores de su obra como de políticos. Por ejemplo, el ministro de Cultura, Miquel Iceta, ha publicado en Twitter “Descanse en Paz”, así como un usuario le define como “no solo gran compositor, también parte fundamental en la organización de los Encuentros de Pamplona de 1972. Le recuerdo con mi obra preferida, ‘Libro de imágenes’, de 1990″.