Cine

Lavaine “reforma” el amor de madre

En el nuevo exitazo francés del director, Josiane Belasko debe volver a vivir con su hija

Un fotograma de "Vuelta a casa de mi hija"
Un fotograma de "Vuelta a casa de mi hija" FOTO: Imdb Imdb

Hace ya cinco años, con un guion original, la presencia de Alexandra Lamy y la incombustible Josiane Belasko, el director francés Eric Lavaine reventó la taquilla de su país estrenando «Vuelta a casa de mi madre». El título, argumentalmente explícito, buscaba las grietas de la relación entre madre e hija, obligadas a convivir tras quedar cesante la segunda. En un insólito desarrollo de los acontecimientos, el director no quiso firmar la secuela de inmediato, e hizo esperar a su estudio hasta sentir que, de verdad, tenía una nueva historia que contar. Así, un lustro después, llega a nuestra cartelera «Vuelta a casa de mi hija», otro auténtico fenómeno en el país vecino una vez se estrenó en plataformas y una cuidada vuelta de tuerca al concepto original.

Relación en obras

«Tenía que ser sincero conmigo mismo y también con la audiencia. Cuando uno hace una película que funciona tan bien y tiene potencial para una secuela, lo normal es hacerla de inmediato, pero no quería apresurarme. Empecé a escribir solo cuando mi madre tuvo que reformar su baño y vino a vivir a mi casa», explica el director a LA RAZÓN, sobre la misma tesis que da sentido al filme: el piso de la septuagenaria Jacqueline (Josiane Belasko) debe ser reformado urgentemente, lo que la lleva a casa de su hija (Mathilde Seigner) justo cuando decide, junto a su marido, si poner fin o no a su matrimonio.

Por supuesto, se suceden los líos y las situaciones cómicas, pero siempre desde la elegancia del cine de Lavaine, uno de esos directores que mejor entienden el concepto del cine abierto: «A mí me fascina la comedia que hay en el mundo real, en situaciones que aparentemente no tienen nada de agradable o de esperanzador en ellas. Para los espectadores, quizá pueda ser un poco chocante que utilice medios estéticos o actores clásicos de la comedia francesa y luego no haya ‘’slapstick’' o situaciones obvias, pero me gusta ese juego», confiesta, antes de analizar lo contextual de su filme, esto es, la lectura en clave pandémica de esa convivencia forzosa a la que se vio sometida mucha población: «Durante el confinamiento, a mí y creo que a todo el mundo, lo que menos le apetecía era ver ficciones sobre el virus. Queríamos escapar de esa realidad. La película la escribimos mucho antes, pero sería estúpido negar que algo de esa reflexión pandémica ha inundado el montaje, sobre todo cuando hablamos de una mujer mayor», se despide Lavaine, firmando una disfrutable «reforma» del amor de madre.