El cine español vuelve sobre la Guerra Civil en el Festival de San Sebastián

El certamen donostiarra arranca hoy con dos cintas sobre la contienda fratricida española como platos fuertes: «Mientras dure la guerra», el retrato de Unamuno en el año 36, de Alejandro Amenábar, y «La trinchera infinita», de los creadores de «Handia».

Karra Elejalde caracterizado como Miguel de Unamuno para el filme «Mientras dure la guerra», de Alejandro Amenábar, que compite en San Sebastián
Karra Elejalde caracterizado como Miguel de Unamuno para el filme «Mientras dure la guerra», de Alejandro Amenábar, que compite en San Sebastián

El certamen donostiarra arranca hoy con dos cintas sobre la contienda fratricida española como platos fuertes: «Mientras dure la guerra», el retrato de Unamuno en el año 36, de Alejandro Amenábar, y «La trinchera infinita», de los creadores de «Handia».

Es posible que sea cierto eso de que España no se pone de acuerdo en nada. Pero de ser así, habría una paradójica excepción a la regla: a todos nos encanta discutir, debatir y pontificar precisamente sobre el gran momento de desunión de nuestra historia reciente, la quiebra monumental del 36. Desde que vivimos en democracia no hemos cesado de echar la vista atrás hacia aquella Guerra Civil que, cada vez con mayor ansia agorera, vemos volver en los mimbres del futuro próximo. Todos, de un lado o de otro, tememos, preconizamos, un 36.

A 80 años del fin del conflicto y con el panorama político que todos conocemos – ya resuenan al fondo nuevas urnas –, parece que el cine español ha retomado la senda de la memoria histórica con mayor fruición. Ese tópico de «otra maldita película de la Guerra Civil», tan noventero (ahora, por ejemplo, se han cumplido 25 años de «Tierra y libertad», de Ken Loach), se columbra en el cine español que viene y que se mostrará en el escaparate inmejorable del Festival de Cine de San Sebastián, que arranca hoy y dura hasta el 28 de septiembre.

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Donostia es la guerra. Una contienda fímica en la que dos de sus platos fuertes tienen como punto de partida el alzamiento militar del año 36. Sin duda, «Mientras dure la guerra», de Alejandro Amenábar, es la piedra angular del certamen. El cineasta hispanochileno, a sus 47 años, abandona los géneros (el «thriller» y el terror que tanto predicamento le ganaron cuando apenas era un veinteañero) para dar un giro sorprendente a su carrera.

Amenábar, sí, nos habla de la Guerra Civil, pero lo hace a través de una figura capital e inaprensible de nuestra historia y pensamiento, Miguel de Unamuno. Vista «Mientras dure la guerra», que desde luego retrata el apoyo inicial y la posterior «caída del caballo» del vasco (Karra Elejalde le da vida) hacia el alzamiento, es posible asegurar que el filme de Amenábar trata tanto de Unamuno como del propio Franco y su toma de poder rosselliniana.

Desde el anuncio del rodaje, colectivos como la Asociación Millán-Astray vienen protestando por lo que consideran tergiversaciones históricas, especialmente en torno a la figura del creador de la Legión, ese tipo que se nos presenta jactancioso y sobreactuado de la mano de Eduard Fernández. Hay ganas en San Sebastián de palpar la reacción del público general ante una película que ya, desde antes de ser vista, ha dividido a los españoles. Cómo no.

Harina de otro costal, aunque también arranque con los primeros disparos de la Guerra Civil, en este caso en un pueblo humilde de Huelva, es «La trinchera infinita», que llega silente enmascarada tras la mediática «Mientras dure la guerra» pero, estamos convencidos, puede dar la campanada en los premios de la Sección Oficial. ¿Hablamos de la Concha de Oro? Es posible. Cuando menos, un premio de interpretación para su dúo protagonista, Antonio de la Torre y Belén Cuesta.

30 años bajo tierra

«La trinchera infinita» narra la historia del «topo» Higinio Blanco, basada en hechos reales, un hombre que estuvo 30 años bajo tierra perseguido por sus ideas anarquistas, hasta que la Amnistía del año 69 le permitió emerger a la luz en una España que – en aquel tiempo sí – lo último que quería era recordar los infaustos sucesos del 36 al 39.

Los creadores de «Handia», los vascos Jon Garaño, Aitor Arregui y Jose Mari Goenaga, son los responsables de este inteligente ejercicio de memoria que se cuestiona alternativamente sobre el punto de vista con el que vemos las cosas, el miedo irracional y fantasmal al prójimo y el ineludible paso del tiempo, que arrasa incluso con las ideas más enquistadas.

En San Sebastián tendremos también la oportunidad de ver las primeras imágenes de otro producto que echa la vista atrás, en este caso al más reciente «conflicto vasco». HBO lanzará «Patria», basada en el «best seller» de Fernando Aramburu, el año que viene, pero qué mejor lugar que Donostia, donde transcurre buena parte de la acción, para presentar otra reflexión de nuestro cine (en este caso en formato serie) sobre aquello que hemos sido y hecho en el pasado.

Con una Sección Oficial carente de grandes nombres (aunque sorpresas habrá, como siempre), las distintas secciones del Festival atraerán no obstante a numerosas estrellas internacionales, desde Kristen Stewart a Eva Green, de Tim Roth a Ricardo Darín, pasando por Juliette Binoche, Laetitia Casta, Gael García Bernal y Javier Bardem. Penélope Cruz, Donald Sutherland y Costa-Gavras también estarán presentes para recoger sus sendos premios Donostia.

Más cerca de la paridad

A la luz de las cifras, el de San Sebastián es el certamen de cine más paritario entre los grandes. Solo cuatro mujeres directoras competían en Cannes este año y dos en Venecia, frente a las seis que lucharán por la Concha de Oro en San Sebastián, lo que representa un 35% de los concursantes. Con todo, el debate sobre la necesidad o no de adoptar medidas para garantizar la paridad total (sin privilegiar la calidad del producto independientemente del sexo de su realizador) seguirá latente.