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Un rayo de sol en la Seminci

El festival hace pleno con la proyección de la cinta de Elena Naveriani, de lo mejor visto hasta ahora

Variada programación, disparidad de criterios Comenzamos con la película brasileña “Vomo nossos país (Como nuestros padres)”, de la directora Lais Bodanzky, también co-guionista, una película que no pasará a la historia, impropia de cualquier festival que se precie y que sonroja desde su guión mismo, dado que la pareja joven protagonista, casada y con dos hijas, tiene amantes cada uno por su lado, pero se lo ocultan aunque el espectador lo vea. Un filme para olvidar.

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Este festival tiene, entre sus características, una bastante antigua, que consiste en proyectar un cortometraje a concurso antes del largometraje y que sirve para que una buena parte del público, en la sesión matinal donde todavía es de noche, acceda a la sala después de ser proyectado el corto, que suele superar los quince minutos. Otra, mucho más reciente y un tanto vergonzante, dedica unos minutos a varios spots publicitarios que incluyen, un banco, un vino y un automóvil. En todas y cada una de las sesiones. El segundo largometraje, “made in” Francia-Bélgica, es “Jeune femme/Montparnasse Bienvenue”, de Léonor Serraille, quien firma su primera película, ganadora de la Cámara de Oro en la anterior edición del Festival de Cannes. Una lástima porque es una película: la protagonista no habla, chilla durante todo el metraje. Dos nimiedades a destacar: una, su novio la ha echado de casa al principio del filme, llevándose ella consigo un gato que aparece y desaparece sin que sepamos por qué; dos, ella vagabundea por la ciudad y cambia de vestuario en cada secuencia, como una modelo de alta costura...¿de dónde saca la ropa? Misterio sin resolver. Otra película a olvidar.

La mejor película, con gran diferencia, ha sido la apátrida “Soy un rayo de sol en la tierra”, de Elene Naveriani, cineasta georgiana que debuta en el largometraje. Una buena película, de lo mejor que hemos visto en Valladolid, que combina el universo de las prostitutas nocturnas y callejeras con el mundo sórdido de los inmigrantes africanos. Insisto en que se trata de una buena película, a pesar de que la directora haya quitado el color de la cámara digital para un falso blanco y negro, lo cual dificulta su distribución comercial. Además, como en tantos otros festivales, varios premios honoríficos, Espigas de Oro de Honor para personalidades como Arturo Ripstein, Marisa Paredes, Luis Tosar, Emma Suárez y José Luis García Sánchez, que ha protagonizado una polémica al recoger el galardón y asegurar que “hay que acudir más al cine y menos a las procesiones”.