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Diego Vasallo, expedición interior

El miembro de Duncan Dhu publica en solitario «Baladas para un autorretrato»,un disco intimista y nostálgico con el que aspira a «saldar cuentas o ahorrarme una terapia».

El miembro de Duncan Dhu publica en solitario «Baladas para un autorretrato»,un disco intimista y nostálgico con el que aspira a «saldar cuentas o ahorrarme una terapia».

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Ya lo advierte desde el título. «Baladas para un autorretrato» (Subterfuge) es el nuevo disco de Diego Vasallo (Duncan Dhu) en cinco años y contiene exactamente eso, sus vivencias de estos últimos años. Además, Vasallo (San Sebastián, 1966), presenta una exposición en la galería Modus Operandi de Madrid y acaba de editar «Al margen de los días» (Harpo Libros), un volumen con pinturas, poemas y los textos de las canciones de su disco. «Bueno, siempre me ha dado envidia la gente que sólo hace algo y a eso le dedica toda la energía, porque creo que es mejor y es como se profundiza. Pero las cosas no son como queremos. Hay caracteres más dispersos y yo soy uno de ellos», se lamenta. Para cerrar el círculo de sus actividades artísticas, Vasallo interpreta en directo sus canciones en Málaga (3 de noviembre), Madrid (5) y San Sebastián (20).

Toda esta compulsión literaria, ¿a qué obedece? «Pienso que la creación es un acto totalmente egoísta, sin función ni finalidad. Es una necesidad muy primaria, como tener hijos, que también es un impulso natural de pervivencia o trascendencia. Sin embargo, también creo que, una vez se ha producido, la obra de arte sí que tiene una función posterior y unas consecuencias en la vida de la gente realmente rotundas. Se trata de un pilar esencial de cualquier sociedad y cultura, pero el artista no piensa en ello ni en qué beneficio va a obtener de forma individual o social», argumenta.

De ese impulso primario nacen las canciones de Vasallo, que ya están a la venta en formato físico. «El disco lo tenía ya grabado sin saber si lo editaría o dónde hacerlo. Porque nace de esa necesidad autobiográfica de hablar de las cosas que me suceden. Hay poca ficción en las canciones porque está construido de mirar al pasado y de tratar de comprender», añade.

Quizá por eso lo ha comparado con un vieja trágico al Ártico, nada menos que la «Expedición perdida». «Sí, fue capitaneada por un tal Franklin y resultó ser un desastre. Murieron todos sus integrantes y leí que después les escribieron baladas y poemas sobre la tragedia. Me pareció romántico. Un disco de corte autobiográfico siempre es una expedición a tus recovecos más íntimos», dice Vasallo. ¿Pero es trágico también? «Pues también puede ser un naufragio, claro. Las canciones sirven para muchas cosas, como saldar cuentas o ahorrarte una terapia». El músico define los temas como «más luminosos que los discos anteriores», pero el sustrato nostálgico y melancólico de los textos está hilado por la presencia de la primera persona y la voz rasgada de Vasallo. «A ese respecto, nunca me he considerado cantante ni lo he pretendido. Pero claro, cuando escribes canciones lo natural es que termines cantándolas y, salvo excepciones, uno es quien mejor las encara y matiza. En mi caso las limitaciones son evidentes, pero tampoco he sido un fan de las grandes voces», explica.

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Contra «lo nuevo»

El disco tiene un sonido clásico, con una producción que recuerda a las de T. Bone Burnet. «Hay una cierta compulsión a consumir noticias o canciones o lo que sea. Me rebelo contra eso y también un poco contra el culto a lo nuevo. No sé por qué la novedad es un valor en sí mismo. Si solo es la novedad, el mes que viene no servirá de nada», señala. Hablando de cosas antiguas pero actuales, Duncan Dhu. «Seguimos, aunque en situación extraña. Retomamos el grupo hace tres años, pero no trabajamos con continuidad. Hacemos cosas de vez en cuando, como el disco de 2013, que estuvo muy bien y dos giras puntuales. Unos meses y a otra cosa, esa es la idea. No vamos a retomar con dedicación exclusiva aunque puede que grabemos otro disco», concluye.

Romanticismo actual

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Los tiempos del arte son más elásticos. Seis años sin crear no deben significar que algo está muerto. «Aunque sí en punto muerto –dice Vasallo en referencia a «Lieder», su colectivo artístico-. Hicimos un grupo bueno, con Thomas Canet, Rafael Berrio, Susa Sáiz y Joserra Sanperena. Fueron cuatro excelentes exposiciones como revisión del movimiento romántico del siglo XIX, pasando esa actitud, que era el comienzo de la modernidad, por nuestro filtro actual», cuenta Vasallo, que en el grupo desarrollaba su faceta de pintor. «Deberíamos haber continuado... quizá lo podríamos retomar».