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Pórtico de la Gloria, esto sí es restaurar

Considerada la obra cumbre del Maestro Mateo, el Pórtico de la Gloria ha recuperado su esplendor después de 50.000 horas de trabajos

  • Un detalle de la escultura del Apóstol Santiago en el parteluz del Pórtico de la Gloria, cuyos trabajos de restauración se mostraron ayer
    Un detalle de la escultura del Apóstol Santiago en el parteluz del Pórtico de la Gloria, cuyos trabajos de restauración se mostraron ayer

Tiempo de lectura 2 min.

29 de junio de 2018. 01:47h

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Gema Pajares.  28/6/2018

Conservar sin añadir absolutamente nada. Esa ha sido la máxima que han seguido «ad pedem litterae» los expertos en la restauración del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, considerada como la obra cumbre del Maestro Mateo. Diez años de trabajo y 50.000 horas de restauración para devolver el esplendor que tuvo una vez. Rojos, verdes, azules, amarillos y dorados en tres policromados diferentes: una decoración medieval, una segunda que data del siglo XVI y una tercera, fechada en el XVII. Nos cuesta mirar las tallas y no parpadear ante el impresionante espectáculo que ofrecen las figuras que parecen devueltas a la vida, con las mejillas iluminadas y los ojos muy abiertos, como sorprendidas ellas mismas de lo que han vuelto a ser. Cuesta creer hoy que el agua se filtrara cada segundo por estas piedras milenarias y que el Pórtico que ahora vemos (y que se abrirá al público a finales de julio, una vez se estudien medidas que lo protejan de las avalanchas de turistas que llegan hasta la ciudad en verano) fue durante mucho tiempo gris, oscuro, ausente de tonos, una puerta inmensa en blanco y negro. Dicen los expertos que los restos de color se caían literalmente al suelo cada día y que la intervención, que ahora se presenta con absoluto orgullo, fuera tan necesaria como una operación a vida o muerte. La restauración ha permitido observar la riqueza de la escultura, cómo los cabellos apostólicos son diferentes en cada una de las figuras, cómo el ropaje se retuerce de manera distinta según la postura de los discípulos, cómo los rostros hablan por sí mismos, siempre con la mirada curiosa. La Reina Sofía lo inaugurará el próximo lunes y a buen seguro que sentirá una emoción similar a la que han experimentado los profesionales que han trabajado con absoluto rigor y técnica intachable día a día durante años. Y es que en estos tiempos de intervenciones tan aleatorias como absurdas que acaparan titulares y dan quince minutos de gloria warholiana a unos protagonistas que jamás los hubieran tenido por restaurar a golpe, dicen ellos, de buena fe y de ausencia de técnica, es necesario que resaltemos el esfuerzo ímprobo de quienes han recuperado esta joya del románico europeo, durante años oculta tras andamios y que hoy puede presumir de servir de ejemplo al mundo. Una lástima que ese San Jorge hoy maquillado de Estella y cuyo eco ha llegado a casi todos los rincones del planeta no se dejara tal cual estaba. Una pena también que el «Ecce homo» que situó de nuevo en el mapa a Borja sirviera para sobrellevar a golpe de carcajada las altas temperaturas de hace unos cuantos veranos. Afortunadamente, las joyas de envergadura tienen quienes las cuiden, como es el caso del Pórtico, para cuya restauración se ha contado con la Fundación Barrié, que ha invertido más de seis millones de euros. A la puerta más famosa de la catedral de Santiago le han sacado los colores siguiendo una máxima: conservar sin añadir nada.

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